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Año con año la intención es la misma, la motivación surge de una manera inexplicable cuando se comienza a respirar diciembre, los propósitos para año nuevo inundan la mente, la energía se transmite y lo único que se desea es ser diferente para el año que entra. Sin embargo, a veces estas frases solo quedan en la mente, son como aquellas palabras que se las lleva el viento, porque tales propósitos no se llegan a cumplir.

Pero, ¿sabés por qué no cumplís con tu palabra? Según la psicóloga Paola Marchena, la respuesta puede ser simple, pero compleja al momento de llevarla a la práctica. “No sabemos cómo empezar, muchas veces no sabemos ni cómo hacerle para saber qué es lo que necesitamos”, manifiesta Marchena. No obstante, para que te resulten esos propósitos que te trazás en mente, aquí te compartimos una serie de consejos para que organicés tus ideales con base en tu realidad.

Plan de vida

Para iniciar tus planes, tenés que trazarte un plan de vida. Este consiste en un proyecto que nos invita a llevar a cabo acciones que dan sentido a nuestra vida. Si sabés a dónde querés ir esto te va a dar seguridad, bajará tu ansiedad y no alimentará tu incertidumbre y en cambio, te guiará en la toma de tus decisiones. Pero ¿cómo le podés hacer?, la experta dice que a través de un proyecto de desarrollo y de crecimiento en las diferentes áreas de la vida. Esto te va a servir para tomar el control, la responsabilidad de la vida y promover un camino a seguir, hacia el logro de los propósitos antes propuestos.

En este sentido, lo primero que vas a necesitar es un espacio personal donde podás realizar una reflexión de tus pensamientos, sentimientos y de tus acciones. Los logros de esta acción van a hacer que identifiqués lo que necesitás y que detectés cuáles son tus problemas. Para ello, escribí en un papel lo que querés lograr, hacé una especie de programa y comenzá a poner en práctica los puntos más fáciles y conforme el tiempo, vas monitoreando tus avances.

El plan de vida implica un proceso de planear, establecer objetivos y metas con sentido para alcanzar las prioridades personales.

En el proceso, si hay algo que deseás modificar, comenzá de nuevo, se vale; sobre el camino llevá a cabo esas modificaciones que vas a ir experimentando sobre la marcha. ¿Cuándo tenés que empezar? La respuesta es desde ahora, asegura Marchena. Con este ejercicio vas a cerrar ciclos y vas a iniciar nuevas propuestas que te llevarán a conocer tus límites, fortalezas y áreas de oportunidad.

Las áreas o dimensiones sobre las que tenés que elaborar el plan de vida son: física (nutrición, ejercicio, verte bien), espiritual (contar con un refugio interno), laboral (desarrollo de talentos y áreas de oportunidad), relaciones significativas (jefe, amigos, pareja e hijos) y comunidad (bienestar común). El plan de vida se asemeja a un plan de vuelo. Es una fuente de información donde uno de los datos importantes es la ruta que el piloto propone volar.

En conclusión la finalidad de un plan de vida es crear escenarios para fortalecer nuestro potencial, reducir las debilidades, seleccionar oportunidades y reducir amenazas, culpas, identificar las discrepancias entre el deber ser, lo que somos y lo que quisiéramos ser, puntualiza Marchena.

 

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