•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Una segunda edición del libro Rubén Darío y las nuevas teorías acaba de publicar Carlos Midence, con un nuevo prólogo de la crítica y académica costarricense María Amoretti, y un nuevo capítulo que según la misma Amoretti subsume o intersecciona, a través de la apropiación del concepto de hibridación, las tres visiones de Darío que se planteaban en la primera: el así llamado Darío poscolonial, el “bajtiniano de la cultura popular” y el Darío periodista, que en mi opinión es, por profuso, el más auténtico.

El doctor Erick Blandón y Midence tienen el mérito en Nicaragua de ser los primeros en haberse acercado a nuestro ilustre paisano recurriendo a todo un instrumental proporcionado por las nuevas o relativamente recientes matrices teóricas de la cultura: las del Poscolonialismo y los Estudios Culturales Latinoamericanos.

Lo reconoce Freddy Quezada en el prólogo a la primera edición. Ambos prologuistas ponderan la voluntad teórica de “redescubrir” a un Darío que, al menos desde mi modesta perspectiva, sigue siendo el mismo escritor contradictorio y ecléctico de siempre. Es verdad que, como dice Quezada, la obra de Darío reclama nuevos modos de enfocarla, y que en efecto Midence trata de inscribirlo en las coordenadas de estas ya no tan nuevas teorías.

También es cierto que, como subraya Amoretti, estos instrumentos de análisis cultural nos permiten examinar desde más amplios ámbitos (entre ellos el de la historia moderna y la problemática de las civilizaciones) la herencia colonial y ciertos significados ocultos de nuestra historia. De hecho, nos permiten entender la colonialidad como un elemento constitutivo de la modernidad; incluso el mismo libro de Midence nos permite valorar la relativa eficiencia de las nuevas teorías críticas latinoamericanas.

Pero esa relativa eficiencia delata una insistente atención al problema de la representación y de la cuestionable violencia constitutiva del lenguaje o la escritura del colonizador, y una tácita despreocupación por la compleja imbricación entre las formas de expresión artística (en este caso el lenguaje) y el pensamiento y la condición humanas en sus complejas relaciones con sus contextos históricos.

Creo que todo intento de interpretar o reivindicar, en cualquier sentido, el sustrato ideológico en el pensamiento de Darío, implica el examen de todo un instrumental prosístico desplegado con un propósito de ruptura no solo desde las derivaciones multidisciplinarias de la vieja interpretación latinoamericana del marxismo y de la teoría de la dependencia, sino también desde la perspectiva de las formas literarias y las técnicas periodísticas.

Muchos se han ocupado ya de las diversas significaciones apreciables en el abordaje del mundo, la cultura y el pensamiento americanos en la obra de Darío. Sus textos han sido examinados a la luz de una idea general relacionada con la complejidad de la “perspectiva mestiza americana del  mundo” y con la exploración de los componentes diversos de esa indefinida y elusiva identidad; aunque muchas veces en contraste con sus otras exploraciones más “universales” o propiamente europeas.

Pensamiento

La verdad no creo que el pensamiento dariano haya sido, como quizás se pretende desde esta nueva perspectivas teóricas, uniformemente antiimperialista o expresamente libertario o descolonizador. En la obra de Darío pervive una especie de eclecticismo ideológico, una amplia y honesta visión de lo ético y lo social, así como una noción de identidad cultural con frecuencia oscilante, pero enriquecida con el conocimiento de las potencialidades latentes en los múltiples componentes de la llamada multiculturalidad americana.

La sustentación de una idea de identidad basada en el mestizaje y la pluriculturalidad como procesos cambiantes en permanente construcción, constituyó, en efecto, una constante insoslayable en su discurso literario. Esa sustentación está soportada en nuevos postulados surgidos, tanto de la emulación con Europa, como de nuestra propia y compleja realidad cultural.

Una serie de hechos históricos y geopolíticos trascendentes, a finales del XIX, acentuaron en Darío cierta conciencia de búsqueda de un sustrato común a las culturas latinas. El pan-latinismo, como corriente de pensamiento preocupada por buscar las raíces de la identidad latinoamericana, rondaba con frecuencia su pensamiento. Era inevitable entonces que esas preocupaciones también influyeran el rumbo de sus disquisiciones ideológicas.

Pero en sus diferentes y aparentemente contradictorios discursos, tampoco se percibe un alejamiento radical de diversos funcionamientos ideológicos europeos. Darío procuraba conciliar las ideas y postulados que consideraba los mejores entre los diversos sistemas ideológicos al alcance de su percepción intelectual. Eso implicaba un esfuerzo de síntesis que pudo llevarlo a una particular propuesta ecléctica. Implicó también un proceso dialógico o polifónico (en el sentido que dio M. Bajtín a la interactuación de discursos o ideas antagónicas en un texto) aparentemente contradictorio.

Discurso

Bien podemos encontrarnos en su obra con diversas huellas discursivas. Con frecuencia algunas activan la memoria de otras antagónicas, produciéndose zonas de conflicto y ambigüedad que constituyen lo que teóricamente ahora se conoce como polifonía, dialogismo o intertextualidad. El hecho de que la mayoría de su prosa haya sido desplegada principalmente en periódicos, permite comprender la dimensión de su concepción literaria como práctica social.

El mérito de Darío radica no solo en haber trascendido literariamente su época, sino también porque lo hizo debido al espíritu libre con el que absorbió diversas escuelas, por la sinceridad de su pensamiento, por haber expresado sus inclinaciones, gustos, tentativas y limitaciones con absoluta fidelidad a sí mismo, y por haber desarrollado, a lo largo de la evolución de sus ideas respecto a lo ético, lo estético y lo social, un eclecticismo auténtico.

Resulta significativo un punto que Amoretti reconoce como destacado en la propuesta de Midence: la originalidad dariana fue ambivalente. No comparto su idea de que la “mentalidad diferente” de Darío, que ella misma califica como “típicamente colonizada”, haya sido usada conscientemente como “arma de combate”; pero sí creo con ella (y con Midence) que Darío cambió entre nosotros el concepto de cultura, que pregonó culturas poliversas, “que en lo nuestro hay mucho que no es nuestro y que por tanto la sobada pureza del eurocentrismo es solo un mito”.

 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus