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¿Has sentido que con determinados alimentos comés, comés y comés, y nunca te sentís lo suficientemente llena o al menos satisfecha? Otras veces, podés sentir que aunque comás y te llenés, la sensación de hambre vuelve de manera inesperada en solo unas cuantas horas. La explicación a estas sensaciones nos las aclara la dietista, máster en nutrición aplicada, Martha Justina González, quien refiere que algunos nutrientes de los alimentos o meriendas que consumimos posiblemente sean las causas de nuestra inconformidad en la saciedad de nuestras comidas. 

Al consultarle a la dietista sobre por qué ocurre este fenómeno, la experta aclara que existen varias razones, pero destaca que los alimentos que causan estas sensaciones son los que contienen poca fibra, proteína y un alto índice glucémico. González explica que por ejemplo la fibra contenida en vegetales crudos y frutas en su forma natural, en el salvado de trigo, en avena integral, linaza o chía, “tienen un vaciamiento gástrico más lento, porque el estómago tarda más tiempo en digerirlo. Sin embargo, cuando el estómago está distendido por la presencia de alimentos, la sensación de hambre no aparece rápidamente”, manifiesta la especialista.

Proteínas

Alimentos con poca fibra, proteína o con un alto índice glucémico, provocan que tengamos hambre aunque hayamos comido”. Martha Justina González, Dietista.

Ahora bien, las proteínas como el queso, carne, leche, huevos, pescado, pollo también contribuyen a la sensación de saciedad. No obstante, la dietista afirma que el índice glucémico alto de algunos alimentos puede ser el factor más importante  en la sensación de hambre que algunas personas experimentan aún después de comer. El índice glucémico se refiere a la elevación de la glucosa en la sangre como respuesta a la ingesta de alimentos. El pan blanco, las galletas, el arroz blanco, la pasta blanca, los refrescos azucarados; son algunos alimentos con alto índice glucémico.

“La elevación de la glucosa en la sangre que esto provoca, estimula grandemente la secreción de insulina, hormona que el cuerpo utiliza para metabolizar el azúcar obtenida de los alimentos. Esos niveles de insulina hacen descender rápida y bruscamente el nivel de azúcar en la sangre (hipoglucemia), lo que provoca la sensación de hambre. Cuando la persona vuelve a comer alimentos de alto índice glucémico (repostería, galletas, gaseosas o refrescos), se establece un círculo vicioso que conduce a la obesidad y la diabetes”, detalla González. 

Para evitar esta sensación, la experta aconseja que hagás comidas pequeñas y frecuentes, porque también las comidas copiosas o abundantes pueden estimular la secreción de grandes cantidades de insulina. Los alimentos más recomendables por ejemplo, son los ricos en fibra como frutas y vegetales crudos, en su forma natural no en jugos, y los preparados en ensaladas; al igual que el consumo de avena integral, pasta integral, proteínas de carnes magras, pollo sin piel, pescado, quesos, leche y yogur bajos en grasa. 

  • 1 consejo es hacer comidas pequeñas y frecuentes, para evitar la estimulación de grandes cantidades de insulina.
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