25 de diciembre de 2010 | 17:52:00

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Armas artesanales: el “juguete mortal” de los pandilleros


* Desde 2008, el uso de armas artesanales se ha incrementado entre los “jóvenes en riesgo” y por eso el número de fallecidos ha ido aumentando, según investigaciones sistemáticas realizadas por el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp

Fátima Tórrez González | Sucesos

Armas artesanales:  el “juguete mortal” de los pandilleros
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El “juguete” preferido de los grupos delincuenciales es el arma artesanal que se ha convertido en un grave peligro para la población. ARCHIVO / END


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La misa especial del doce de diciembre en honor a la patrona de México, la Virgen de Guadalupe, fue interrumpida por varios sujetos que entraron a la iglesia Católica Santa María Reina, en el barrio de Acahualinca, disparando sus armas artesanales o “hechizas”.

Ese día, después del incidente, hubo una balacera entre dos grupos juveniles y las autoridades policiales que dejó como resultado un fallecido, dos heridos y tres detenidos, aparte del susto que tuvieron los feligreses.

Las investigaciones reflejan que entre 2008 y 2009, la utilización de armas artesanales e industriales en homicidios, asesinatos y robos aumentó en un 60.22 por ciento en comparación con 2006 y 2007, y este año, en los primeros nueve meses, ese porcentaje se mantuvo. Sólo en Managua doce personas murieron en los dos últimos dos meses, por culpa de las “hechizas”.

Un arma artesanal en el mercado negro se puede encontrar en 500 córdobas, aunque hay algunas que se comercializan hasta en mil córdobas.

Este precio es bajo si lo comparamos con los de las industrializadas: un arma automática nueve milímetros cuesta en el mercado negro entre 2,000 y 2,500 córdobas; la escopeta calibre 12 ó 16 vale 4,000 córdobas; un AK-47, 4,500 ó 5,000 córdobas, y la subametralladora UZI, nueve mil córdobas. En las tiendas, éstas armas son costosísimas, pero ni estos ni los otros precios pueden pagarlos los pandilleros, por lo que recurren a las hechizas.

Fabricación

“En las armas hechizas, los delincuentes no utilizan el hierro común, ellos usan los tubos galvanizados de cierto grosor que tienen mayor resistencia que los tubos normales, que se perforan o se recalientan cuando ocurre la explosión de pólvora que impulsa la bala”, manifestó el comisionado mayor Pablo Emilio Ávalos, jefe del Distrito VI de Policía.

Antiguamente había armas artesanales de madera rústica. Un hule la accionaba como si se tratase de una tiradora, pero con el paso del tiempo los “fabricantes” han modernizado sus “creaciones” y ahora tienen armas estilo pistola, revólver y hasta escopetas. Todas éstas utilizan las mismas municiones que las armas industriales.

“Aparejado a la fabricación de armas hechizas, se está originando un negocio pujante: la venta ilegal de las municiones que utilizan las pandillas. Lo que ellos más buscan son los tiros de nueve milímetros, las balas para revólveres 38 y fundamentalmente los cartuchos de escopetas, tanto de calibre 12 como de 16, que es la más utilizada, porque en los enfrentamientos garantiza certeza en el disparo, es decir que pueden herir de una sola vez a dos víctimas, porque los pedigones se dispersan, lo que no sucede con el tiro de trayectoria de bala lineal de una pistola nueve milímetro hechiza, porque va con la fuerza del brazo de la persona que la utiliza. Aunque le dispare al cuerpo de alguien, la bala sale para el suelo”, reveló Roberto Orozco, investigador de Ieepp.

¿Pero dónde encuentran las municiones?

El mercado negro es el mayor abastecedor de las municiones que utilizan “los usuarios” de las armas artesanales. También se pueden encontrar tiros en los expendios de droga y en los sitios donde van a parar las armas robadas a vigilantes. También hay “agentes individuales” o personas corruptas que tienen acceso a armas, quienes luego las venden ilegalmente, según la investigación de Ieepp.

La Dirección de Armas, Explosivos y Municiones, DAEM, de la Policía Nacional detalló que en 2009; 38 armas de fuegos fueron robadas, pero sólo se lograron recuperar cinco. Según las proyecciones, en 2010 esa cifra se superará, porque de las propias bodegas de la Policía fueron sustraídas 17 pistolas.

Diferentes jefes policiales reconocieron que es imposible controlar la fabricación de armas artesanales, porque se realiza clandestinamente, es decir, sólo los pandilleros saben dónde las hacen y quién es su fabricante.

