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El primer grupo literario de Nicaragua, surgido en 1862, lo encabezó Faustino Arellano Cabistán (1837-1905). Así lo precisaron J. Gregorio Cuadra e Isidro Urtecho Cabistán (1840-1922) en sendos artículos sobre “La Montaña”, nombre del grupo. Este lo integraban jóvenes granadinos recién salidos del Liceo San Agustín y admiradores del Visconde de Cormenin [1788-1868], autor de la obra “De los Oradores”. Todas las tardes se reunían sus miembros en casa de Arellano Cabistán y cada uno de ellos, una vez a la semana, discurría “por escrito sobre un tema cualquiera”.

El círculo político “La Montaña”

Cuatro años después, “La Montaña” —con la publicación de su periódico El Amigo del Pueblo— se transformó en círculo político. Ahora su líder era Enrique Guzmán Selva (1843-1911) y, aparte de impugnar e interrumpir el caudillismo militar de Tomás Martínez (1820-1873), dirigió la campaña electoral que condujo a la presidencia a Fernando Guzmán (1867-71). Entre otros, fueron montañeses Miguel Vijil (1833-1909) y el referido Urtecho Cabistán, primo hermano de Faustino. Actuando independientemente de su cepa conservadora, “La Montaña” planteó —entre otras necesidades— una renovación política, postulando la enseñanza gratuita y obligatoria a nivel de primaria, la promoción de las ciencias y las artes, la libertad de cultos y la revisión del derecho constitucional vigente. O sea: de la Carta Magna de 1858, a la que advertían “grandes vicios que reparar”.

Faustino e Isidro

No llegaron estos primos hermanos a destacarse intelectualmente como Guzmán Selva, pero compartieron experiencias dignas de recordarse. Ambos lucharon contra el filibusterismo esclavista alcanzado el grado de capitán y ejercieron en forma voluntaria la docencia: Faustino en el Colegio de Santiago en Managua e Isidro en el Instituto de Rivas. Ambos sirvieron en la administración del presidente Guzmán y colaboraron en los periódicos de su tiempo. Ambos contribuyeron llevar al poder a don Evaristo Carazo (1887-89) y fueron partidarios y amigos del doctor  Roberto Sacasa, último mandatario de los “Treinta años”.

Si Faustino logró consolidar un capital respetable a través de su emprendedora entrega al trabajo y del aporte de su esposa y sobrina Luz Perfecta Sequeira Arellano (1853-1940) —con quien casó en 1870—, Isidro desarrolló una carrera militar pundonorosa, proyectando una imagen literaria más amplia. 

Amistad íntima con Guzmán Selva y Estrada

Faustino figura en el “Diario” de Guzmán Selva como íntimo amigo, socio, compadre y contertulio. Enrique y Faustino eran dueños, con otros socios, de una tipografía en Granada y del Ingenio San Rafael, próximo a la ciudad. Las opiniones de Faustino, padrino del primogénito de Guzmán Selva, se transcriben en dicho “Diario” y se da a conocer que mantuvo estrechas relaciones con José Dolores Estrada, comandante en jefe del Ejército, de quien fue secretario durante la guerra que le armaron Martínez y Jerez al gobierno de Guzmán en 1869. Posteriormente, Arellano Cabistán participó en obras de servicio (la construcción de la parroquia, el hospital y la capilla del cementerio de Granada) e intelectuales: revisó la geografía de Pablo Levy y publicó  artículos polémicos y un folleto en defensa de su padre (El asesinato de La Pelona y el Lcdo. Jerónimo Pérez, de 1876), además de la primera biografía del Vencedor de San Jacinto.

Parentalia

Faustino era hijo de Narciso Arellano del Castillo y Leandra Cabistán. El primero había protagonizado una corta pero relevante carrera política y la segunda se distinguía por su belleza, gracia e inteligencia; versificadora mordaz, escribió la obra teatral “El hombre sin sombra”, representada en el vecindario granadino. Una hermana menor de Leandra, Antonina Cabistán había procreado con Andrés Urtecho —alférez español de las provincias vasconadas— a Isidro y Juan Ignacio Urtecho Cabistán, a quien Faustino le financió su profesión de médico. Por eso las cinco hijas de Juan Ignacio le recordaban respetuosamente, llamándole “Tata Faustino”. Ernesto Cardenal, bisnieto de Juan Ignacio, aporta este dato en el segundo tomo de sus memorias “Los años de Granada” (2002) y agrega: “que [don Faustino] tal vez era el hombre más rico de Nicaragua”. 

Testamentaría

Realmente estaba muy lejos de llegar a serlo. Sus acciones en el primer banco de Nicaragua no eran muchas. Pero poseía tres casas en Granada, según su testamentaría que en 1907 inventarió el notario Carlos Cuadra Pasos. Dos de ellas se hallaban en la calle Atravesada y el valor de ambas sumaba 140,000 pesos billetes nacionales. La tercera se ubicaba en la calle del Comercio. Sin embargo, más valiosas eran sus haciendas y fincas, comenzando por La Calera, entre el Valle Menier y las  tierras del municipio de Santa Teresa, compuesta de varias caballerías, madriados de cacao, casas de tejas, potreros, corrales, presas, obrajes de añil y minas de cal en explotación. Se valoraba en 400,000 pesos billetes nacionales de 1907.

Pertenecían también a su patrimonio dos haciendas cafetaleras en el cerro Mombacho: La Luz y San José, que juntas se valoraron en 210,000 pesos. Además Faustino era dueño de la hacienda de ganado El Paso Real de Ochomogo, cuyo valor era de 50,000 pesos y de otras dos fincas, dentro de la jurisdicción departamental de Granada: Santa Elena y El Dulce Nombre, valoradas en 150,000 pesos.

A los 68 años, el 17 de septiembre de 1905, murió mi bisabuelo en su ciudad natal, impresionado por la estruendosa caída de un rayo, del corazón. 

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