María Marín
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¿Alguna vez has estado en una relación en la que pones todo tu esfuerzo y dedicación, pero la otra parte no hace nada? Todos en algún momento hemos luchado con todas la ganas del mundo por hacer que una relación funcione, sin embargo, a la otra persona le importa un pepino. Y para colmo, te hace sentir como si tú fueras el causante de todos los problemas.

Es muy difícil vivir con alguien que no pone de su parte para mejorar. Cuando esto sucede te desgastas emocionalmente y ves cómo las ilusiones que tenías cada vez se hacen más inalcanzables.

Antes de continuar con alguien por costumbre, por miedo a la soledad, por dependencia económica, por lástima, por los hijos o por “el qué dirán”, deberías plantearte si realmente vale la pena sacrificar tu presente y tu futuro por esa relación.  

Si estás esperando a que tu pareja cambie para lograr tu felicidad, déjame decirte que las probabilidades de que eso suceda son las mismas que tienes de ganarte el premio gordo de la lotería, ¡sin haber comprado un boleto! Recuerda que nadie cambia. Las personas solo modifican su comportamiento, y no lo hacen porque alguien se lo pida, sino por deseo propio.

Si llevas mucho tiempo contagiándote del negativismo de otro, seguramente te sientes drenada. Si has tratado por todos los medios de “llevar la fiesta en paz” y has dado lo mejor de ti para hacer que la relación funcione pero no recibes a cambio lo que mereces: respeto, apoyo, comprensión, lealtad y cariño, considera que por más doloroso que sea, es mejor terminar esa relación antes de que esta acabe contigo y te conviertas en una persona amargada. Tú eres responsable por tu felicidad. Te recuerdo que nadie que traiga ansiedad o inseguridad a tu vida es bueno para ti. La señal más clara de que estás con la persona indicada es que trae paz y tranquilidad.

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