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Al ritmo de chicheros y el estallido de pólvora fue despedido Gabriel Antonio Pérez Martínez, de 10 años, el niño que fue asesinado el pasado domingo cerca del río Choluteca, en Tegucigalpa, Honduras.

El dolor y el llanto fueron incontenibles en los familiares, amigos y vecinos de “Chimbomba”, como era conocido cariñosamente en el municipio de Nandasmo, al sur de la ciudad de Masaya.

Foto Orlando BarriosRaúl Ernesto Pérez, papá de la víctima, agradeció primero a Dios por el apoyo recibido por hondureños, ya que facilitaron los servicios de una funeraria y el transporte hasta la frontera, en el Guasaule, Chinandega, donde familiares lo esperaron para trasladado a su tierra natal.

“También agradezco al pueblo nicaragüense y a personas que residen en Estados Unidos quienes han estado pendiente de este caso, desde el momento que se dio el hallazgo. Me han informado que existe un detenido, pido el apoyo de todos para que este caso no quede impune, porque mi hijo no merecía morir de esa forma, si era un niño inocente. Pido a Dios fortaleza para seguir adelante”, dijo acongojado el papá.

La misa de cuerpo presente fue celebrada por el padre Jesús Tenorio, párroco de la iglesia San Pedro, patrono de Nandasmo. El cura recordó que el pequeño Gabriel Antonio siempre iba a misa con mucho entusiasmo y alegría.

“Gabriel Antonio era un niño muy alegre y si le preguntamos ahorita dónde está, seguro respondería: ´Acá alegre con los ángeles cantándole al Señor´”, dijo el párroco de la iglesia San pedro.

La familia doliente agradeció todas las muestras de solidaridad de este pueblo, porque desde que se enteraron de la noticia han estado brindando su apoyo incondicional.

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