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Estar frente a ella es una especie de enfrentamiento al mito que se ha creado alrededor de su trabajo. Se le flageló cuestionando la autoría de sus textos, se le ha querido invisibilizar despreciando el fruto de años de investigación, sin embargo, contra viento y marea está ahí, dando la cara y demostrando que el rigor científico que ha empleado en su estudio sobre el Movimiento de Vanguardia en Nicaragua le ha permitido descubrir elementos que ponen en tela de juicio la historiografía literaria nacional.

María Augusta Montealegre es oriunda de Chinandega, estudió relaciones internacionales en México, en ese país trabajó en un periódico editando la sección internacional y al terminar sus estudios realizó una tesis sobre Nicaragua 1990: una elección fundacional. Realizó un diplomado en Negociación Internacional en Austria y luego en Estados Unidos cursó estudios conducentes a una maestría en Latin American Studies en la Universidad de Miami. También se dedicó a la maternidad y cuando sus hijos crecieron decidió realizar un doctorado, el cual concluyó con la tesis que mereció el cum laude de la Universidad de Salamanca: Ideas estéticas y políticas de las vanguardias en Nicaragua (1918-1933). Salomón de la Selva Tomo I. Ha publicado dos libros de poesía: El país de las calles sin nombre (primera edición 2014) (Segunda edición bilingüe 2016) y La Oración que Efraín nos enseñó (2015). 

¿Por qué se interesó en estudiar las vanguardias?

Mi interés nació con escritores mexicanos pertenecientes a la Generación del crack, algunos amigos míos, porque yo había participado en talleres de literatura con uno de ellos, Pedro Ángel Palau, además colaborábamos juntos en una revista literaria en la Universidad de las Américas. Cuando llegó a Miami otro miembro de esta generación, mi querido Ignacio Padilla (lamentablemente fallecido en un accidente), me recomendó ese doctorado porque yo no estaba muy contenta con la enseñanza norteamericana en lo que respecta a literatura hispanoamericana. 

¿Cómo llegó específicamente a Salomón de la Selva?

Realmente yo estaba interesada en las revistas de vanguardia, porque me fascinó una clase en la que estudiamos las revistas de vanguardia cubana (orígenes) y pensé que podía hacer una buena compilación con las publicaciones en Nicaragua, con revistas que andaban por ahí perdidas o que habían sido compiladas parcialmente por Jorge Eduardo Arellano. Me dediqué a investigar las revistas por un año y fue así que me di cuenta a través de mis lecturas que Salomón de la Selva era vanguardista, pero la vanguardia granadina no lo reconoció como tal. También advertí de la existencia  de Andrés Rivas Dávila y otros leoneses que escribieron textos significativos. En ese momento mi investigación cambió de rumbo y quise indagar porqué fueron excluidos.

¿Qué piensa del hecho de que María Augusta Montealegre sea considerada una especie de alter ego o testaferro de Jorge Eduardo Arellano? 

Pienso que vivimos en una sociedad machista y la elite literaria no soporta la idea de que una mujer pueda pensar. Incluso, con esta tesis doctoral pedí el sello de la Academia Nicaragüense de la Lengua (ANL) y me lo negaron, algunos de los que votaron en contra ni leyeron mi trabajo. Estoy segura de que si lo hubiera escrito un hombre por lo menos se hubieran dignado a leerlo. Este hecho llevó a que algunos miembros de la junta directiva de Anide   hicieran un pronuncionamiento en protesta y luego en celebración del sello editorial de la Academia de Geografía e Historia, que agradezco. 

Respecto a ese mito de ser testaferro de Jorge Eduardo Arellano, por un lado me alegra, porque vinculan mi trabajo a un erudito de primer mundo que trabaja con las uñas y los dientes en un país pobre como Nicaragua, un raro milagro intelectual que no ocurre muy a menudo. Muchos no tienen la suerte de encontrar un maestro en la vida. Y yo he encontrado a dos, al doctor Arellano y a la doctora Carmen Ruiz Barrionuevo, de Salamanca. Al mismo tiempo de sentirme honrada por este vínculo, por otro lado lamento que el machismo en Nicaragua se niegue a creer que existe esta mujer de carne, hueso y pensamiento. En realidad no escribo para ser laureada, tampoco para quedar bien con nadie, ni siquiera con mi ego, escribo para pensar y para hacer pensar.

¿Cuál es su análisis de la controvertida Oda a Rubén Darío, escrita por José Coronel Urtecho?

Mi trabajo es comparar entre lo que se dijo críticamente y los documentos originales, los compruebo y saco mis propias conclusiones, no me dejo llevar por lo que se ha escrito, pues me he dado cuenta que la crítica está muy viciada en Nicaragua. Así como en muchos libros de historia, muy a menudo no solo el enfoque depende de la ideología de quién lo escribió sino también la información, se oculta la verdad. He descubierto que la Oda tiene otra realidad diferente a lo que se ha dicho. Ernesto Cardenal disculpa a Coronel Urtecho y dice que está escrita para criticar las imitaciones burdas que se estaban haciendo de Darío, pero en realidad creo que tiene mucho que ver con una tendencia en América Latina que todavía no se ha podido resolver, el enfrentamiento entre nacionalismo y cosmopolitismo. La Oda era claramente contra Darío y no contra sus imitadores, aunque después se arrepientan.

¿Tropical Town and other poems abre las puertas al nacimiento de los latinos Writers?

