De cangás, congos y mandingas, a ladinos y bozales

Por Rafael Casanova Fuertes*

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Existen criterios en torno a que la entrada de negros como mano de obra esclava sustituta, se extendió de forma generalizada en todo el continente desde mediados del siglo XVI, cuando se eliminó la esclavitud indígena. En verdad, España y otras naciones promovieron el esclavismo africano, basadas en la conclusión de que el negro era más resistente a las epidemias y a los “trabajos fuertes”. Pero esto --como veremos-- fue más pronunciado en unas regiones que en otras. Al haberse determinado el presente año 2011, como el Año de la Afrodescendencia, por parte de la ONU, en el presente trabajo damos a conocer, en términos generales, algunos criterios tendientes a aclarar las proporciones y aportes de la población negra en el Continente, y principalmente en Centroamérica

En Nicaragua-país no existen hasta el momento estudios sistemáticos, o que con la debida profundidad aborden este tema, además de la carencia de estudios antropológicos sobre la composición fenotípica de la población actual. Esto ha influido para que en la mayoría de los casos se ignore la presencia del negro en el  mestizaje del Pacífico, o, por el contrario, para que sobre la base de especulaciones se hagan apreciaciones muy ligeras, en dimensiones totalmente equivocadas. Aunque es evidente, como coinciden la mayoría de los estudiosos, que el aporte principal en la composición demográfica del Pacífico–Centro actual, es el de la población indígena. Pero esta comprobación no puede ir en menoscabo del aporte del negro africano, por mínimo que este sea.

En la historiografía tradicional, y --como veremos-- desde antes de la Independencia, en los mismos mecanismos coloniales existió la tendencia a borrar esta presencia, debido, principalmente, a que el origen africano estuvo ligado a la esclavitud, es decir, al estrato más bajo de la sociedad colonial. A pesar de ello, la esclavitud doméstica tuvo como resultado los inevitables cruces entre imponentes amos blancos con negras y mulatas. Un pringue que no pueden evitar en sus rasgos físicos --a pesar de su alarde de superioridad racial-- algunos de los descendientes de los criollos ricos, convertidos hoy en grandes empresarios, et al.

Esta situación ha incidido para que --salvo excepciones-- no se profundice en una definición antropológica o delimitación fenotípica, como lo han hecho otros países, hasta con estudios del ADN. El camino para encontrar una solución son los estudios sustentados en métodos científicos, y en criterios no solo basados en la historia, sino en disciplinas como la antropología, para rebasar las especulaciones que se han planteado al respecto. (Véase: El Nuevo Amanecer Cultural, 4 de julio de 2009).

 

El origen de la población negra
La población negra la dividían las autoridades coloniales en dos partes: los negros ladinos y los negros bozales. Los negros ladinos eran los nacidos --o que habían vivido-- en la Península Ibérica, comprados en las ferias de Lisboa, de Sevilla, de España y de las Canarias. Aunque, desde la dominación árabe, hubo una introducción muy importante de esclavos berberiscos y negros, pero estos últimos habían sido llevados  principalmente por comerciantes portugueses al incrementarse el comercio esclavista y asentarse la dominación lusitana en el continente africano durante el siglo XV. Se distinguían de los bozales porque habían asimilado o conocían las costumbres y cultura (religión, idioma etc.) de los peninsulares. Algunos historiadores calculan en 100,000 la población esclava en España. Los negros ladinos, por sus características, fueron objeto de preocupación desde los inicios de la dominación colonial, por el “mal uso que le podían dar a su conocimiento”.

Por eso, en Cédula Real expedida en Sevilla el 11 de mayo de 1526 se prohibió el traslado de negros ladinos a las colonias, salvo licencia particular de la Corona. Dado de que se trató de impedir “la  situación de la Isla Española”, como lo refleja el texto del mencionado documento: “Por cuanto soy informado que a causa de llevar negros ladinos (…) a la Isla Española, los peores y de mas malas costumbres (…) ellos imponen  y aconsejan a los otros negros mansos (…) y han alzado e ydose a los montes…” (Molina, 2000, Tomo X, p. 312).

