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Nicaragua ha hecho y sigue haciendo cine, no obstante, debemos reconocer que para muchos el trabajo nacional ha pasado inadvertido por falta de divulgación, pero sobre todo por carecer de memoria histórica.

Hasta hace unos años no contábamos con un archivo que nos permitiera disfrutar ese cúmulo de arte, afortunadamente, una joven periodista y entusiasta del cine tomó la batuta para sacarnos del oscurantismo.

Karly Gaitán Morales es la heroína que se propuso regalarnos al menos 6,000 páginas de cine, incluyendo historia y personajes. Conozcamos en qué proyectos está enfocada actualmente.

¿Por qué te interesaste por el cine en Nicaragua?

Me interesé por la historia del cine en Nicaragua cuando descubrí que no había bibliografía sobre tal tema y mucho menos investigaciones rigurosas o documentadas; es más, ni siquiera una historiografía, documentada o no. Entonces vi allí una oportunidad de hacer un trabajo sobre cosas nuevas  y de hacer un aporte al patrimonio cultural de la nación que fuese innovador.

Con mis libros sobre historia del cine he hecho muchos hallazgos y he creado todo un mundo que no existía, y que ha nacido de la nada, en cuanto a antecedentes. Mi libro publicado y los futuros no tienen precedentes en el país y casi que ni en Centroamérica. Entonces eso da un valor muy fuerte al trabajo que estoy haciendo. Me encuentro en floración literaria y sigo trabajando en muchas cosas que tienen que ver con cine, sobre todo me refiero a la investigación.

¿Cómo ha sido explorar un campo casi vedado en nuestro país?

Creo que más que vedado ha sido un campo olvidado. Una vez, buscando en una biblioteca, vi que había trabajos sobre historia del teatro, el más amplio es el que publicó el doctor Jorge Eduardo Arellano en los años ochenta; había historia de los cementerios, una colección de los más terroríficos y famosos crímenes del siglo veinte; historia de los obreros, de la Iglesia evangélica, de la Iglesia católica, de los colegios más reconocidos que tienen muchas décadas de existir; historia de las ciudades, de las artesanías, de los médicos veterinarios, de la construcción, en fin, de tantos temas, y un tema tan importante como el cine no había sido tocado por nadie.

Explorar este campo ha sido un enorme descubrimiento y deslumbramiento, sacar a luz cosas que nunca antes habían sido reveladas y si lo habían sido quizás era de una forma como flashes de cámaras fotográficas, nadie lo había documentado, ordenado, catalogado, expresado en línea sucesiva, dividido en partes, épocas y ni siquiera estudiado de forma histórica, sociológica, política. Quiero aclarar que, en cuanto a esto, me refiero al cine en Nicaragua en todos los tiempos porque hay ensayos, artículos y libros con temas específicos que han hablado sobre la historia del cine en nuestro país y casi todos comienzan con los años cincuenta, específicamente en 1956, pero el cine llegó a Nicaragua en enero de 1900, había medio siglo ausente, oscuro, olvidado, ignorado, digamos enterrado muchísimos metros bajo tierra como si fuera una pirámide.

Y vine a descubrir esta pirámide, desenterrar metros de olvido y crear este monumento que he querido ofrendar a la cultura de Nicaragua. Ya bien me ha llamado mi amigo el historiador Franklin Caldera “arqueóloga del cine en Nicaragua”, y me ha sido certera su descripción.

¿Cuántos libros has publicado?

Publicados dos: Cita con Sergio Ramírez en 2012 presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y que se traduce ahora al francés (ahora sí ya finalmente firmamos contrato con una editorial francesa y estará listo en mayo de 2017). Y el libro Historia del cine en Nicaragua, publicado en 2014, editado por Fucine editorial con el enormísimo apoyo de la Cooperación Suiza en América Central y el apoyo del Centro Nicaragüense de Escritores, a quienes debo muchísimo.

¿Cómo ha sido la aceptación de tu libro sobre la historia del cine en Nicaragua?

Todavía no he encontrado estudios críticos ni artículos de análisis o de debate, es decir, trabajos sesudos sobre esta obra. Ha sido bien aceptado y lo podemos comprobar por las ventas, la primera edición de 1,000 ejemplares, de lujo con el costo de precio de venta al público de un poco más de 100 dólares se vendió en dos meses y medio, solo el día de la presentación vendimos como 80. Eso creo que es una forma de medir. Y la segunda edición de 1,000 ejemplares igualmente ni alcanzó a llegar a librería, ya estaba vendido y como esa edición era económica y sencilla de 25 dólares la gente los compró hasta por cajas para regalarlos en Navidad. La tercera edición la estamos preparando, viene revisada y corregida, trae un bellísimo prólogo de Franklin Caldera y con nuevos nombres en las correcciones, nueva casa editorial, en fin, una tercera edición un poco distinta a las anteriores por traer varias correcciones muy importantes, a lo que llamaría no tanto correcciones sino verificaciones y puntualizaciones de datos.

