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La familia de Gabriel Antonio Pérez Martínez, de 10 años, el niño nicaragüense asesinado en Tegucigalpa, Honduras, continúa, esperaba este lunes su ataúd, que podría llegar al filo de esta medianoche.

El niño, que era conocido cariñosamente como “Chimbomba”, vivía en una humilde vivienda, situada en el barrio 5 de junio, en el municipio de Nandasmo, de donde hace aproximadamente una semana salió junto a su papá Raúl Ernesto Pérez rumbo al vecino país catracho para ayudarle a vender alcitrones, un dulce a base de papaya.

Según familiares, el sobrenombre que tenía el pequeño se debía a que siempre estaba muy alegre, no faltaba a las fiestas de cumpleaños a las que lo invitaban y era un bailarín empedernido.

Ricardo Noel Pérez, tío paterno al niño, indicó que no estudiaba porque tenía problemas de bipolaridad y nunca fue tratado debidamente por especialistas privados o del sistema de salud pública.

“Él podía jugar con vos, pero de pronto se enojaba y eso mismo ocurría con la escuela, un día iba y el otro no. Pero era muy querido acá en el pueblo, porque hasta se subía a los camiones repartidores y se iba dar una vuelta por la ciudad”, recordó Pérez.

Comentó que la mamá del niño, María Mercedes Martínez, tuvo que viajar en horas de la noche del domingo para agilizar el trámite de repatriación del cadáver.

Aún no tienen certeza si van a velarlo, ya que desconocen las recomendaciones médicas de Honduras, pero si se pudiera esperan hacerlo por lo menos dos días, ya que los pobladores así lo han pedido. Luego sería sepultado en el cementerio de Nandasmo.

Ricardo Noel Pérez aseguró que desde horas de la mañana del domingo llegaron a dar el pésame estudiantes y profesores al Colegio de Pío XII, así como los familiares y vecinos que conocieron a Gabriel Antonio.

“Como familiares al niño exigimos justicia, las autoridades hondureñas deben de dar con el paradero del o de los autores de este horrendo crimen que ha estremecido a nuestro municipio”, expresó el tío al niño.

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