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La identidad de los pueblos tiene una doble vertiente, la nacional que atañe a todo un país, y la local, que interesa a los ciudadanos de un departamento, barrio, municipio. Entre las costumbres, tradiciones, gastronomía, onomástica y toponimia, que dan identidad a una determinada población, la conciencia indígena es un eje transversal, la esencia de su ser, tanto individual como colectivo.

Nicaragua tiene en su nombre y en sus lugares la vigencia de la toponimia aborigen. Indicios reales de los pueblos que habitaron antes de la llegada de la cultura española. La más abundante toponomástica es de origen náhuatl, mangue, chorotega, matagalpa, miskita, mayagna. Esta es una rica fuente de sentido, esconden la historia y la cosmovisión de quienes la construyen. 

Una rama importante de la toponimia, la histórica, estudia la historia de los nombres e incluye su proceso de cambio de nombre, que puede ser fonético, fonológico, morfológico, es decir, por motivos lingüísticos, o por la necesidad de cambiar el nombre entre los usuarios. Así, la experiencia, la cultura y la lengua ofrecen diversos procedimientos para denominar los lugares. Esto no ocurre por simple traslación, sino que en la mente del hablante operan esquemas de acción intencionales causantes de la toponimización: analogía con otros sitios, recuerdo de situaciones vividas por los sujetos, mandatos divinos, en fin, una serie de aspectos significativos que afectan al ser humano, motivándolo a dejar en los sitios, una memoria externa de sus actuaciones y vivencias. 

Sin embargo, debido a la influencia europea, las lenguas, costumbres, maneras de ver la realidad y muchos nombres de sitios fueron cambiados por esa cosmovisión cultural. En el caso de los sitios, los procedimientos para operar esa sustitución van desde la imposición de topónimos por desconocimiento de la nueva lengua, imposición de un nombre influenciado por la nueva creencia religiosa o la corrupción de la toponimia por la imposición de la lengua dominante. A la par de esos fenómenos externos, también ocurren fenómenos internos que operan a nivel del sentido de las palabras y por tanto de los nombres de los lugares. 

En Nicaragua, varios estudiosos de la geografía de nombres han hecho valiosos aportes. Carlos Mántica, uno de los más importantes, dice “que nos permite reconstruir, hoy, la sucesiva distribución de razas y culturas en nuestro territorio a lo largo de los siglos”. 

Este artículo sobre el topónimo Acuespalapa trata de reconciliar la historia antigua de un ente vivo, como este río ubicado en el municipio de Villanueva, en el departamento de Chinandega, con la cosmovisión actual de sus pobladores.

Acuespalapa tiene la particularidad característica del náhuatl, lengua aglutinante que tiene la cualidad de formar palabras agrupando en un solo término el sentido y estructura de varias palabras o frases completas. Sin embargo, ya se ha hecho una reconstrucción de la toponimia en cuestión. Si bien todos los estudiosos coinciden en relacionarla con las lagartijas y los lagartos cuajipales, ninguno encuentra en las raíces que constituyen el zootopónimo, la relación con la palabra también náhuatl guapote (cuapoztli, despuntado ). Se hace alusión a este nombre aborigen, porque en los años noventa se dio por sentado que el nombre del río es ‘Aqueslapa’ corrupción de Aquespalapa y su significado “Río que tiene mucho Guapote”, los cuales como se demuestra en este estudio, son errados y atentan contra la memoria histórica del municipio.

Alfonso Valle, lo interpreta: “Atl-agua, cuezpal-lagartija, xpan-adverbio de lugar. “En el agua de lagartijas”. Jaime Íncer, Aquespalapa o Acuespalapa es una palabra de origen náhuatl de las raíces: “acuespal – apa “río de lagartos”; o río de lagartijas”. Mántica (1989, P 227) señala que la etimología correcta de Acuespalapa es: Acuezpal-apa: De acuezpal (lin) lagartija, lagarto, apan, río, agua alineada. “Río de Lagartos”. Dávila Bolaños coincide con esta interpretación. Río que nace en la cordillera de Salale, entre las ciudades del Sauce y Estelí”.

Considerar el carácter aglutinante de la lengua náhuatl y atreverse a realizar un ejercicio de reconstrucción del sentido del topónimo acuepalapa no solo pasa por seccionar el término en sus raíces constituyentes, sino realizar una reconstrucción del sentido basada en una interpretación intuitiva de su relación sintáctica. Así, con base en el Dictionaire de la Langue Nahuatlou Mexicane, se logra realizar el siguiente análisis, considerando una nueva propuesta, que incluye la sintaxis: Aquespalapa. Acuespalapa. A-cuespal-apan. a-, a, s. usado en comop. por atl, agua. cuespal-, cuetzpalli (cuetzpal), lagartija (lagarto/glotón). –apa, apan, cf. atl. agua, pero también se considera adverbio de lugar. Con todos estos elementos constitutivos se puede reconstruir la siguiente traducción: “cerca o en el agua hay lagartijas y lagartos”, luego el imaginario colectivo lo transforma en Río de lagartijas o lagartos, mediante el mecanismo de la metonimia el continente por el contenido (río-continente / lagartijas o lagartos-contenido).

Con el ejercicio lingüístico anterior, se aclara que el nombre originario del río de Villanueva es Aquespalapa. Este se deriva del zootopónico acuespalapa. Además de la comprobación de naturaleza lingüística, también se pueden buscar argumentos, que la respaldan en la familia de topónimos de la misma región. Así, un nombre que confirma la existencia del nombre del río es Guansapo (de cuauh-árbol, zapotl-zapote), cerro próximo a la vera izquierda del río.

En otro ámbito, la tradición oral recoge testimonios que refuerzan los argumentos desarrollados. Es el caso de la narración oral realizada por el profesor Antolín Avilés, quien expresaba que para 1967 se inauguró uno de los tres cines, que existieron en el municipio, con el nombre de Aquespalapa. También, los pobladores oriundos de más de sesenta años, y que fueron estudiantes del profesor narran como este insistía en enseñarles a conservar el nombre original del río.

Pero la falta de una indagación seria, en documentos especializados, y la realización de entrevistas a personas desconocedoras de la historia de Villanueva han dado paso no solo a los errores antes indicados, sino que se ha llegado a la eliminación del nombre aborigen del afluente, y se ha sustituido por ‘Río Hato Grande o Villanueva’. Es posible que la fuente haya confundido el topónimo de la hacienda Hato Grande, que fue dado al puente que pasa sobre el Aquespalapa, y por una motivación maniquea incurrió en el error. 

Todos los planteamientos escritos hasta aquí solo tienen un fin: rescatar la memoria histórica del municipio de Villanueva, reivindicando al Acuespalapa su sitio en la memoria y cosmovisión de sus pobladores actuales. 

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