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Hay que reconocerlo: existen padres que quieren más a un hijo que a otro, algo totalmente normal, de lo que no hay que sentirse culpable ni tener remordimientos, dicen los especialistas.

Una de las expertas que sostiene esta afirmación es la psicóloga infantil Laura Aut, quien dice que hay hijos que en un momento dado y por las circunstancias,  nos hacen sentir mejor, pero no debemos de confundir cariño con predilección.

A lo largo de la vida, los padres puden tener más afinidades con otro hijo, incluso relacionarse mejor o de manera distinta con ellos, son etapas que se viven, pero de las que hay que tener cuidado.

El blog de Papás y Mamás se remonta a las primeras civilizaciones para aclarar  que esta situación ya viene desde que el hombre es hombre, explicando que cuando ellos no podían mantener a todos sus descendientes, establecían una escala de preferencias, de forma puramente instintiva, privilegiando al que creían que tenía más probabilidades de salir adelante. En principio, se tendería a preferir a los varones, al tener más posibilidad de esparcir su semilla.

Estos modos de crianza cambiaron hace muchísimos años, ahora como orden general se piensa que el primogénito te convierte en mamá o papá, algo especial, además es el hijo con el que pasás más tiempo a solas. El segundo te enseña que podés querer a otro, y con menos ansiedad, y si nace el tercero, obviamente será el más protegido.

FÁCIL DETECCIÓN

Eso sí, cuando existen favoritismos por los hijos , ellos lo sienten a lo inmediato, sobre todo cuando sus padres le dicen: viste tu hermano hace los deberes mejor que vos o cuando  le regalan mejores  juguetes o le prestan más atención.

Es ahí cuando no solo se compromete la salud y bienestar del hijo "relegado", sino también se tambalea la estabilidad familiar.

Antes se pensaba que los padres querían más a sus hijos y las mamás a las niñas, pero  con los años, ese pensamiento está cambiando.

El primer paso es reconocer ante sí mismo que está pasando, mirar las causas que lo generan y buscar soluciones reales, por el bienestar de todos, aunque también hay que tener en claro que no hay que darle lo mismo a todos los hijos, ya que se actúa según las necesidades de cada uno en cada momento.

“Educar a tres hijos es como cultivar un cactus, una orquídea y una alegría. Cada planta necesita diferente cantidad de agua, sol y podar. Sería un desastre si diéramos a cada una lo mismo”, dice el escritor  norteamericano Phyllis Theroux.

"Los excesos de amor por uno de los hijos no generan problema de por sí. Es el descuidar los otros o hacer un trato marcadamente diferencial y negativo el que lo tiene", se explica en el blog Sura, dedicado al bienestar familiar.

La conducta favoritista puede cambiar ejercitando una actuación que luego se convertirá en rutina. Ejercitate diciéndo todas las cosas positivas posibles. Cuando hacen algo bien, cuando hacen un esfuerzo o  cuando se están divirtiendo.

También debés evitar comparaciones entre los hermanos para no agudizar las diferencias.

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