Es decir, que los negros ladinos a través de su vivencia más cercana en los centros de poder del sistema esclavista, estuvieron en capacidad de conocer con más amplitud la crueldad e injusticia del mismo. Siendo, por tanto, más propensos a elaborar mecanismos de resistencia, incluidos la huida a los montes y la rebelión; afán en el que involucraban a los negros bozales recién llegados del África, como lo expresa claramente el mismo texto: “Porque los tales bozales son los que sirven y están pacíficamente obedientes y los otros ladinos los inducen a que se vayan e alcen e hagan otros delitos…” (Molina Argüello, 2000, Tomo X, p. 312).

Por esa misma época, las autoridades españolas, conscientes de la rebeldía abierta y latente que se manifestaba en las poblaciones indígenas sobrevivientes, procuraron por todos los medios evitar que mulatos y negros se relacionaran con los primeros, como lo dice claramente esta Cédula Real del año de 1578: “presidente y oydores de mi Audiencia real dela provincia de Guatemala, por una mi cédula fecha en veynte y cinco de noviembre del pasado de setenta y ochos emvié a mandar tuuiésemos mucho cuydado de prohibir y defender que no anden ni estén en compañía de los indios, mulatos, mestizos y negros…” (Molina Argüello, 2000, Tomo X, pp. 309-310). Estas medidas no impidieron, a lo largo de la dominación colonial, la mezcla de esclavos negros --principalmente de varones-- con indígenas y mestizas, dada la desproporción entre los hombres y las mujeres traídas del África. La mezcla dio origen a las distintas entremezclas, denominadas indistintamente: castas, pardos y ladinos, por las autoridades coloniales.

Los negros bozales. Estos eran los esclavos cazados directamente o comprados a intermediarios en sus lugares de origen. Provenían de diversas parcelas de África que forman parte de los actuales territorios de: Cabo Verde, Guinea, Santo Tomé, Dahomey, Sierra Leona, Gambia, Angola, Minas (Costa de Oro), Nigeria, Mozambique y el Congo.

Estaban diferenciados entre sí por sus orígenes y culturas diferentes; se habla de más de doscientas etnias, entre las que se pueden mencionar: jelofes, mandingas, susus,  ashantis, yorubas, fulas, blafadas, wolof, cangás, congos, mozambos, carabalíes, angolas, fartis, etcétera. La mayoría  de ellos eran musulmanes, otros de diversas creencias y prácticas  animistas. Entre los más comunes de estos cultos, estaban: el Palo Mayombe y el de la Osha, que trasladados a América, se convirtieron --en sus distintas variables-- en las  populares prácticas de Santería, Candomble, Macumba y Vudú.

A los bozales se les sometía a un violento proceso de imposición de la cultura y sistemas de creencias del mundo Occidental, orientado sobre todo contra los islamitas. En esta dirección, la Corona restringió totalmente el paso de esclavos berberiscos que provenían de la región del África del Norte, para impedir que se mezclaran con los negros musulmanes, como lo refiere una provisión de noviembre de 1550, para que se recogieran todos los esclavos y esclavas de origen berberisco o hijos de ellos, y enviarlos de inmediato a España para evitar, según las autoridades, que “no se pueda sembrar y publicar en ella (América) la secta de Mahoma ni otra alguna en ofensa de Dios nuestro señor. (Molina Argüello, 2000, Tomo X, pp. 355-356).

Población negra en América y su proporción por regiones
Las cifras sobre la cantidad de esclavos traídos de África varían. Entre los estudiosos se habla de 60 millones. Otros especialistas consideraron esta cifra como muy exagerada, por el movimiento abolicionista que surgió en los siglos XVIII y XIX. Esto se basa en el hecho de que, tanto en la captura como en el traslado hacia América y hacia otras partes del mundo, se calcula que perecían cuatro de cada cinco. En otros cálculos, se habla de la muerte de un esclavo en la captura y travesía por cada uno que llegara a su lugar de destino. Una de estas fuentes concluye que la importación total de esclavos anduvo, entre 1650 y 1860, por entre 10 y 15 millones. De estos correspondieron y llegaron con vida 4 millones y medio al Caribe, 5 millones al Brasil, 300,000 a Europa, 500.000 a las Trece Colonias inglesas y al resto de colonias españolas de América. (http//: Wilkipedia/ArchivoEsclavitud.las cifras de la trata)