Sin embargo, detallaron que dentro de los operativos de seguridad que realiza la Policía, hay visitas sorpresas a talleres metalúrgicos y chatarreras, precisamente para contrarrestar la fabricación de armas artesanales.

Inspecciones sorpresas

“Los policías siempre vienen al taller a inspeccionar y revisar todo, pero nosotros tenemos nuestros propios controles: aquí ningún trabajador trae a soldar nada de afuera, además controlamos los materiales que se pueden reciclar, como las sierra, que a un maleante bien le puede servir, porque basta que pague cinco córdobas para darle filo y ya tiene una navaja. También puede tomar un pedazo de hierro y con 15 córdobas, darle a hacer la punta y con eso ya puede matar a alguien”, apuntó Walter Matus, responsable del taller de fabricación de mataburros “El Ángel”.

“Puede ser que un aprendiz de soldador esté haciendo trabajos clandestinos para hacer hechizas, porque en el mercado negro pueden conseguir la materia prima, pero en un taller responsable nadie se va arriesgar a que le cierren el local por eso, tampoco nadie se arriesgaría a caer preso por hacer eso”, dijo por su lado Danilo Rodríguez, Gerente del taller metalúrgico “Martínez”, que está ubicado entre los barrios “Maldito”, “Los Balcanes” y “Cristo del Rosario”, “zona roja” del Distrito Dos de la capital.

Estrategia criminal

Algunos dueños de chatarreras revelaron que existe una especie de archivo, donde tienen “fichados” a los miembros de las pandillas de las zonas, a quienes no se les vende ni un clavo.

Por eso, los que fabrican armas artesanales usan a terceras personas para poder obtener la materia prima.

“Aquí vienen en grupos de tres o cuatro hombres a intentar comprar los tubos, pero se les niega la venta para evitar problemas con la Policía. Cuando hay marchas masivas y enfrentamientos, vienen manadas de entre 40 a 50 sujetos a presionarnos para que les vendamos los tubos de dos pulgadas galvanizados, que se usan para fabricar los lanza morteros”, comentó Freddy Francisco Canales, propietario de una chatarrera ubicada en el barrio “Hilario Sánchez”.

¿Cuántas armas artesanales andan en las calles?, es la gran pregunta que se le hizo a la Dirección General de la Policía Nacional, institución que nunca respondió a la solicitud de entrevista que END realizó. Según el Ieepp, por cada pandilla, hay dos o tres armas “hechizas”.

Aunque el Código Penal sanciona con cuatro u ocho años de prisión y 200 ó 500 días multas a quien fabrique este tipo de “juguetes de muerte”, hasta ahora nadie guarda cárcel por este tipo de delito.


El delincuente común no usa “hechizas”


Ernesto Garcia
Las manecillas del reloj todavía no marcaba las nueve de la noche, cuando el menor de los hijos de don Felipe de Jesús Saravia corrió hasta donde él estaba, para avisarle que a su abuelita, su mamá y a sus tías les estaban robando.

Inmediatamente el hombre de 55 años se armó de coraje y de un machete, y sin pensarla dos veces salió a enfrentar a cuatro ladrones. El valiente padre de familia hirió a uno de los maleantes y apedreó a otro, aunque no impidió que se llevaran el botín.

Pero los criminales cumplieron su amenaza y a los pocos minutos volvieron para ultimarlo de dos impactos de bala calibre nueve milímetros.

En el diez por ciento de los ilícitos que ocurren en los barrios del Distrito Tres de la capital se utilizan armas “hechizas”, reveló el inspector Roberto Calero, vocero de la Estación Tres de Policía.

Quienes andan ese tipo de armas son adolescentes integrados a los grupos de jóvenes en riesgo, comúnmente conocidos como pandillas.

“El delincuente común, el que roba bajo intimidación utiliza un arma convencional, porque el arma artesanal tiene un proceso muy lento a la hora de cargar y descargar, lo que no le permitiría huir con rapidez. Además un arma artesanal tiene un alcance de entre 15 a 20 metros y el arma convencional puede ser de tres veces mayor”, señaló el comisionado mayor William Dávila, jefe del Distrito Dos de Policía.

Según los registro de la Estación Dos de Policía, en los barrios de ese distrito se han cometido tres homicidios con armas artesanales. En uno de los casos, la víctima era una de las mismas personas que abastecía de armas y municiones a los pandilleros, informó Dávila.


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