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Buscar los orígenes del neurólogo pediatra Marco Urrutia,  nos lleva hasta su natal Matagalpa. Ahí nació en el seno de una familia compuesta por tres hermanos. Su mamá era maestra y modista --en la actualidad sería diseñadora de modas-- añade el doctor. Su papá era constructor.

Sus primeros estudios los realizó en Matagalpa, sin embargo, su vida dio un giro porque sus estudios secundarios y el bachillerato los hizo en la “Isla de la Juventud”, Cuba.

¿Por qué decidió estudiar medicina?
Estudié medicina impulsado por los buenos consejos de mi madre. Inicialmente quise ser matemático, como lo es mi hermano mayor.

¿Dónde realizó sus estudios?
Estudié en la Universidad de Medicina de Santa Clara, Cuba. Me gradué en 1994 junto a 4 amigos y fuimos los primeros nicaragüenses graduados de la carrera en esa alma máter. Fui seleccionado por méritos para seguir estudiando. Decidí seguir con mi pasión por los niños, que inició cuando durante la carrera decidí ser alumno ayudante de pediatría en 4to año. Luego me gradué de pediatra en 1997.

¿Dónde inició su trabajo en Nicaragua?
Regresar a mi país fue muy grandioso. Inicié a trabajar como pediatra en San Carlos, Río San Juan, donde antes nadie quería llegar a trabajar. No sé por qué, pues es una zona muy bonita llena de gente linda y lugares preciosos. Durante los 7 años que estuve ahí confeccioné un manual  dirigido a mejorar la atención médica en esa zona, pues tenía la tasa más altas de mortalidad en ese entonces. Con ayuda de médicos del mundo y del Minsa.  Fue ahí donde decidí estudiar algo más, pues miraba la carencia de especialistas en el país. 

¿Por qué optó por neurología?
Neurología es algo que ya venía gustándome mucho, así como cardiología y hematología, que son especialidades muy importantes y muy bonitas. Pero a la vez muy necesitadas en nuestro país; pero me gustó más el cerebro y es mi pasión.

¿Tiene alguna experiencia que lo haya marcado?
Como primera experiencia de estudiante. Tenía tres meses de estar estudiando neurología y valoré a un paciente en emergencia del hospital Infantil de México, el primer hospital pediátrico de Latinoamérica. El niño iba con un síndrome hemicerebeloso. Al tomarle la TAC de cráneo le diagnostiqué un infarto a nivel del territorio de la arteria cerebelosa posteroinferior. Al día siguiente el jefe de servicio de neurocirugía me buscaba en la oficina para llamarme la atención, porque afirmaba que el niño tenía un tumor y no lo que yo decía. Se discutió el caso con el médico de base responsable de neurología e igualmente me llamó la atención. Fui a misa al día siguiente a la Basílica de Guadalupe y le pedí a la virgen por el niño. Casi toda la semana fui a la basílica. Hasta que operaron al niño. Nadie me decía nada porque yo fui el del supuesto error.

¿Eso lo desanimó?
Anduve deprimido, pero sin perder la fe en seguir estudiando para ser mejor. Tres meses después se me ocurre junto a otro amigo hacer un estudio y presentarlo en un congreso sobre síndrome cerebeloso. Mi susto fue cuando encuentro el expediente del niño que había valorado. Mi gran alegría se dio cuando leí el reporte de patología y la nota quirúrgica. Solo se encontraron restos de tejido isquémico. No había tumor y finalmente se concluía lo que había diagnosticado yo. Fui corriendo con alegría como si me hubiera sacado la lotería a decirle a mi gran amigo jefe de servicio. Solo me dijo que confiaba en mí. Pero la verdad pienso que realmente fue un milagro. 

Hombre sensible

Marco Urrutia

El doctor afirma que desea continuar trabajando para ser mejor médico y mejor profesional en pro de la salud de nuestros niños. Asimismo, asegura que lo que más lo motivó a estudiar neurología es ver tantos niños con discapacidad y con la poca posibilidad de ser atendidos por especialistas calificados. Muchas de las enfermedades pudieran haberse prevenido  con una buena atención médica.

21 años de experiencia tiene el doctor Urrutia.

 

 

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