En una descripción más específica, y en coincidencia con estas cifras, un estudioso calculó que, entre 1492 y 1820, hacia la América Española se importaron por región las siguientes cantidades: México: 200 mil, Cuba: 702 mil, PuertoRico: 77 mil, Santo Domingo: 30 mil, Centroamérica: 21 mil, Colombia, Ecuador y Panamá: 200 mil, Venezuela: de 121 mil a 700 mil, Perú: de 95 mil a 300 mil, Bolivia y Río de la Plata: 100 mil, Chile: 6 mil. (http//: Wilkipedia/ArchivoEsclavitud.las cifras de la trata).

Como es notorio, la mayor proporción de esclavos estaba destinada a regiones como el Caribe, Brasil y algunas áreas de la Costa Atlántica sudamericana; mientras que hay regiones como Mesoamérica y el extremo meridional de Sudamérica, en donde la importación de mano de obra esclava fue más escasa. Esta distribución estuvo determinada por diversas circunstancias: primero, porque la región del Caribe Antillano fue la primera en ser afectada, desde 1492, por el exterminio casi total de la población indígena, al extremo que desde las dos primeras décadas del siglo XVI se inició la importación de mano de obra esclava negra, como sustituta de la primera. Por tanto, con las licencias reales, después de las leyes nuevas, la sustitución se produjo de manera total.

Mientras, en otras partes los procesos de conquista fueron más tardíos (Mesoamérica 1520-1530; las regiones andinas 1532, 1533, 1575), prolongándose en algunas situaciones hasta finales del XVI. Las Leyes Nuevas, a mediados del siglo, sustituyeron la Encomienda, y con ello la esclavitud  indígena en todas las colonias españolas; lo que influyó para que, relativamente, se preservara la población nativa sobreviviente como principal fuerza productiva.

La esclavitud negra en Centroamérica
Esto explica el hecho de que en México y en Centroamérica la población autóctona --aunque golpeada por los procesos de conquista, los trabajos forzados y las epidemias-- logró sobrevivir a la catástrofe demográfica y constituirse --después de las mencionadas leyes-- en la mano de obra servil en los procesos productivos. Esto implicó que los esclavos de origen africano llegaran en menores cantidades que otras regiones. Por eso en Centroamérica esta proporción es casi 10 veces menor que en México; 28 menos que Cuba, y 250 veces menos que Brasil. Otro elemento que es pertinente tomar en cuenta es la naturaleza de las actividades en las cuales se requería de mayor cantidad de esclavos. En las colonias del Caribe (Cuba, Haití, Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica y las Antillas Menores) y Brasil, se desarrolló una amplia economía de plantaciones  basada en el cultivo y en el procesamiento de productos como el café, la caña de azúcar y el tabaco, además de la explotación minera; actividades que requerían de gran cantidad de brazos.

En Centroamérica, actividades como el cultivo y procesamientos de colorantes, la ganadería y otras labores, fueron asumidas en su mayoría por la población indígena. La esclavitud en Centroamérica fue --salvo el caso de Honduras, en los yacimientos minerales-- más doméstica. Finalmente, es válido destacar que al darse la independencia de España, la mayoría de los nuevos estados proclamaron la abolición de la esclavitud desde la década de 1820, mientras que en regiones como las Antillas Españolas y Brasil, la trata continuó y aumentó en vastas proporciones hasta la década de 1870, debido a la demanda de productos agrícolas, como el café en el Mercado Internacional.  

La escasez de población esclava en Centroamérica la comprueban distintas fuentes. El cronista Vásquez Espinoza, en su visita a Guatemala, capital del Reino de Guatemala, hizo, entre otras, la siguiente referencia: “tiene 1.000 vecinos españoles, sin muchos esclavos negros, y mulatos y muchos indios de servicio. (Vásquez E., 1948, p. 11).