¿Lograste concluir la novela que estabas escribiendo?

La novela que escribo es sobre un crimen ocurrido en los años setenta. Un asesinado atroz catalogado de diabólico, sádico, cinematográfico. Fue muy mediático, hasta el entonces arzobispo Miguel Obando y Bravo dio declaraciones a la televisión, igualmente el director de la Policía, Alesio Gutiérrez, hubo marchas de las iglesias evangélicas reclamando a la policía somocista la resolución del caso, que encontraran al asesino, los sandinistas protestando porque a ellos los culpaban, la policía sandinista decía que esas cosas tan horrorosas solo las podían hacer los comunistas (así les llamaban) para desestabilizar a la nación; marchas de los gremios de médicos, de enfermeras. En fin, fue un caso sonadísimo de enormes planas completas hablando sobre el caso. Lo que estremeció fue la saña con que la protagonista fue asesinada, una cosa horrible y crudísima, que solo se comparaba al horrible crimen que se cuenta en la novela La Dalia Negra. Entonces todo esto conlleva una investigación documental aunque sea ficción y me encuentro escribiendo la relación de los hechos, el levantamiento documental. He visitado a la Policía, he hablado con peritos, abogados, periodistas de esa época, sus familiares, fui al lugar donde fue encontrado el cuerpo exactamente en la fecha y a la hora que se cree que fue asesinada (desde hace dos años he ido a las diez de la noche al lugar donde al parecer fue asesinada y casualmente las dos noches ha estado lloviendo, la noche de su muerte llovía también. Eso lo he hecho para ambientarme en la escena), he ido al hospital donde fue trasladada, entré a la morgue donde estuvo el cuerpo, fui a su tumba, he hablado con sus hijos que entonces eran unos bebés, en fin, como ves, mi investigación es enorme y sigo investigando más.

¿En qué proyecto estás enfocada actualmente?

Se responde arriba con la novela. Y el proyecto mayor es la elaboración del segundo libro de mi serie de libros de historia del cine en Nicaragua. Lo he titulado 100 Personajes del cine en Nicaragua y son cien perfiles biográficos de personas que han tenido participación activa en el desarrollo de la historia del cine en el país: esto es actores, actrices, proyeccionistas, camarógrafos, editores, directores, dueños de cine, distribuidores, todo, hasta tramoyistas, productores, proyeccionistas, críticos, etc.

Quiero resaltar que estos libros son tres libros hermanos que se proyectan de 600 páginas cada uno:

1. Historia del cine en Nicaragua (ya publicado, es el del que hemos estado hablando),

2. 100 Personajes del cine en Nicaragua.

3. 100 Películas del cine en Nicaragua. Los dos los llevo muy bien avanzados.

¿Hay más que decir sobre el cine nica?

Lo que falta decir ya lo voy a decir en mis próximos libros. En versión resumida proyecto 6,000 páginas de historia del cine en Nicaragua. Pero seguramente estaré publicando el último libro que ajuste la página número 6,000 dentro de unos 10 o 12 años. Este trabajo es enormísimo, un proyecto de vida y mis aportes a la historia de este país quiero que queden en nuestro patrimonio. Esta es mi forma de hacer patria, de dejar algo a mi nación, a mi país. Como historiadora he aprendido a tener fuerte ese valor de participar activamente en trabajos personales en beneficio de la patria.

¿Qué tan difícil es financiar investigaciones sobre el séptimo arte?

Es casi imposible. El trabajo que yo he hecho fue gracias a becas, a apoyos  menores que si los sumo son mayores. No hay fondos para investigación, el historiador tiene que buscarlos fuera con organismos internacionales. Si hubiera financiamiento tendríamos libros de historia como para pasar leyendo años para poder leer toda la historiografía de Nicaragua en general. Creo que quizás es por esa razón que antes no se habían hecho estas investigaciones. Es como si todo pasó como debía pasar. He pasado tiempos dificilísimos, pero ha sido posible, aunque casi imposible.

Nicaragua necesita un fondo de investigaciones como existe en México o Argentina, que el Estado te beca por cuatro o cinco años, o menos, dependiendo de la complejidad del tema, para que te dediqués completamente a la investigación y así, teniendo el historiador o investigador su factura mensual pagada en cuanto a sus gastos personales, se puede dedicar en cuerpo y alma a la investigación. Esto es un sueldo, un trabajo de tiempo completo. Así podríamos tener un banco de historia muchísimo más grande del que tenemos actualmente.

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