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Todos hemos conocido al menos a un niño cuya conducta manipule por completo a sus padres. Sin duda un fenómeno poco agradable y con terribles consecuencias.

El doctor Dudley Guerrero afirma que esos niños son  “pequeños tiranos”, hijos únicos en la mayoría de los casos que logran imponer su propia ley en casa, porque dominan a sus padres con su comportamiento de altanería y agresividad, pues no están acostumbrados a recibir un no como respuesta.

El niño tiene que ver que realmente es escuchado, no basta con oírle mientras se teclea en el ordenador o se chatea por el celular.

“Además de agresivos, son manipuladores, excesivamente egoístas, poseen poca tolerancia a la frustración, hacen pataleta por todo, sin importar la edad; demandan o exigen continuamente atención de todo el mundo, especialmente de los padres; descalifican a sus progenitores y hasta les pegan”, señaló Guerrero.

¿Cómo nace este fenómeno?

Según el especialista, el problema es que las necesidades afectivas de esos niños no han sido bien atendidas y  tratan de satisfacerlas por otros medios, haciéndose los chistosos o comportándose mal. Pero aunque buscan reacciones de afecto, solo logran molestar.

“Lo quieren tener todo y lo quieren ya. Al crecer pide cosas y vamos cediendo.  Resultado: un hijo caprichoso. En un momento de rabieta refuerzas su actitud para conseguir las cosas de ese modo y nadie sospecha el daño que causa esa conducta”, indicó.

Guerrero afirma que estos niños generalmente son hijos de  madres y  padres que se sienten culpables por no tener tiempo para ellos y  tratan de darles gusto en todo, satisfaciendo sus demandas, aunque sean arbitrarias o difíciles de cumplir.

Cómo enfrentarlos

“En muchos casos, la escasa presencia de los padres en el hogar y la excesiva permisividad para compensar la falta de dedicación, juegan a favor del ego infantil y finalmente, con tal de evitar conflictos, más aún si se trata de familias desestructuradas o recompuestas, acaban negociándolo todo y también consintiéndolo todo”, argumentó Guerrero.
Para poder enfrentar este problema, según Guerrero, hace falta una gran dosis de paciencia y unificar los mensajes de todos los adultos de la casa.

“Es fundamental la solidaridad entre el padre y la madre. El niño tirano es inteligente y sabe dividir a los padres para reinar.

Frecuentemente en las parejas hay puntos de conflicto, posturas opuestas sobre opciones educativas, y el niño sabe cómo aprovecharlas. Los padres ayudan cuando actúan como un bloque”, enfatizó.

El doctor insistió en que el sentimiento de culpa lleva a los padres a hacer concesiones  para no ejercer la autoridad, en muchos casos, ante la dificultad de conciliar trabajo y familia.

“No les ven en todo el día y cuando llegan a casa poner límites cuesta mucho y los evitan, queriendo así compensar esa ausencia. Un hijo tiene que saber que es querido y sentirlo. En la conversación debe existir contacto visual, el niño tiene que ver que realmente es escuchado, no basta con oírle mientras se teclea en el ordenador o se chatea por el celular”, aseveró Galeano.

Recomendaciones

Así que es recomendable establecer límites firmes, lo cual no significa que se deben emplear castigos o métodos punitivos, sino actuar con serenidad pero con firmeza y de manera consistente.

Tampoco es necesario gritar para ponerle límite al tirano, solo hay que hablarle con autoridad y hacerle ver que él es el que debe obedecer, no los adultos de la casa.

Los niños son los primeros interesados y beneficiados de que se les marquen unas normas que, además de infundirles seguridad, les van a permitir adaptarse mejor a las normas y límites sociales en su vida social y adulta.

Un ejemplo cotidiano y muy común del establecimiento de un límite blando es cuando los padres tienen que repetir una y otra vez las cosas al niño y hasta que no le dan un grito, este no termina de hacerles caso.

 

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