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Cinco estrellas es el título de la nueva novela escrita por ese fino caballero que es el doctor Francisco Mayorga.

El título alude al distintivo del rango de general de división que habría sido otorgado a don Anastasio Somoza García sin haber hecho carrera militar y sin méritos de campaña. A mi juicio, las cinco estrellas son también la calificación que merece la novela por varias razones: a los nicaragüenses que viven fuera de su país y a los extranjeros que, como yo, sentimos un amor profundo por Nicaragua nos recuerda vívidamente el país. Las descripciones del paisaje geográfico y humano son brillantes, a veces minuciosas y nos recuerdan tantos y tantos detalles del entorno que nos hacen sentir Nicaragua como si nunca nos hubiéramos marchado.

El autor bien puede presumir de los requisitos que no cumplió don Anastasio para obtener el grado de general. Ha hecho carrera con la pluma. Sin contar sus escritos en el campo de la economía, ya lleva escritas, con buen suceso, cuatro novelas de las cuales Cinco estrellas es la última, o la penúltima, porque hay rumores de una nueva que estaría apareciendo a mediados del próximo año.

Los méritos de campaña se pueden explicar a partir de aquella famosa frase de Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”, bien podríamos acomodar la expresión diciendo que “después de una guerra la política es su continuación por otros medios”. El doctor Mayorga se batió en varios frentes: ordenando la desastrosa economía nicaragüense del momento, creando una unidad monetaria que perdura y que puso fin a una de las escalas de devaluación más altas de la historia de la humanidad, ensayando proyectos académicos y de inversión y muchos otros más. También fue víctima de aquellas luchas, si seguimos con la actual línea de pensamiento podríamos afirmar que también fue un prisionero de guerra.

La novela presenta rasgos inolvidables. Enmarca en una semana, la Semana Santa de 1931, los acontecimientos que relata con saltos inevitables a otros momentos de la historia.

El principal elemento es el mortal terremoto que arrasó Managua y, girando en torno a él, los malabarismos de don Tacho para conseguir sus propósitos, las ranas que escapan del lago antes del seísmo, las cuitas de la Lichita, el rey zope (el pájaro negro gigantesco que, presagiando los peores momentos de muerte, traición y dolor, aparece en momentos claves), el palacete y la devoción del presidente Moncada por el aguardiente, el matrimonio formado por el embajador Hanna y su esposa Gustava von der Tarn y, sin mencionarlo mucho pero teniéndolo siempre presente, el movimiento armado de La Segovias que mantenía en jaque a los protagonistas de la historia.

He disfrutado enormemente  la lectura de esta novela, hubo algunos de sus aspectos que releí más de una vez debido a algunas dudas que me siguen haciendo reflexionar.

En primer lugar el papel de los terremotos en los cambios políticos en Nicaragua. Los Somoza preparan su asalto al poder después de un terremoto y es otro terremoto el que parece crear las condiciones necesarias para su salida del mismo.

Mencionaba antes la imagen del rey zope, ese pajarraco que aparece antes y durante momentos cruciales del relato pero que desaparece de pronto. ¿Qué pasó? Mientras leía estuve esperando el momento en que alguien –posiblemente un muchacho de Monimbó– lo matara de una pedrada en la cabeza presagiando así mejores tiempos para todos. Ese momento no llegó.

La otra cosa que me llama la atención es la descripción de las escenas íntimas y las insinuaciones subidas de tono a lo largo del relato pero centradas fundamentalmente en nuestra población autóctona. Cuando se trata de describir a la baronesa von der Tarn, pese a su casual desnudez, el relato se vuelve académico, almidonado, hasta parece hecho a regañadientes. Pregunto otra vez, ¿qué pasó? ¿El autor no quiso entrar en detalles? Hay otra explicación posible: circula la leyenda oral que cuenta que, nosotros, centroamericanos, solemos ser especialmente audaces con nuestras paisanas de piel canela pero que, ante la presencia  de una cabellera rojiza o de trenzas rubias, de ojos azules o verdes de cinturas de avispa y de piernas más largas, nos sentimos intimidados. Según ese relato oral, nos volvemos excesivamente tímidos -para decirlo con suavidad-.

Si una de esas “chelonas” o “machas” nos mira de frente, nosotros instintivamente vemos hacia el cielo inquiriendo sobre las posibilidades de lluvia o hacia el piso para comprobar que la cerámica desplazó para siempre al ladrillo de barro en las construcciones modernas. El doctor Mayorga, profundo conocedor de la psicología popular, posiblemente intuyó que no valía la pena entrar en detalles.

Creo que Cinco Estrellas, la novela del doctor Mayorga, debería ser de lectura obligatoria en nuestra región por lo mucho que gusta y lo mucho que enseña.

*El autor es diplomático hondureño, en misión en Washington.

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