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El doctor Francisco Castro es originario de Carazo y compartió que nació en una familia muy numerosa y su mama murió cuando él apenas tenía ocho años.

En cuanto a la medicina al parecer la lleva en los genes, pues asegura que desde pequeñito quería ser doctor, porque tiene una tía que vive en Miami y es oftalmóloga, y él quería ser como ella entonces siempre supo que quería ser oftalmólogo.

Tiene 18 años ejerciendo su carrera, se graduó como médico general en 1994, inmediatamente pasó a estudiar la especialidad en Rusia, en la universidad Amistad con los pueblos, ubicada en Moscú.

¿Qué le apasiona de su carrera?

En mi trabajo pues lo que más me gusta es servir a las personas y atenderlas, ya que hay muchas enfermedades del ojo que atentan con dejar ciego a cualquiera, y uno como médico trata de hacer lo mejor para quedar bien con ese paciente, tratando de obtener los mejores resultados posibles.

¿Cómo hizo para ir a estudiar al extranjero?

Bueno, en principio en los años ochenta el Gobierno ofrecía becas a los estudiantes para que se prepararan en los países amigos, pues tuve la suerte y oportunidad de optar a una beca y me la dieron, con la ayuda de Dios me dieron estudios en la universidad que yo tanto quería.

¿Todos los gastos fueron costeados por el gobierno?

La verdad, no. Al principio todo fue bonito, porque yo me fui becado, pero con el cambio de gobierno se dio un cambio en las becas y consistió en que el alumno que decidía quedarse, tenía que costear sus gastos.

¿Cómo tomó usted esta noticia y cómo hizo para seguir estudiando?

Para mí fue algo duro al principio, pero gracias  a Dios hubo un montón de gente que decidió apoyarme, entonces yo me quedé, empecé a trabajar de lo que saliera y así solventaba algunos gastos, hasta que logré coronar mi carrera.

¿Cómo fue su experiencia en Rusia?

Esta pregunta me encanta, ya que trae muchos recuerdos, pues en aquel entonces yo era muy joven, pero sí era bien responsable. La verdad no fue nada fácil estar en un país desconocido sin familia y sobre todo sin conocer el idioma, lo primero que hice fue enfocarme en aprender el idioma, porque si no se me hacía más difícil la situación y luego pues todo se vino dando poco a poco.

¿Cuándo regresó a Nicaragua y por qué lo hizo?

Yo regresé a mi país bello y lindo, a mi Nicaragua, una vez que culminé mis estudios y que vi que ya no tenía nada que hacer en ese país, claro muy agradecido por el excelente trato brindado y sobre todo por la excelencia adquirida, regresé porque tenía sed de trabajar y poner un negocio rentable en mi país y sobre todo de ejercer.

¿Cuáles son los mayores retos que ha enfrentado?

Bueno, los retos como estudiante, el estar fuera de tu país y la necesidad económica que lo agobia a uno más cuando es joven, el no saber los idiomas que se hablan en ese país y hablando ya como profesional es el atender a la familia y al mismo tiempo a tus pacientes, pues la verdad es bastante complicado porque hay que balancear el tiempo.

¿Qué obstáculos ha superado para ejercer en Nicaragua?

Son muchos la verdad, el más importante es el costo de las herramientas de trabajo, el no tener un quirófano completo para atender las demandas de los pacientes, debido a que uno trata de acomodarse con lo que se puede y con lo que el paciente puede pagar. Esta ciencia es bien costosa tanto en aparatos como en medicina y uno tiene que acomodarse al salario a veces del paciente, ya que muchas veces se hacen descuentos a personas de escasos recursos.

¿Cuántas personas trabajan actualmente con usted y cuantas clínicas atiende?

Conmigo trabajan dos personas que son mis dos hermanas, quienes hacen el trabajo de recepcionista y sobre todo son las administradoras de mis dos clínicas, las cuáles están ubicadas en Diriamba y Jinotepe.

¿Qué anhela en la vida?

Verdaderamente me siento feliz con todo lo que he logrado hasta ahora, pero uno nunca  termina de anhelar cosas y pues me gustaría seguir aprendiendo y si se da la oportunidad creo que lo haré, uno nunca se tiene que dar por vencido y tiene que saber que siempre hay algo que aprender.

Dicen que los diriambinos son más reconocidos por los apodos, ¿cuál es el suyo?

Me siento muy emocionado al responder esta pregunta, ya que popularmente mi familia es reconocida como los Chandines, o sea a mí me dicen Chandín, por mi papá y mi abuelito,  la verdad que no me molesta y para mí no es un apodo, pues nosotros en la familia lo tomamos como algo propio y la verdad  nos gusta.

¿Qué mensaje le brinda a los jóvenes?

Pues que luchen por lo que quieren, nada es imposible, que no se metan al mundo de las drogas que eso no deja nada bueno y que cuando uno se propone algo lo cumple sin importar cuántos obstáculos se le pongan enfrente, y que se hagan sus chequeos en la vista, ya que es un privilegio que el de arriba nos da y no lo podemos descuidar.

Un hombre culto

Francisco José Castro Gutiérrez
Edad: 45 años
Nacionalidad: Nicaragüense

El doctor Castro está felizmente casado. Habla español, inglés y ruso. Se considera privilegiado porque vive bastante ocupado y asegura que son pocos los momentos libres que tiene y lo único que hace es ejercitarse, estar con la familia el tiempo necesario y asistir al coro de la iglesia.

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