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Cuando Rodrigo Caresani estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Buenos Aires, uno de sus exámenes consistió en seleccionar un poema de Rubén Darío y exponer durante media hora sobre ese texto. Darío le resultaba un escritor distante. Sin embargo, al seleccionar el poema “Sinfonía en gris mayor” cambió radicalmente de idea y desde entonces no ha parado hasta convertirse en uno de los estudiosos más destacados de la obra dariana.

Actualmente es profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en Buenos Aires, donde coordina los esfuerzos del Archivo Rubén Darío Ordenado y Centralizado, que está disponible de manera digital.  

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Durante más de un año, junto al dariísta alemán Günther Schmigalle, revisaron minuciosamente los archivos de los 27 años en que Rubén Darío escribió en La Nación y los dos meses en que publicó para La Prensa. Ambos diarios son argentinos.

Así fue como descubrieron 11 crónicas desconocidas de Rubén Darío que ahora están disponibles en dos libros: “Bibliografía de Rubén Darío en La Nación de Buenos Aires (1889-1916)” y “Crónicas de arte argentino”. 

Los libros que fueron presentados y distribuidos gratuitamente esta semana en Managua  como parte del homenaje que la Embajada de Argentina en Nicaragua, dirigida por el embajador Marcelo Valle, hace al primer centenario de la muerte del escritor nicaragüense Rubén Darío.

¿Cómo surgió la idea de trabajar en la recopilación de estos textos?

Este proyecto fue secundario porque yo trabajo con Günther Schmigalle hace más o menos un año y empezamos hacer el listado de la bibliografía de Darío no con el objetivo de hacer un libro, sino un archivo digital sobre la obra dariana.

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De manera que lo que se encuentra aquí en estos libros que vinimos a presentar a Managua es un resumen de lo que se puede encontrar en el Archivo Rubén Darío. Nuestro objetivo es que todo el mundo pueda leer estos textos porque están repartidos en volúmenes que ya nadie puede conseguir o solo están en bibliotecas especializadas. Ahora con el archivo digital cualquier persona puede ingresar y leer las crónicas tal cual las estuviera leyendo en el periódico de hace más de 120 años.

¿Este archivo digital sobre Darío hasta ahora cuántos textos tiene?

Están unas 8,000 páginas de 40 números de la revista Mundial que Darío dirigió en París, están los textos que escribió en La Nación y La Prensa de Buenos Aires. Hay 46 números de la revista Elegancia compuesta por unas 6,000 páginas. Además hay otros escritos que analíticos han hecho sobre Darío. La idea es hacer una nueva obra completa de Rubén Darío en 20 tomos. Queremos cargar unos 20,000 o 30,000 archivos.

¿Cómo fue el proceso para obtener los 11 textos inéditos de Darío que están en estos dos libros?

Primero hicimos el listado y después mandamos a fotógrafos especialistas en digitalización de textos a sacarle fotos a todas las páginas de La Nación donde hubiera crónicas de Darío. Nos llevó por lo menos un año de trabajo.

Le pasamos el peine a 27 años del diario La Nación, que fue el lapso en el que Darío trabajó en este medio. Fueron ocho toneladas de papel las que analizamos página a página buscando los textos de Darío. Un proyecto desgastante con muchas horas de tiempo.

¿Qué es lo que vuelve trascedente al libro “Crónicas” de arte argentino?

Son siete crónicas que estuvieron perdidas por muchísimo tiempo y que Darío escribió entre octubre y noviembre de 1895, en el periódico La Prensa, de Buenos Aires, Argentina.

Este descubrimiento lo hizo hace 15 años la investigadora argentina Laura Malosetti Costa, en una investigación ella las mencionó pero no se tomó el trabajo de transcribirlas y por eso nadie las podía leer. En estas crónicas Darío hace un recorrido por las salas del Ateneo, comenta muchos detalles de las piezas de los escultores y pintores, y expone sus críticas.

En el segundo libro, Bibliografía de Rubén Darío en La Nación de Buenos Aires (1889 – 1916), ¿qué nos vamos encontrar?

Es un listado de las 700 crónicas que Darío publicó en La Nación. Y esto era importante de hacerse porque había un listado muy parecido al nuestro que decía que en La Nación solo había 630 crónicas de Darío y nosotros corregimos, encontramos 30 errores y agregamos 100 nuevos textos.

