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Sin lugar a dudas, mucha agua ha corrido bajo el puente desde aquel 6 de febrero de 1916, fecha en la que Rubén Darío partió hacia la desconocida dimensión existencialista que tanto le inquietó y que plasmó en sus versos, no obstante, su obra sigue siendo una vertiente abierta de aguas frescas para los estudiosos y críticos.

Y fue precisamente el “Encuentro internacional Rubén Darío en el centenario de su muerte” la vitrina perfecta para conocer los novedosos estudios de la obra del bardo realizados por prestigiosos profesionales de diversos países, los cuales fueron condensados en “Mas es mía el alba de oro”, la memoria recientemente presentada por la Asamblea Nacional, cuya edición estuvo bajo el cuidado del doctor Jorge Eduardo Arellano.

En este texto nos referiremos únicamente a las conferencias magistrales que inician con “Vocación y práctica diplomática de Rubén Darío”,  en la que el doctor Jorge Eduardo Arellano  propone que la diplomacia fue muy atractiva para Darío y la trata como una especie de vocación secundaria potencialmente útil para su tarea de  escritor, sin embargo, asegura que resultó algo más que eso y lo afirma sobre la base del texto titulado “La diplomacia”, escrito por Darío a sus 16 años, en el que el aún adolescente hace gala de sus conocimientos en la materia, demasiado adelantados para su corta edad.

Resulta interesante el recorrido que Arellano realiza por cada una de las misiones diplomáticas del ilustre nicaragüense. Finalmente, el  autor propone que “al ejercitar la diplomacia, Rubén Darío realizó uno de sus ideales de vida -complementario a su carrera de escritor-, pero no plenamente, sin apuros lamentables como en el caso de su misión ante Alfonso XIII. Ello no autoriza, sin embargo, sostener que haya sido un diplomático malogrado. Al contrario: llegaría a ser la más notable personalidad que Nicaragua ha lucido ante el mundo”.

Periodista y cuentista joven

Rocío Oviedo Pérez de Tudela, de la Universidad Complutense de Madrid, centró su ponencia en el papel de Darío como periodista. Ella va más allá de enumerar los diarios para los que trabajó y nos presenta una radiografía de lo que fue su experiencia con las revistas Mundial y Elegancias, oportunidad en las que vio no solo la posibilidad de obtener ingresos, sino también la de “dirigir una publicación bajo el sello del modernismo”.

A pesar de que Mundial fue un éxito como publicación bellamente cuidada, los problemas llovieron por la falta de pago a los grandes escritores que le colaboraron. Sin embargo, Darío siguió en el proyecto y  Oviedo Pérez  de Tudela ofrece al lector un recorrido exhaustivo por el peregrinar de Darío en esa “aventura” periodística.

Por su parte, Armando Vargas Araya expuso acerca de los meses que Darío vivió en la vecina nación de Costa Rica. Entre la detallada cronología de la estancia nos encontramos con que el poeta publicó en los diarios de San José al menos once cuentos.

Los Raros

Alberto Paredes, de la Facultad de Filosofías y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México,  dictó la conferencia magistral “Un ramillete: el olor de la juventud”, en el que nos presenta a un Darío como cuentista joven.

“Los estudiosos han rescatado para beneficio de nuestra lectura y reflexión, una serie considerable de cuentos que el autor no incorporó a ninguno de sus libros. Tenemos 15 cuentos y prosas que van desde sus primeras letras hasta el momento límite de la aparición impresa de la segunda edición de Azul…”, señala Paredes.

Los Raros: la biblioteca del mundo y el segundo descubrimiento de América  fue el tema que ocupó al argentino Rodrigo Caresani, quien mostró preocupación por el hecho de que ya hace 60 años se realizó el último proyecto exitoso de obras completas de Darío.

Caresani centró su intervención en dos preguntas básicas: ¿Cómo lee Darío a esos escritores, que en muchos casos, está dando a conocer por primera vez al público hispanoparlante?
“Las entradas tradicionales a esta cuestión han encontrado en Darío al viajero importador  por antonomasia, una suerte de aduanero que le vende a los lectores de La Nación  esas mercancías extranjeras que tanto ansían… Si Martí en tanto espectador crítico de Nueva York revela las zonas amenazantes  del progreso, los costos y los sufrimientos humanos que impone la modernidad, la crónica dariana no sería más que el reverso”.

Su segunda interrogante es hasta qué punto se puede hablar de una perspectiva latinoamericana en Los Raros.  Jorge Eduardo Arellano comentó en su informe académico que Caresani cerró con broche de oro al releer Los Raros como la biblioteca literaria de su tiempo y nuevo descubrimiento de América, superando la concepción tradicional que lo reducía a “objeto de importación cultural”.

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