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Cuando Ludwing Bacon tenía 6 años de edad y su hermana mayor lo bañaba, él se ponía las manitos en forma de megáfono y cambiando la voz decía: “Se llama al doctor Bacon a emergencia”. O también: “Se llama al doctor Bacon al quirófano”. Y así vivía su mundo de fantasía, pero 27 años después aquel juego de niños se convirtió en realidad y, hoy, en los pasillos del hospital Roberto Calderon con frecuencia se escucha a la recepcionista, en tono cantadito, decir: “Llamando al doctor Bacon a emergencia”.

Ludwing Alexander Bacon Fonseca es originario de Managua, donde después de secundaria estudió medicina general en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). Luego de su servicio social ingresó al hospital escuela Roberto Calderón, donde estudió medicina interna e hizo un doctorado en oncología torácica. En seguida, viajó a México a estudiar cuatro años una especialización en oncología clínica y oncología médica. Desde hace un año está de regreso en el país, prestando sus servicios profesionales en el hospital Roberto Calderón.

¿Algo lo motivó en especial a estudiar esta especialidad?
En un momento quise ser cardiólogo, pero Dios me puso en el camino, durante la rotación, a uno de mis mentores y amigo, el doctor Lambí, que me mostró una nueva visión del paciente y empecé a ver cómo la gratitud del paciente oncológico no tiene precio, es una cosa increíble. Los familiares te agradecen cada esfuerzo que se hace, es una batalla que se vive diario. Hemos mejorado la calidad de vida del paciente.

¿Cómo está la incidencia del cáncer en Nicaragua?
Las enfermedades oncológicas forman parte de las primeras causas de mortalidad a nivel nacional, después de las enfermedades cardiovasculares. La OMS considera que en unos diez años el cáncer va a superar a las enfermedades cardiovasculares como principal causa de muerte a nivel mundial y, probablemente, Nicaragua forme parte de esta descripción epidemiológica.

¿Quiénes son más propensos a padecer cáncer?
Nadie está exento de esta enfermedad, hoy en día tenemos pacientes adultos, jóvenes, padres, madres,  sostenes de la familia y por supuesto pacientes de la tercera edad. Una de las neoplasias que mayor incidencia tiene en nuestro país son las gastrointestinales, en todas sus ramas: cáncer gástrico, cáncer de colon rectal, y a nivel ginecológico, el cáncer cervicouterino y el cáncer de mama son los más frecuentes. 

¿Cuáles son las principales causas que inciden para padecer cáncer?
El cáncer es una enfermedad multifactorial, donde juegan su papel bastantes factores que interactúan entre sí: predisposición genética, factores físicos y químicos; la obesidad es factor de riesgo importante para el cáncer de mama; cáncer de colon; el tabaquismo es factor de riesgo para cáncer de pulmón, de la cavidad oral. Algunas infecciones como el virus del papiloma humano para el cáncer cervicouterino, cáncer de vulva y de vagina en la mujer.

¿Y en los hombres cómo está la situación?
El cáncer más frecuente en el hombre en Nicaragua es el de próstata, después le siguen los gastrointestinales: colon, renal, cáncer hepatocelular y cáncer de pulmón.

¿Qué es lo que más le satisface de su profesión?
Luego de batallas, poder decirle a un paciente: “tu enfermedad está curada”, o “tu enfermedad está controlada” y ver que siguen viviendo con calidad de vida. Eso es lo más importante.

¿Ha tenido pacientes que le han impactado en su vida?
He tenido pacientes que me han marcado, pacientes  embarazadas con cáncer, a las cuales probablemente no pensaban que su embarazo iba a poder llegar a su finalización y pudimos tener un bebé sano, fuerte y creciendo… han sido muchas experiencias.

¿Algún reconocimiento que usted aprecie mucho?
Recuerdo que durante mis estudios de oncología en México, en el segundo año, un paciente antes de irse de alta, yo sin saberlo, emitió una carta a la dirección del instituto y a la jefatura de mi servicio agradeciendo su estadía hospitalaria, haciendo hincapié sobre mi persona. Es una carta que guardo con mucho agradecimiento, pero me atrevo a decir que casi diario recibo el reconocimiento de mis pacientes de una u otra manera, con una sonrisa, con su alegría. Hay pacientes que me dicen: “Con solo verlo me siento bien”. Eso es bonito.

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