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Si dejaste tus tenis para ir al gimnasio y no los volviste a sacar de ahí, tus fibras musculares empezarán a debilitarse y retendrás más líquido de lo normal, a causa de la falta de ejercicio.

Los efectos los sentirás y notarás paulatinamente. En los primeros 15 días de inactividad, tu forma física comenzará a disminuir de forma evidente y tu resistencia cardiovascular va a ser la primera en notarlo. Verás que esfuerzos que antes no percibías, ahora te hacen resoplar.

Dos semanas después percibirás que estás perdiendo la musculatura y resistencia que habías ganado, y lo peor, ganarás grasa, también peso y es posible que estés más estresado.

Los deportistas dicen que durante  el período de inactividad las células musculares no se convierten en grasa, sino más bien, las células del músculo que son completamente diferentes a las células de la grasa se vuelven más pequeñas porque  ahora no tienen una demanda y fuerza, es por ello que se produce un cambio de apariencia.

Esto ocurre a partir de la quinta semana,  cuando los músculos empiezan a reducirse, y entre más músculo se haya fortalecido, las consecuencias serán mucho más devastadoras.

Con varios meses sin entrenamiento, la vida sedentaria ha afectado a tu metabolismo, además de quemar menos calorías, es probable que  te sintás más fatigado durante todo el día. Tu corazón tiene que trabajar más duro con cada latido y tus pulmones no absorben tanto oxígeno como antes.  

Ya no se diga con un año sin ejercicio. En ese momento te has vuelto una persona sedentaria  y has ganado gran porcentaje de grasa muscular y enlentecimiento metabólico.

Los fisiólogos dicen que lo más que el organismo puede soportar sin hacer ejercicio son dos semanas, es decir, podrás volver a tu rutina en ese tiempo sin mayores contratiempos.

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