•  |
  •  |
  • END

“¡No me matés!”, le gritó varias veces Luz Marina Ruiz Uriarte, de 42 años, al líder de la Comisión de Liderazgo Sandinista de Batahola Sur, Juan Bautista Silva, de 49 años, quien ahora está en prisión y a la espera de juicio oral y público por el asesinato de su mujer, a quien por celos apuñaló en el cuello, brazos y abdomen.

Luz Marina Ruiz se rindió a la muerte a las cuatro y media de la madrugada del viernes, luego de 13 días de agonía en el Hospital “Lenín Fonseca”. Martha Ruiz, hermana de la víctima, dijo que su cuñado planeó el crimen, porque antes de apuñalarla, la noche del seis de febrero, cerró todas las puertas de la casa que habitaban en Batahola Norte, y también le roció spray en los ojos.

Aunque el informe médico emitido por los galenos del “Lenín Fonseca” indica que Luz Marina Ruiz murió a consecuencia de las heridas en el abdomen que le dejaron las vísceras expuestas, la familia doliente sostiene que en el cuchillo con el que fue apuñalada el victimario puso una sustancia química. Estas sospechas se fundan en que a Luz Marina, tras la operación, le surgió una infección que no pudo ser combatida ni con los mejores antibióticos mandados a traer al extranjero, según Martha Uriarte.

La muerte de Ruiz Uriarte marca el final de un matrimonio de 23 años que comenzó a “fracturarse” meses atrás, cuando el ex oficial de la sección F2 de la otrora Seguridad del Estado comenzó a darle maltrato a la madre de su hija, de 20 años. Hace tres meses, Juan Bautista Silva intentó matar a su esposa y aunque en esa fecha la Policía llegó al domicilio de la pareja, no se llevaron preso al líder comunitario sandinista.

A la misma hora que los familiares de la víctima hacían los trámites para retirar el cadáver de Luz Marina Ruiz, del Instituto de Medicina Legal, Silva era valorado por un psiquiatra forense por orden de la jueza Segundo Penal de Audiencias, María Concepción Ugarte, porque según su abogado defensor, Julio Morales, representa un peligro para sí mismo, porque tiene problemas mentales.

Una fuente policial reveló que el acusado ha escrito una serie de cartas dirigidas a la víctima, en la que le pedía que retirara la acusación porque “la ama” y quería volver a convivir con ella. Víctima y victimario convivieron 23 años, pero tres días antes de los hechos la madre de Silva lo llegó a traer porque Ruiz Uriarte lo había echado del hogar por razones desconocidas. El acusado volvió a llegar, solamente para “desgraciarse”.

Sin embargo, los familiares de Ruiz rechazan el argumento de la defensa acerca de que éste tiene problemas mentales. “¿Cómo puede ser una persona loca si tiene portación de arma y licencia para conducir?”, se preguntó la hermana de la víctima.

Otra de las razones por las cuales la familia de Ruiz rechaza que éste sea un demente es porque cursó con buenas notas estudios superiores de criminalística en la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS.

De las pruebas que el fiscal Juan Canelo presentó en el juzgado para ir a juicio se desprende que el seis de febrero la mujer y su atacante estaban en su casa, en Batahola, cuando ella recibió una llamada telefónica, lo que molestó a Silva, quien le reclamó y le preguntó ¿quién te llamó?, pero las explicaciones de la dama no lo calmaron.

La mujer buscó su bolso para marcharse, pero el hombre cerró las dos puertas de la casa, se le abalanzó y trató de asfixiarla apretándole el cuello con las manos. Luz Marina forcejeó y huyó a la sala, pero fue neutralizada con gas lacrimógeno, supuestamente.

Después la habría arrastrado hacia la parte norte de la casa, la golpeó a puñetazos y con una navaja de 28 centímetros de largo le dio una primera estocada en el cuello, a la que siguieron una en la mano derecha, otra en el brazo izquierdo, y otras en el tórax y en el abdomen, provocándole una lesión de tercer grado en el colon.

Fidel Ernesto Ruiz llegó a la casa de su hermana, a ayudarla porque los vecinos le avisaron que escucharon que la mujer decía: “¡Mis ojos, mis ojos!” y “¡no me matés!”. Entró por el portón de atrás, justo cuando Silva iba a propinarle una estocada más en la barriga a su mujer, pero su cuñado le gritó “¡No la matés!.

Silva hizo caso omiso a la súplica de su cuñado y supuestamente le dejó ir dos estocadas en el abdomen, pero la ropa lo salvó. El hermano desesperado aprovechó para desarmar de un manotazo a Juan Bautista Silva, cuya navaja quedó a 25 metros de distancia.

Con la ayuda de Peter Ruiz Uriarte, Fidel Ernesto logró esposar a su cuñado para luego entregarlo a las autoridades policiales, que tipificaron el caso como asesinato y homicidio frustrado en perjuicio de Luz Marina y su hermano.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus