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Los cuatro lectores y amigos del poeta Álvaro Urtecho que aquí escribimos hemos recibido comentarios orales sobre su ausencia en el panorama literario nacional, pero yendo más a fondo observamos que esa aparente ausencia es en verdad presencia. Lo recuerdan poetas, pintores, actores, periodistas y exalumnos,  por su sapiencia, modestia y la respetuosidad que guardaba a otros autores y tendencias.Rodolfo Sánchez Aráuz.

Hemos decidido dar a este libro el título de Presencia de Álvaro Urtecho, confirmando así la actualidad y la luz revolvente y creciente de su Poesía Reunida con el título de Tumba y residencia (año 2000).

En nada objetable el orden poema a poema, libro a libro personalmente hecho por el poeta en esta seria y sólida publicación del año 2000, que contiene sus cuatro primeros libros, Cantata Estupefacta y otros poemas (1986), Esplendor de Caín (1974-1991), Cuaderno de la Provincia (1976-1994) y Auras del milenio (1995-2000).

Varios años después y aquejado por una grave enfermedad, Álvaro Urtecho nos entregó su último libro Tierra sin tiempo (2007).  Es decir que en los primeros lustros del siglo veintiuno, ya en el tercer milenio se sintió la Presencia de Álvaro Urtecho y desde Cantata Estupefacta (1986) veintiún años de presencia activa.

Hoy en 2015 bueno es recordar que Iván Uriarte, doctor en Letras de la Universidad de Pittsburg, dijo que estos cuatro primeros libros de Urtecho:   “dan la medida del quehacer fundador de una vena poética existencial y reflexiva sobre la esencia del ser, insólita en la poesía nicaragüense contemporánea y enraizada en sus mejores momentos, a la poética dariana”.  Punto y aparte: son palabras para el mármol.

Iván Uriarte nos entrega especialmente para el libro Presencia de Álvaro Urtecho un estudio intenso y crispante: Dylan Thomas y Álvaro Urtecho, el primero Galés 1914-1953 y el segundo Rivas-Nicaragua 1951-2007.  Uriarte llama a su investigación “Dos poéticas aparejadas con la muerte”, escrita en Managua octubre-noviembre 2010.  Tendrán los lectores a través de una penetrante y excelente prosa y versos nada comunes, un movimiento de imágenes no solo conectadas a la muerte, sino también a la vida intrauterina o prenatal de cada uno, las muertes de Álvaro, las resurrecciones constantes de ambos.

Iván Uriarte captó a fondo los libros Death and entrances (Defunciones y nacimientos) de Dylan Thomas y de Álvaro Urtecho, Tumba y Residencia, para darnos un valioso resultado que sella la alta Presencia de Álvaro Urtecho en el panorama literario  nacional y centroamericano.

Ahora volvemos al comienzo del ensayo Dylan Thomas-Álvaro Urtecho para ver el delicado tema del relevo.

Iván Uriarte, el de los Bordes Profundos (Premio Nacional de Poesía Rubén Darío 1999) nos dice:  “Los poetas como las formas magmáticas de la creación, emergen siempre frente a la luz o la oscuridad del mundo”.  Los pueden separar años o milenios, mas “alguien tiene que asomarse a ese paisaje vasto para vislumbrarlo”.  Ese alguien tiene que encontrar analogías, conjunciones, disyunciones, unciones, porque los poetas se relevan, afirma Iván Uriarte y “ese relevo solo es compatible en la arquitectura solitaria de la palabra”.

En Dylan Thomas (1914-1953) y Álvaro Urtecho (1951-2007) el relevo, la continuidad textual es el verdadero encuentro.  Conjugan su verbo “en el morir de uno y el nacer del otro” y así “en el final-inicio de un camino, una ruta poética de trazos claros clarividentes, profundos, metafísicos y físicos”.  He aquí la Presencia de Álvaro Urtecho.  

El siguiente participante es Erick Aguirre Aragón, quien aceptó con entusiasmo derivado de largos años de conocimiento personal y directo del recordado poeta y del respeto que siente por su obra, por lo que presto nos entregó su ensayo “Tiempo de Canto y Ceniza”.  Erick, como afectuosamente le llamamos, es autor versátil y prolífico en variados campos: periodismo, novela, crítica literaria, libros de ensayos y poesía.  Erick Aguirre obtuvo en el 2009 el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío.  Al siguiente año, con tan solo 49 años de edad, fue incorporado a la Academia Nicaragüense de la Lengua, segundo caso de edad temprana en esa institución.

Al entrar en materia, Erick Aguirre afirma que Álvaro Urtecho (1951-2007) no pertenece a la corriente poética nicaragüense objetivista, coloquialista, llamada exteriorista.  Más bien pertenece a la contracorriente.

