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En mayo de este año fue editado, por la Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores, el primer poemario de Magda Bello (Masaya, 1976): Memorias dispersas.

En su contratapa, Jorge Eduardo Arellano firma un texto sobre su desafiante voz diáfana.

ESENCIA

“Apasionada y altiva —transcribo—, Magda Bello nos entrega un poemario singular que ha distribuido en tres secciones, de acuerdo con sus elementos eróticos, vivencias entrañables e inquietudes metafísicas. La autorreflexión, por tanto, la asiste”.

Y agrega JEA: “Magda sufre por la tala indiscriminada de nuestros bosques y la denuncia, opta por un mundo verde, por la correlación entre cuerpo y espíritu, por convocar a la memoria dispersa, creando su universo personal”.

Sin lugar a dudas, este poemario es una oda a la flora y fauna de nuestra Nicaragua, es el canto de denuncia contra los crímenes ecológicos que muchos cometen cegados por la ambición.

También es un bello canto hedónico.