Tropical Town es un libro fundacional, el primer libro que escribe un latino en inglés en Estados Unidos durante el siglo XX, en el siglo XIX le precede otro nicaragüense, don David Arellano. Tropical Town un libro imprescindible porque está construido con la tradición hispanoamericana y con la norteamericana, con los dos imaginarios y las dos experiencias. Es interesante cómo el imaginario cultural de Salomón de la Selva resulta además una traducción a la Benjamin en inglés, es eminentemente moderno a pesar de su construcción formal. De la Selva nunca negocia su cultura, su hispanismo, pero sí la forma. Es un extranjero que está surgiendo en Estados Unidos y lo único que le otorgará legitimidad es demostrar que domina la técnica norteamericana.

Se critica a Salomón de la Selva que haya sido un escritor poco prolífero, ¿por qué cree que escribió solo dos libros?

Escribió dos libros de vanguardia y muchos más que se alejaron de la novedad, como muchos vanguardistas también lo hicieron. Esa no es excusa para no reconocer su grandeza. Él fue el brazo letrado en la lucha de Sandino, esos años que según los vanguardistas dejó de escribir, los dedicó al periodismo como guerrilla cultural. Sandino se conoció en Estados Unidos por el periodismo de Salomón de la Selva, eso es lo que estaba haciendo en Nicaragua a través de los periódicos nacionales e internacionales mientras los del Movimiento de Vanguardia siendo apenas unos niños publicaban poemas en un periódico local granadino. Sin embargo la poesía del Movimiento fue influenciada por el antintervencionismo de Salomón y de Sandino, haber escapado a ello era como no vivir en Nicaragua. 

¿Cuál es la relevancia de volver a la vanguardia?

La relevancia de volver a visitar a la vanguardia no tiene que ver con los muertos, sino con los vivos, revistamos el pasado no solamente para honrar a nuestros muertos, sino para construir nuestro presente. Es urgente pensar y repensar constantemente nuestra modernidad, esa modernidad que aún no ha cristalizado de manera clara en nuestros países. Que aún no constituye un proceso que resulta de una interacción entre sociedad civil, minorías intelectuales y evolución política. Todo lo contrario, nuestra modernidad ha radicalizado las heridas de un pasado excluyente, ha contribuido a la destrucción de formas autónomas de participación social, si antes se perseguía y se exiliaban a los intelectuales, incluyendo al mismo Salomón de la Selva, hoy el poco pensamiento crítico que existe quiere ser silenciado por las academias. En Nicaragua no hay pensamiento.

Por eso se hace necesario también hablar de la otra modernidad estética, la que culmina en la antipoesía o en la poesía conversacional. Esa modernidad de la otra primera y verdadera vanguardia. Y de sus transductores quienes continuaron la tarea de valoración, documentación y difusión de la literatura nacional a imagen y semejanza del Movimiento. Granada triunfa sobre León, porque a pesar del liberalismo, los granadinos creen que siguen siendo llamados a la restauración conservadora. Por eso no rescatan a León y triunfan porque detentan la hegemonía cultural, se convierten en transductores del canon que acomodan para sí mismos. Ese acomodamiento es el que sigue moldeando no solo la crítica literaria sino el discurso. 

¿Qué significa para la vanguardia granadina no haber reivindicado a León?

La vanguardia granadina tenía la responsabilidad de construir el canon literario en Nicaragua, como lo hicieron en el resto de países latinoamericanos, centroamericanos. Lejos de asumir esta responsabilidad, excluyen también a los vanguardistas leoneses, entre ellos a Norberto Salinas de Aguilar, Andrés Rivas Dávila y Adán Selva; los excluyen porque se sienten cómplices de una cultura en la que nunca había existido un espacio intelectual para ninguna de las reformas modernas de la inteligencia: ni el humanismo filosófico de Salomón, ni el esclarecimiento científico, ni la revolución liberal. Porque su objetivo más que estético era político, la restauración conservadora. 

Tengo la sospecha que nuestro autodenominado Movimiento Nicaragüense de Vanguardia, liderado por Pablo Antonio Cuadra y José Coronel Urtecho, se presenta como una mascarada. Que eran antimodernos de pensamiento mientras se disfrazaban estéticamente de vanguardia, para apropiarse de un concepto simbólico: la autodenominada vanguardia iza la bandera de una modernidad que regresaba al pasado, a colonial, al hombre fuerte a falta de rey. Los granadinos se adhieren a Somoza, proclaman el autoritarismo, ellos mismos son autoritarios a causa de la ausencia de una tradición transformadora. Es decir, en 1931 se avocan a la tarea de reciclaje del lenguaje previamente codificado e intencionalmente sancionado, para uso doméstico de una elite local conservadora o provinciana. Hay que preguntarse si esta vanguardia ha significado una autentica ruptura histórica con respecto a las tradiciones heredadas de la colonización y el absolutismo españoles desarrollados a lo largo del siglo XIX y XX bajo la tutela norteamericana y europea como modelos neocoloniales de “modernización” autoritaria. 

¿Cuál es su aporte con esta tesis?

Es urgente revisar el autoritarismo en nuestro país, todo tipo de autoritarismo. Es muy triste que ni la revolución, ni la transición a la democracia han dado lugar a un cuestionamiento consistente y sistemático de las tradiciones autoritarias, aún no se han debatido ninguno de estos temas en Nicaragua, y no quieren dejarnos debatirlos. Hay que pensar, pensar y pensar, para no dejarnos arrastrar como borregos siempre al pasado, creyendo que caminamos en sentido contrario, hacia el progreso. Esa necesidad de revisarlo todo es siempre urgente para un cambio de mentalidad. No sea que nos aferramos a  esa mentalidad pensando que con ella somos modernos y lo que esté sucediendo es que debido a ella no podemos ser modernos sino provincianos, que seamos una aldea y una tribu en lugar de un país estructurado en clases sociales. Con mi tesis convoco a la juventud a la sospecha. 

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