Coinciden distintos historiadores en señalar que la tendencia de que en la parte  Suroeste  de Centroamérica (El Salvador, Honduras Nicaragua y Costa Rica), la predominancia indígena va disminuyendo en beneficio del mestizaje. Hacia los años de la Independencia, Centroamérica tenía un millón de habitantes; de estos, más del 60% residía en Guatemala. De este total se puntualizaba un 57.5% de indígenas, un 37.5% de mestizos y un 5% de españoles (Pinto Soria, 1993, pp. 309-310). Es válido señalar que los términos ladino y castas se acuñaron en Centroamérica para incluir a mestizos, indios desarraigados, zambos,  mulatos, entremezclas y libertos, en un solo bloque.

En 1804, el Gobernador de Honduras informó que de un total de población de 128,863, un 61% eran ladinos; 27%, indios; un 4.3% era de negros; el 6.5% era de blancos. En  El Salvador, según un informe de 1807, se señalaba que 53% era mestizo y mulato; un 43% era indígena, y el 2.9% era de blancos. Para Nicaragua y Costa Rica esta fuente no tiene datos específicos sobre los componentes étnicos generales, dado que los informes fueron incompletos. Basado en estudiosos de la demografía como Van Oss, Pinto Soria hace una descripción de la composición de los principales centros urbanos en 1800, en la que no incluye la población de las comunidades indígenas predominantes en las áreas rurales.

Contabiliza en Granada 863 españoles (12.9%), 5 mil 675 castas (68.9%) y 1,695 indios (20.6%). En León había 1,061 blancos (14%), 6,366 castas (84.1%) y 144 indígenas (1.9%). Cartago, en Costa Rica, tenía 632 blancos (7.6%) y 7,705 castas (92%); San José, por su parte, contaba con 1,976 blancos (23.7%) y 6,350 castas (76.3%). (Pinto Soria, 1993, pp. 87-89).

Pinto Soria (1993, p. 87) explica que “para esta fecha la gente de origen africano no era considerada en términos numéricos lo suficientemente importante para hacer de ellas un grupo aparte, precisamente, porque para ese entonces formaba parte de la población ladina.

 

CONCLUSIONES
Los aportes de la población afrodescendiente en el continente americano son sustanciales en regiones como el Caribe, Brasil, litoral Atlántico de Sudamérica, etc.; y en algunas partes son el principal componente demográfico (Haití, Jamaica, Antillas Menores, etc.); razón por la cual son determinantes los elementos de origen africano en el arte, la cultura, la idiosincrasia y los sistemas de creencias y prácticas religiosas de estos pueblos. De igual modo, los núcleos de afrodescendientes tuvieron un peso cultural muy importante en otras partes de la geografía, tales como el Sur de los Estados Unidos y las costas del Atlántico de Centro y Sudamérica. Es evidente que en partes del Pacífico y del interior del continente, incluida Centroamérica, la presencia africana fue más atenuada. En general, las futuras investigaciones se deben basar en estudios de registros de ingresos desde el siglo XVI hasta el XIX, y, además, recurrir a ciencias como la antropología, o estudios de ADN, para evitar las especulaciones.

 

Bibliografía básica y otras fuentes.
Casanova Fuertes, Rafael. “Mitos y realidades: la afrodescendencia  en el Pacífico de Nicaragua”. El Nuevo Amanecer Cultural, 4 de julio de 2009).
Curtin, P.D. The Atlantic Slave Trade a Census (Madison University of Wisconsin, Pres. 1969) Citado por: Pinto Soria,  Julio César. El Régimen Colonial (1524-1750). En: Historia General de Centroamérica, II tomo, Flacso. Madrid, 1993.
Molina Argüello, Carlos. Monumenta Centroamericae Histórica. Tomo X. Banco Central de Nicaragua. Managua, 2000.
Pinto Soria, Julio César. El Régimen Colonial (1524-1750). En: Historia General de Centroamérica II tomo, Flacso. Madrid, 1993.
Van Oss, A.C., “La población de América Central hacia 1800.” En: Anales de la sociedad de geografía e historia de Guatemala. Nº 55 pp. 291-311, 1981.
Vásquez Espinoza, A., Compendio y descripción de las Indias Occidentales. Washington D.C. Smithsonian Institution,1948.
(http//: Wilkipedia/ArchivoEsclavitud.las cifras de la trata).

* Rafael Casanova es investigador de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua.  

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2013-03-01

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