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Con una foto cortada por la mitad, un corazón roto con clavos y alfileres o una mujer comiendo helado de chocolate, de una y mil maneras se grafica una ruptura sentimental, uno de los dolores más grandes que experimenta el ser humano, comparado incluso con la muerte de un ser querido. 

Pero como ocurre en esta vida,  todo se supera y olvida. Claro está que cuesta y todo lleva su desarrollo, pero ¿por qué no ponerle una curita a ese corazón roto y animarte a salir adelante?

Helena López Casares, autora de “Y a ti también te han roto el corazón”, describe que cada ruptura es un proceso nuevo y que esta sensación no le pertenece a una edad ni a un momento en la vida, agregando que la experiencia golpea directamente nuestra necesidad de vincularnos, de obtener y dar cariño, y cuando esta necesidad se viene abajo nuestra autoestima se ve tocada y hundida. 

Contario como se piensa, el dolor no es proporcional a los años que tengás de relación, sino más bien está relacionado con otros factores tales como el grado de enamoramiento, la convivencia, la complicidad y la adoración que sentís hacia la otra persona. 

Eso sí, todos y cada uno de los que sufrimos una ruptura sentimental estamos sometidos a una serie de fases que según los expertos son similares a las de un duelo. En ocasiones, es incluso más doloroso que cuando alguien muere, ya que en esta situación la carpeta se cierra, mientras que en la ruptura sabés que la persona está ahí y muchas veces te la topás,  porque quizás trabajás con ella o tienen amigos en común, pero sabés que ya no pueden estar juntos, expresa Patricia Ramírez, especialista en trastornos de ansiedad y parejas.

El recorrido

Algunos autores y manuales hablan hasta de cinco fases para lograr superar una relación, teniendo en primer lugar la negación, donde no aceptamos que la relación está por finalizada y tenemos todavía esa leve esperanza que todo será como antes o incluso mejor. Después vendría la fase del enfado, donde se buscan razones de lo ocurrido, tanto en vos, pensando qué habré hecho mal  como en la otra persona.

La tercera fase es las negociaciones, donde ya empezás a buscar soluciones. Una cuarta nos hará pensar que estamos retrocediendo,  pues consiste en sentir dolor y tristeza en sí, pero es parte de la sanación, y la última es la aceptación,  donde ya está todo superado, donde también podés ver a tu ex y no se te mueve ni un pelo. 

Este tiempo de duelo puede durar hasta dos años, pero eso depende de la actitud que pongás, adelantando o retrasando el proceso, buscando siempre que lo sucedido no bloquee tus quehaceres diarios. 

Uno de los errores que se comete antes de cerrar esa herida por completo es tratar de recuperar lo que ya está  perdido, suplicando amor cuando la otra persona ya no te quiere, teniendo la errónea idea que las parejas son para sufrir y no para disfrutarse. De la misma forma podés obsesionarte con ella, buscando pruebas de cómo le va preguntándole a tus amigos, revisando sus redes sociales y buscando con quién se relaciona, empecinándote en ver si ya tiene su media naranja. 

No es necesario gastar energías en recuperar algo que no es para vos, mejor  buscá como recuperar tu vida, dejando de un lado de la dependencia. De hecho, para lograrlo, muchos aplican el viejo refrán “un clavo saca a otro”,  buscando cuanto antes otra pareja, cuando lo que están haciendo es sustituyendo el afecto que te falta, cuando el objetivo no es enamorarse otra vez, sino el de saber vivir con vos mismo, reaprender a disfrutar solo y saber sentirse bien estando así.

Mejor tomate un tiempo, el amor que buscás aparecerá de la manera que menos lo pensés.

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