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Agonía en la isla (2011) es uno de los más frescos textos narrativos publicados últimamente por Douglas Carcache. Si no me equivoco, el más reciente fue la reconstrucción testimonial (o bien, amplio reportaje con sesgos literarios) de una histórica rebelión anti-somocista de 1960 titulada Los rebeldes de noviembre (2013), escrita en coautoría con Eduardo Duque Estrada.

Periodista y escritor, Carcache es también autor de los libros de cuentos Jueves de verano (1991) y El designio (1994). En este último la crónica periodística llega a mezclarse con el relato ficcional y el testimonio para descubrir, y descubrirnos, ciertos ángulos ineludibles de la realidad cultural y política del Caribe nicaragüense.

Aparentemente, Agonía en la isla es su primera novela, y en ella bulle una serie de tópicos de visible importancia para la sociedad cubana actual.

Teniendo en cuenta su dimensión y estructura podríamos decir que en esta novela Carcache da muestras de suficiente dominio del oficio novelístico y de cierta voluntad minimalista, en el sentido de su tendencia a economizar recursos o medios de expresión lingüística, así como la búsqueda de precisión en el orden estructural y la ausencia de excesivos ornamentos literarios.

En un breve prólogo el periodista y editor Jorge Dalmau subraya con acierto que Carcache ha logrado su propósito literario con una admirable economía de rasgos; dibujando con pocas y bien colocadas pinceladas una vívida impresión de la atmósfera que se respira en el contexto narrado, así como de la dramáticamente afectada psicología de los personajes.

En efecto, Agonía en la isla está construida con austeridad, sencillez y precisión, lo que evidencia un sentido funcional de la estructura por parte del autor. Son 22 capítulos relativamente breves, como escenas o secuencias de un filme de largometraje, cuyos fragmentos conforman el todo, y, aún con la aparente desviación de los constantes flashback o traslaciones de tiempo y espacio, en perspectiva conforman el sentido general del relato.

El primero es el único que se desarrolla en Miami, cuando el personaje Cintia, militante comprometida de la Juventud Comunista de Cuba, hija de un alto funcionario del Ministerio del Interior, es rescatada en una playa de Pine Key tras haber salido en balsa de la isla y haber permanecido los últimos días a mar abierto, prácticamente agonizante, junto con una familia de paisanos migrantes.

El primero en sorprenderse por su llegada es su novio Santiago, de quien se separó dos años atrás, cuando él también se aventuró a cruzar el mar con destino al exilio. "Ella nunca lo haría", pensó. El dramático reencuentro se explica mejor y devela sus detalles en un capítulo posterior, en el que ambos dialogan sobre sus diferencias de opiniones ideológicas y Santiago, pese a su prometedora condición de destacado estudiante de medicina, decide marcharse.
Cuba
El resto de capítulos transcurren en Cuba. En ellos se desenvuelve el resto de la trama, que tiene como telón histórico de fondo la crisis cubana del año 2006, cuando en el ambiente de la isla se sentía ya la inminencia de eventuales y dramáticos cambios socio-políticos, y la enfermedad del presidente Fidel Castro aún se comentaba entre rumores y especulaciones.
Los personajes y sus dramas particulares otorgan un sentido más amplio, en el sentido histórico y humano, a la generalidad del relato.

El periodista Rómulo, padre de Santiago, preso por divulgar noticias en internet relacionadas con la vinculación de militares en el mercado negro de alimentos, sostiene una relación humana y políticamente ambigua con su carcelero Abel. A Lorena, su esposa, le sucede algo parecido en su relación con Cintia, su nuera, a quien culpa por el destino de exilio que irremediablemente sufrió su hijo Santiago. Odalis, Elisa, Elvira, Lázaro, Felipito, los periodistas Julio Montejo y Arilo Páez; incluso los altos funcionarios Ignacio Liranza y Antonio Regueiro, constituyen un micromundo que en general representa el universo estamentario de la sociedad cubana de inicios de siglo XXI, en la que los cambios políticos se presentan a través de un horizonte que, aunque esperanzador, se muestra lleno de incertidumbres.

Conflicto ideológico

Sin embargo, los personajes que han llamado más mi atención en esta novela son Rómulo y Cintia, cuya actitud final se define tras un acontecimiento político relativamente paradigmático ocurrido en la isla en el año 2006, desencadenado por una trifulca callejera en el Malecón de La Habana, cuando un grupo numeroso de ciudadanos actúa en defensa de tres pescadores detenidos por la fuerza pública.

En sus dudas e indecisiones fundamentales ambos personajes, en mi opinión, prefiguran lo que para Octavio Paz son los profundos sentimientos contradictorios que han provocado en la historia (particularmente en los seres humanos), la prolongada influencia de las revoluciones.

"¿Qué ha sido hasta hoy la revolución?", se pregunta Cintia, antes de saltar inesperadamente a una balsa que la conducirá a un destino incierto, con la cabeza aún llena de dudas. La observan con asombro y estupor Rómulo y Lorena. Ella dispuesta, pese a la edad y las enfermedades, a seguir su ejemplo. Sin embargo él, aunque ha sufrido las penurias de la cárcel, en el último momento también duda, y finalmente decide quedarse.

Como periodista, Rómulo no solo pretende ser testigo del desenlace final de la historia cubana contemporánea, sino también escribirla. Es su historia, quiere contarla él mismo. Lo que menos quiere es leer ese final escrito por otros.

Douglas Carcache logra en este libro no solo un acierto estrictamente literario, en el sentido del uso de los recursos técnicos o los procedimientos narrativos, sino también en el de la ficcionalización de un drama histórico contemporáneo.

Si sus personajes, como suele suceder en la ficción, han sido construidos a partir de arquetipos reales (lo mismo que la realidad fehaciente del contexto histórico), entonces esta novela tiende, como en otras obras suyas anteriores, a emparentarse con el ejercicio periodístico. Quiere dar cuenta, con pretensión de objetividad pero con inevitable subjetividad (y haciendo uso de los mejores recursos literarios), de la verdad.

No sé si lo ha logrado. Como ya he dicho: ni en literatura ni en periodismo existe la objetividad absoluta.

* Escritor y periodista.

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