Ivet Cruz
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El día marca su propio afán. Escucho sonar el teléfono. Dibujo un andar pausado y visualizo una silueta salir de la cocina para contestar el teléfono. Un saludo de buenos días escucho al otro lado de la línea. Son apenas las seis de la mañana y puedo garantizar que ya ha puesto a los pies de Jesús Sacramentado los proyectos de vida de cada uno de sus hijos y de cada uno de sus nietos.

Hoy es el Día de la Madre y sólo me atrevo a inclinarme ante el Creador para darle las gracias por darme una madre que ha cuidado de Janet, Ethel, Napoleón, Margine, Delis, Cristóbal y de mí, con verdadera entrega y total vehemencia.

Hoy mis manos, vacías y temblorosas, se deslizan en una hoja de papel, depositando en él  todos los sentimientos y pensamientos que una hija agradecida pueda sentir por una madre que ha dado todo su amor, tiempo y espacio.

Gracias madre por hacer de tu mundo, nuestro mundo. Gracias madre porque has antepuesto tu propio dolor al dolor de tus hijos; gracias madre por no desmayar ante las grandes vicisitudes de la vida y disimular tus propias tristezas y tu propia congoja para hacernos sentir felices y evitarnos tantos y tantos sinsabores en esta vida.

Gracias madre por sostenernos día a día y cuidarnos noche a noche; gracias por no permitir que nos derrumbemos en cada una de nuestras flaquezas y  debilidades y ser cómplices de cada uno de nuestros proyectos; tu ejemplo de lucha, tenacidad, sabiduría y bondad ha sido el más vivo ejemplo y más preciado regalo de Dios.

Así pasan las horas, se deshojan las tristezas, se transforma la vida en una nueva esperanza, allá al fondo, con diáfana tranquilidad, puedo sentir la tibieza de su alma que me acompaña todos los días; es su calor y su amparo el que me cobija todas las noches y a la distancia, puedo sentir su compañía al caer la noche y al despertar el alba.

Y en este íntimo mensaje de amor y en el silencio de la Oración, mi corazón se ensancha y le pido al Dios de Amor que me regale muchos años más con mi madre y que el “buenos días mami” de este día se repita una y otra vez.

¡Dios bendiga a mi madre, Aminta Suárez Castillo!

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