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De acuerdo con datos de estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anualmente se presentan 37 mil nuevos casos de cáncer, siendo un porcentaje de 6,500 correspondientes a problemas de salud en la piel. Por eso, la dermatóloga Fernanda Pérez aconseja estar atentos y monitorear la aparición de nuevos lunares y examinar cualquier cambio de apariencia que hayan experimentado estos.

Según explica la especialista, un lunar es una lesión benigna formada por las células que sintetizan el pigmento de la piel o melanocitos. Se manifiestan habitualmente como una mancha en la piel de color marrón o negro de pequeño tamaño (de medio a un centímetro), expresa. Hasta ahora, se desconoce a ciencia cierta los factores implicados en  la aparición de los lunares tanto congénitos como adquiridos y se considera que el número y tipo de lunares viene determinado genéticamente. No obstante, la exposición solar es otro factor que puede influenciar en el número de lunares que aparecen a lo largo de la vida de cada individuo.

Precaución

“Bajo el sol, siempre hay que tomar precauciones”, manifiesta Pérez. La explicación está en que la exposición al sol y a los rayos UV incrementa el riesgo de que los lunares y manchas puedan convertirse en una lesión cutánea que de paso propicia el desarrollo de cáncer de piel. Cada año, el sol incrementa sus efectos dañinos sobre nuestra piel. La capa de ozono cada vez más debilitada, hace que estemos expuestos a permanentes radiaciones solares muy nocivas. Exponerse en exceso al sol aumenta el proceso de envejecimiento, hace aparecer más manchas, más arrugas, resequedad y lesiones irreversibles, según argumenta la dermatóloga.

Revisión

“Dicen los expertos que, en promedio, una persona tiene alrededor de 20 lunares en rostro y cuerpo, y mientras más lunares se tengan, más posibilidades de desarrollar cáncer de piel hay”, insiste la doctora. Por eso, es clave monitorearlos a través del método ABCDE. La letra A, representa a los de asimetría, un lunar que no tiene su forma definida, el grupo B, lo conforman los lunares cuyos bordes son irregulares, el C corresponde a los lunares de diferentes colores: marrón, rojo, blanco, etc.  El conjunto D de diámetro se inclina por los lunares que miden más de  6 milímetros y el grupo E de evolución se refiere a si el lunar ha cambiado de tamaño, grosor o color. Cabe destacar que nada reemplaza la consulta a un dermatólogo, pero cada uno puede hacer prevención. “Si el diagnóstico es temprano, las oportunidades de tratar el problema con éxito se multiplican”, insiste la dermatóloga.

5 datos que te sirven de alerta

A) Asimetría
Si un lunar es redondo y simétrico (con forma) es un lunar benigno. Un lunar sin forma debe ser evaluado.

B) Bordes irregulares
Un lunar benigno tiene sus bordes claros y regulares. En cambio, el maligno tiene forma de “picos irregulares”.

C) Color
Se refiere a los cambios de color o la presencia de 2 o más colores que pueden alertarte sobre la condición del lunar.

D) Diámetro
Si el tamaño del lunar es superior a 6 milímetros, debés de aclarar tus dudas con un dermatólogo.

E) Evolución
Equivale a cualquier cambio reciente en cuanto a tamaño (ancho), color o espesor. No olvidés consultar a un profesional.

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