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Existe la idea errónea de que beber agua fría con cierta frecuencia, especialmente después de comer, propicia la aparición de enfermedades graves como el cáncer. Esta idea se debe a la mera especulación de que al tomar agua fría tras la comida, esta solidifica las grasas ingeridas, retrasando la digestión. Mucha gente cree que este proceso da origen a una serie de reacciones en el estómago e intestino, que desembocan en la aparición de células cancerígenas. Sin embargo, hay médicos especialistas que recomiendan el consumo de agua fría sobre todo después de hacer ejercicio, porque regulariza la temperatura corporal; así como otros médicos afirman que el consumo de agua fría obliga al cuerpo a gastar energía para calentarse y como consecuencia, se produce una pérdida de esa misma agua.

El aspecto que realmente influye en nuestra salud es la cantidad y calidad de agua.

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