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Disfrutar de un día en la piscina es una de las mejores recreaciones que el cuerpo puede experimentar, pero siempre hay que estar pendiente de que el agua se encuentre en óptimas condiciones de higiene, porque suele suceder que por algún descuido o por pereza, algunas personas terminan haciendo “pipí” en las aguas de la piscina, cuya combinación puede desembocar en un problema de salud para quienes se encuentren dentro de la alberca también.

INVESTIGACIÓN

De acuerdo a una investigación publicada en el portal Salud Medicinas, aunque para muchos parezca un acto inofensivo, orinarse en las aguas produce sustancias que pueden causar diversas infecciones. La explicación está en que quienes se encargan de la purificación del agua utilizan sustancias que al contacto con ciertos elementos, pueden dañar la salud. Los desinfectantes comúnmente usados son cloro y bromo, los cuales producen a su vez otras sustancias llamadas subproductos, que al combinarse con materia orgánica proveniente no solo de la orina, también de sudor, células de la piel, cosméticos, perfumes e incluso, cabello, provocan cambios tóxicos en los genes de los nadadores.

Además de alterar genéticamente al individuo, la exposición a la mezcla de orina y cloro (ya sea a través de la piel o por vía de inhalación) tiene efectos respiratorios, entre ellos, mayor riesgo de sufrir asma. Para controlar el nivel de organismos peligrosos (patógenos microbianos) en el agua de las piscinas, regularmente se usa hipoclorito sódico, compuesto que puede sufrir cierta reacción al contactar con otros elementos químicos, en especial, nitrógeno. Cabe señalar que la orina y el sudor son fluidos que contienen urea, algunos aminoácidos, creatinina, ácido úrico y nitrógeno.

Es natural, por tanto, que investigadores chinos y estadounidenses aseguren que un 93 por ciento del ácido úrico en las piscinas proceda de la orina, pues cada vez que una persona se “ahorra” la visita al baño, deja en el agua entre 27 y 217 mililitros de líquido amarillo, en promedio. Especialistas en neumología aseguran que el riesgo de asma puede aumentar hasta 60 por ciento cuando la exposición al cloro es intensa y prolongada, especialmente si se trata de niños y nadadores profesionales.

PRECAUCIÓN

En personas que nadan con los ojos abiertos pueden surgirles desde pequeñas molestias derivadas del efecto irritante que tiene dicha sustancia sobre la conjuntiva ocular hasta graves infecciones en los ojos; por eso es recomendable protegerse la vista, usar gorros y pasar por la regadera antes y después de salir de la piscina.

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