Erick nos dice que Iván Uriarte, el mayor conocedor de la obra de Urtecho, encuentra en ella, diseminada en su extensión, una constante voluntad de autobiografía interior donde el encuentro con la muerte y el viaje como búsqueda de la totalidad cósmica, son las constantes que ontológicamente sitúan al hablante poético frente a su alteridad y confirman la obra de Urtecho como una de las expresiones líricas más puras de la moderna poesía nicaragüense y centroamericana.

Erick Aguirre incursiona después sobre el objetivismo (exteriorismo) que ha prevalecido en Nicaragua, afirmando que también las expresiones del subjetivismo, la excentricidad, el simbolismo, han contribuido a dar forma al corpus poético nicaragüense en el Siglo XX y que la modernidad comprende tanto la cambiante actualidad como el aspecto cualitativo de los nuevos contenidos con la evolución social.

Aguirre encuentra que en la representación del acontecer vivencial del sujeto en el intento de individualizar la obra, de recuperar rasgos pasados e ilustres, de retroceder, rescatar, reponer, recomponer, es donde Álvaro Urtecho reivindica la libertad postmoderna, imbuida de subjetividad.   Observa que entre los poetas contemporáneos de Nicaragua, Urtecho es de los mejor dotados para la nada fácil elaboración del poema de largo aliento.  Es muy alto el logro alcanzado en Cantata Estupefacta (1986).  Supo medir Urtecho desde el comienzo del poema la capacidad de crecimiento y los límites de sus proporciones, y acabó por construir un poema destinando a trascender en un mundo que ha atisbado la aurora de un nuevo milenio desprovisto de sus más esenciales valores.

Desde la Cantata hasta la mayoría de libros suyos posteriores: Esplendor de Caín (1994), Cuaderno de la Provincia (1995), Auras del Milenio (2000) y Tierra sin Tiempo (2007), la poética de Álvaro Urtecho parece consistir en definiciones identitarias o existenciales profundas.  Rechaza los moldes tradicionales del conocimiento (esos que falsifican lo esencial y se renuevan a cada instante en cada época).

Erick Aguirre afirma que el poeta “se detiene, revisa y desenmascara; hace una sombría valoración de todo lo que ha sido  y lo que somos (lo que es y ha sido el mundo) para emerger siempre en la búsqueda de un tiempo en donde las cenizas pueden elevarse y volver a cantar”.  Así brilla la Presencia de Álvaro Urtecho.

El tercer participante en el nuevo libro Presencia de Álvaro Urtecho es el estudioso y joven escritor Dagoberto Avendaño Rivera, nacido en Rivas en 1986.  Es licenciado en  Filología y Comunicación.

El ensayo que nos presenta Dagoberto lleva como título Álvaro Urtecho o la Tumba y la Palabra. Una clara demostración de cómo está repercutiendo entre los jóvenes intelectuales la poesía de nuestro muy recordado poeta.  Es verdaderamente encomiable que este investigador de tan solo veintiocho años haya sustentado para obtener su grado universitario, una tesis cuyo nombre es más que elocuente: El legado estético del romanticismo en Cantata Estupefacta de Álvaro Urtecho.

Dagoberto ha impartido Cátedra en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y en la Universidad de Ciencias Comerciales (UCC).  También fue miembro fundador del grupo literario EROS.  La obra de    Dagoberto Avendaño se encuentra aún inédita, pero no escapa al observador atento y criterioso y más aún, a los que trabajamos destacando la Presencia de Álvaro Urtecho.

Ahora vayamos al ensayo que nos ocupa,  Álvaro Urtecho o la Tumba y la Palabra.  Dagoberto señala desde el inicio el valor sustantivo que tiene su obra en Nicaragua y cómo su último libro publicado antes de su muerte, Tierra sin Tiempo, “cierra una de las producciones poéticas más destacadas dentro del ámbito nacional” y en comentarios de diarios y páginas culturales “se le subraya como una de las voces más sobresalientes de nuestra lírica”.

Dagoberto da mucho peso a la fuerza interiorizante que señalan el maestro laureado Iván Uriarte, el académico y multifacético Erick Aguirre y el escritor Edgard Benavides Mora.  Es enfático el joven Avendaño Rivera al afirmar que con Tumba y Residencia (Poesía Reunida) año 2000  “el poeta rivense legó una obra poética cuya unidad y concisión son parte de sus mayores cualidades”.  Se refiere a Cantata Estupefacta (1986),  Esplendor de Caín (1994), Cuaderno de la Provincia (1995), Auras del Milenio (2000) y finalmente Tierra sin Tiempo (2007).

Por otra parte y en opinión de varios observadores, es notorio que Álvaro Urtecho se mantuvo al margen de la poesía predominante en los años 70, tiempos de poesía pragmática, de contenidos político-ideológicos y con temas sociales.  Cita Dagoberto la muy autorizada opinión de Sergio Ramírez, quien dice que Álvaro se muestra en sí, con el don de enlazar la nostalgia de los recuerdos a una escritura lírica de inventarios precisos y evocadores de sus retablos verbales.

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