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Hablar de Guillermo Cortés Domínguez implica poner los ojos en un periodista, editor, estratega de la comunicación y profesor universitario originario de Jinotega, aunque se encuentra prisionero en Managua desde hace muchos años, una ciudad que aún no logra asimilar.Guillermo Cortés.

“Cuando vine a Managua era espantosa, lo sigue siendo, el calor es insoportable, quisiera vivir en el frescor de Jinotega. Aquí he hecho mi vida, pero no me he acomodado, de manera que si pudiera lo más pronto posible me iría a Diriamba o a Jinotepe, donde hay un clima fresco, ese es el sueño que compartimos mi esposa y yo. Queda cerca de Managua, son ciudades pequeñas, se puede vivir más sanamente, pues toda ciudad mayor a 300 mil habitantes, dicen los urbanistas, no es una ciudad sana”, compartió.

Cortés Domínguez es un escritor tardío. Escribió su primera novela en el año 2007 aunque asegura que debió iniciarse en las letras desde que tenía 12 años,  pues el profesor Víctor Maradiaga les pidió una composición  para la patria y le gustó tanto la de él que lo seleccionaron para leerla ante los alumnos de primaria y secundaria, algo que le resultó incómodo porque era penoso, introvertido y miedoso.

“Fue una señal categórica de que si me dedicaba a escribir podía hacerlo, pero no lo hice, por eso me convertí en un escritor tardío. Reconozco que inútilmente pasé tratando de escribir poesía y nunca resultó”, compartió.

Decisión

Su primera novela le llevó 20 años, pero no escribiéndola sino víctima de su falta de voluntad, empeño, dedicación y disciplina, “yo quería escribir mi novela y no ponía el empeño necesario, hasta que en el 2005 sintió que debía tomar una decisión, porque si no lo hacía más adelante él mismo no soportaría ese vacío.

“Estuve pensando mucho en eso y me ayudó bastante. Tenía 48 o 49 años y sabiendo en esos días que Umberto Ecco escribió su primera novela a los 50 años me animé. Finalmente puse todo el esfuerzo, subordiné la voluntad a la decisión de escribir la novela, que logré hacerla rápido, quería sacarme un montón de ideas de la revolución, quería hablar de eso”, señaló.

En el año  2009 publicó Huérfanas de la Guerra y El oráculo de la emperatriz en 2011,  antes con una microfinanciera publicó un gran reportaje sobre la guerra del Frente Occidental Rigoberto López Pérez, titulado “De León al Búnker”.

Su última obra es “El lienzo infinito”, novela con la que participó  en la convocatoria del certamen María Teresa Sánchez, del Banco Central de Nicaragua, y ganó el segundo lugar.

Esta novela habla sobre la extinción del libro de papel un hecho ante el cual Cortés Domínguez se muestra optimista porque “no resultaron las previsiones negativas, las ventas de libros impresos no siguieron disminuyendo y el libro digital ha no aumentado sustancialmente. Lo que se miraba como un final inmediato se ha alejado. Hay un respiro para el libro impreso, pero se nota una tendencia hacia lo digital”.

El argumento

El tema es el fin del libro impreso en el mundo ante el desarrollo tecnológico y el avance del libro digital. También influye el desprestigio en que ha caído el libro impreso, agravado por el descubrimiento de que un virus mortal hiberna en libros antiguos chinos. Se trata de la lucha de un grupo de jóvenes de varias naciones que se organizan  en decenas de ciudades de todo el mundo, y que tratan de impedir la debacle del libro físico.

Un joven chino, Wang Yuanlu, viaja durante dos años como polizón en varios mercantes, hasta que el último barco naufraga frente a las costas de Nicaragua, llegó a nado a la costa de arenas blancas con una pequeña maleta, y convivió durante casi un año con varios grupos indígenas de la costa Caribe de este país.

Casi un año después, Wang llegó a Jinotega, la capital del departamento, donde hizo amistad con Amanda Gadea, la directora de la pequeña biblioteca municipal donde aprendió rudimentos de lectura y escritura en español. Se hicieron amigos, y Amanda lo llevó a vivir a su casa, donde el joven chino se convirtió en un miembro de la familia. Trabó amistad con Sebastián Blandón, el marido de ella, y fue cautivado por la hija de ambos, Violeta, de dos años, con quien jugaba, le contaba cuentos, y se convirtió en su “Tío Juan”.

Pasan los años y Violeta y Won Jei (los hijos de Amanda y de Wang Yuanlu) perciben que los avances tecnológicos están arrinconando al libro impreso, investigan y sistematizan valiosa información sobre cierres en todo el mundo, de fábricas de papel, de imprentas, bibliotecas públicas, editoriales y librerías, y un cambio drástico en el modo de ser, sobre todo en los jóvenes, debido a los teléfonos móviles y las tabletas electrónicas, y la multiplicación exponencial de la digitalización de libros.

El libro impreso se convierte en un juguete que despedazan los niños sin que se inmuten los adultos.

Finalmente uno de los padres de Violeta se muere por el virus que estaba en un libro que Yuanlu les dio a guardar y ella reflexiona, y se dice que el libro impreso todavía no va a desaparecer, pero, aun en esa extrema posibilidad, si eso llegara a suceder mientras ella viva, no desaparecerán los lectores, y esto es lo que importa, porque cuando estos desaparezcan, si eso fuera posible, entonces sí habrá que preocuparse, porque desaparecerá el mundo.

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