Estos 100 nuevos no son todos inéditos, como las cuatro crónicas que encontramos en La Nación que no habían sido descubiertas y las agregamos completas en este libro para que la gente las pueda leer.

¿De qué tratan estas cuatro crónicas inéditas publicadas en La Nación?

Son muy diversas. Por ejemplo tenés a un Darío hablando sobre (Frederick) Nietzsche, es la primera crónica en español sobre este importantísimo filósofo. Otra aborda la llegada del Pin pon a París y se pregunta si ya llegó el Pin Pon a Buenos Aires, porque hay que recordar que cuando la escribió, él estaba como corresponsal de La Nación en Europa.

Otra crónica habla sobre los monos y se pregunta si los monos tienen lenguaje. Y la cuarta es una reseña de la ópera Tosca del italiano Giacomo Puccini que se representaba en Buenos Aires.

¿Cómo es que Darío teniendo contrato con La Nación escribe en La Prensa, que era la competencia?

Cuando Darío llega a La Nación no llega siendo la estrella, es un escritor más en ese momento. Entonces para ganarse su sustento en Buenos Aires tiene que publicar en muchos periódicos. Pero en 1896 teniendo tres años de estar allá, La Nación le comienza a dar protagonismo a Darío. A partir del 1897 comienza a ser exclusivo de La Nación. 

A partir de entonces, es notable que casi todo el ejemplar del diario está hecho para la crónica de Darío. Siempre lo vas encontrar en la página de la derecha y en la parte de arriba. Le dan un protagonismo enorme, le asignan un equipo fotográfico enorme.

¿Hay indicios de que Darío haya sido editado en La Nación?

No lo sabemos. Es una pregunta que sería interesante de responder. Lo que pasa es que no hay manuscritos de Darío, él escribía o dictaba la crónica, luego la ponía en un sobre y la mandaba en el barco desde Europa. Al llegar a Buenos Aires lo pasaban a letra de molde. 

Pero él se leía a sí mismo, a Darío le llegaba el diario a París y si le hubieran tocado el texto, creo que hubiera protestado y no hay cartas de Darío donde se queje de que lo están editando como sí las hay de José Martí.

¿Cuánto ganaba Darío si era la estrella de La Nación?

La cifra no es bien sabida, pero sí se está claro que era muy bien pagado. Aunque siempre estaba pidiendo que le adelantaran el salario porque no le alcanzaba.

¿Con qué frecuencia publicaba Darío?

Eso es notable. En el libro hay un cuadro que muestra la distribución de las publicaciones año por año y muestra una regularidad bastante importante. Publica más cuando está en Europa. Darío publica en promedio cuatro crónicas por mes durante 27 años.

¿Estas crónicas ya no tienen vigencia?

No. En estas crónicas Darío está hablando de la vida política en Europa, la literatura del momento y muchos de los autores que menciona son muy lejanos para nosotros. Es ahí donde necesitamos apoyos como notas al pie, diccionarios o internet para saber quiénes son esas figuras.

¿Qué le parece el estilo que utiliza Darío al escribir crónicas?

Hay una constante en la mirada de Darío y es que aunque esté hablando de temas ajenos al arte y la literatura son elementos que siempre aparecen en su mirada. La preocupación estética es constante en él. 

¿Hasta qué punto Darío hace una diferencia entre lo periodístico y lo poético o no la hace?

No la hace. Hay incluso textos que son marcadamente políticos de Darío, pero siempre se cuela la belleza.

Usted como profesor de literatura, ¿qué valoración hace del interés que le dan los estudiantes a Darío y cómo lo perciben?

Los estudiantes en un primer momento reciben a Darío con distancia y no los culpo. Les cuesta la lectura y es normal porque Darío es un escritor muy exigente para el lector, pero inmediatamente uno como profesor tiene que mostrarles que superar esa resistencia es muy fácil y que leyendo al menos una semana sus textos, se empieza a comprender su lenguaje.

La clave para entender a Darío está en una buena edición de los textos. Que tengás una nota al pie para saber a qué se está refiriendo o qué significa lo que está citando.

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