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Arrancaba la vida. A lo lejos, un llanto se dejaba escuchar como señal de vida. El tiempo comenzó su faena hilvanando experiencias, dibujando pensamientos, dejándose caer en la tormenta de la tristeza; una ciudad que dormitaba entre el sosiego y la paz de un alma tranquila; algarabías de niñez; un mundo taciturno a la sombra de la vida que iba, que venía, que bailaba al son de los pensamientos. 

El pasado comenzó a restregarse con mordaz tenacidad sin dar tregua a la duda. A los costados de la faena diaria, se perfilaba la ingenuidad de un corazón puro. La ciudad despertaba poco a poco, sin prisa. Risas por aquí y por allá. Un saludo que apenas se lograba pronunciar y una mirada vaga que se perdía en el firmamento y el olvido. 

El cielo se asomaba tímidamente y al doblar la esquina, una silueta se perdía dejando tristeza, melancolía y pensamientos taciturnos; llevándose consigo muchas sensaciones. Se disimulaba una vida, se trazaba una ilusión, se construían historias, se acumulaban recuerdos… 

La silueta aparecía de nuevo en cada amanecer, con alegría, diáfana, cálida, intensa, viva… Se apoderaba del corazón, se adueñaba de la razón. Abajo quedaba la terquedad de un sentimiento que se resistía a morir porque dejar de sentir era perder…

El conteo de las horas impacientaba el corazón que latía a prisa. La ansiedad seguía su propia lógica. Se desvanecían y se rescataban las ganas de edificar un mundo en medio de cada intento fallido…. De pronto…. de la nada, entre la línea de la locura, justo ahí, las curvas de la ironía se dejaron entrever, pisoteando todo sentido humano. 

La valentía recogió, entonces, las palabras y las juntó a la vida; las amarró a la realidad y dejó que el pasado exprimiera esa sed de vida y la secara a la luz de la fe. Bastó alzar la mirada a la tranquilidad; dejando que la melancolía y la tristeza se dejaran conquistar por la alegría y el amor que un tanto precavido, se abre presto a la vivencia. 

Una ola de palabras y actitudes crueles quedan regados por el camino de la vida; las puertas de la razón abren una nueva vida; la ventana de nuevos sentimientos promete vestirse de diáfanas sensaciones de ocurrencias y locuras por compartir, envolviéndose en sábanas de esperanzas. Así… lentamente... se hace una nueva historia. 

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