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Conocí a Rafael “Payo” Vargarruiz un 17 de julio, 9:35 pm.en las instalaciones que ocupó Producine, hoy el Instituto Nicaragüense de Cine, mañana un pequeño y aislado centro comercial.

Sabía de él por leonés, y por “Señorita”, que él mismo define como “la primera película nicaragüense experimental y de autor” en Nicaragua.

Fue a esa hora en que celebrábamos la huida del último marine de la infantería estadounidense, cuando las sombras no parecían tales y hasta los rincones más oscuros se iluminaban como al encenderse los focos gigantes de los estadios, cuando lo vi inclinarse, a Rafael, ante sí mismo, y comenzar sus dubitaciones, las dubitaciones del susodicho, ese mismo día por la noche, ese 17 de julio, con Gardel. No puedo decir que no las hubiera tenido antes. Conociéndole, podría asegurar que sí, pero no puedo dar fe de ello sin comprometer mi memoria.

Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente. Con “Aquel 17 de julio con Gardel o las dubitaciones del susodicho ese mismo día por la noche”, Rafael saltará, y nos hará saltar, hacia su tiempo cuántico, atareado en la rumiación del tiempo y de sí mismo que representará José Arias, sin poder dormir esta puta noche que le cortará el alma como una sierra corta en lágrimas la madera virgen de nuestros bosques, como a nosotros.

Poseedor de una abundante producción cinematográfica y audiovisual, transfigura sus actores: Evelyn en el capullo edípico que fue Berta Gardés, la madre de Gardel. Evelyn Gardés, Berta Martínez, soñando la infancia de Carlitos, tarareando a la Piaf.

Trama

Aníbal Almanza preocupado porque Salvador no quiere dejar el escenario. Esos dos preocupados, uno por que Salvador no quiere dejar el escenario, y el otro porque no deja de ser Gardel, aunque lo desee con toda su alma, ya perdida en la de El Morocho del Abasto. 

Almanza sabe que José Ignacio Cabrujas escribió para el teatro “El día que me quieras” porque su madre, la de Cabrujas, Matilde Lofiego, no pudo asistir al evento con Gardel en Caracas, por la prohibición que le impuso su marido. Pero ello no impidió que Pío Miranda, el socialista, para mejores señas, gritara sobre las tablas: Está bien, señores... se acabó... vayan a vislumbrar a sus madres... ¡se acabó! Tengo diez años aquí... con el almuerzo al mediodía... No es mi culpa... no me cabe el país... me lavo las manos... 

Es 17 de julio, y Rafael Vargarruiz sabe que conduce solo por la avenida de la vida, pero no se empeña en negarlo porque piensa que es mejor irse solo que mal acompañado al otro lado de la luna. Porque no hay amor sin muerte. Sin que una parte de nosotros, no sé cuál, muera, cuando amamos, para volverse Amor, con mayúscula. “…el día que me quieras florecerá la vida, no existirá el dolor”. 

¿Serán todos trucos de la edición cinematográfica? ¿La iluminación nos habrá confundido? ¿Lo que veremos en pantalla es un sueño? No nos llamemos a error creyendo que todo es ilusión, porque todo es real. No hay imagen –ni teoría- independiente del concepto de realidad, enseña Hawking, que cuando enseña no padece de esclerosis lateral amiotrófica.

Hoy es 17 de julio.  ¿Quién me saca de allí? Por ello, todas las imágenes que veremos están contenidas en nuestra historia, en la historia de Nicaragua que es historia de la Revolución. Las dubitaciones de Rafael tienen un contexto, pero no como pasado, sino como presente, porque sus dubitaciones son actuales, son de hoy como lo fueron de ayer.

Son las 9:35 pm y la función todavía no termina. Qué importa, de todas maneras salimos mañana a Medellín. Al encuentro de nuestro destino. Y después, ¿qué?

17 de julio

Carlos cantando la letra de Alfredo Le Pera mientras el avión se funde en una amorfa masa de hierros y tendones, un 17 de julio, 9:35 pm, como hoy. La aguja del cristal sobre el vinilo… ¡todo, todo se olvida!... ¡el día que me quieras no habrá más que armonía!... ¡florecerá la vida, no existirá el dolor, el día que me quieras!... Y Carlos volando hacia la eternidad.

Rafael Vargarruiz es, sobre todo, fiel a sí mismo como crítico, guionista, productor y director de cine, como ser humano. Y no es cosa fácil ser fiel a sí mismo. Y menos hoy, 17 de julio,  9:35 pm. Es fiel a sus maestros, a sus influencias cinematográficas y literarias. Diré que Vargarruiz hizo síntesis, otra vez, en su afán de consumirse y renovarse. 

Siendo hora de concluir, diré que estamos frente a un filme magnífico. Son buenos los actores, guión, escenarios, iluminación, sonido, cámara, fotografía, edición, lo que se dice y lo que se calla, lo que se expresa y lo que se sugiere. Y es bueno que en nuestro país encontremos amigos del arte cinematográfico que desafíen lo fácil y relamido. 

Rafael Vargarruiz, al dudar, nos coloca frente a nuestras propias dudas. No hay duda, empero, de que lo hace desde la realidad histórica, a las 9:35 pm, con Gardel: la del pueblo que echaba abajo una época vil, dando paso a la del tiempo de la Esperanza,  en la que habitamos.

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