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Orlando Juan Garita García es un hombre creyente y agradecido con Dios, porque le permitió, en medio de la pobreza, cumplir su deseo de ser médico. A los 18 años empezó como afanador de limpieza en un hospital y de allí le nació su interés por la medicina, lo que le motivó a estudiar enfermería profesional en la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) y después ingresó a la facultad de medicina de la Universidad Popular de Nicaragua (UPONIC), donde se graduó de médico general con especialidad en  medicina naturo ortopática. También cursó estudios en medicina del deporte y  entrenamiento en neuropsiquiatría.

Tiene 59 años, de los cuales 41 los ha pasado en pasillos de hospitales, centros de salud y los últimos 18 años entre el  instituto neurológico, de deportes y  su clínica privada, Bethel, ubicada  en el barrio María Auxiliadora.  Allí, él atiende pacientes con todo tipo de enfermedades infecciosas,  neurológicas, hipertensión, diabetes, estrés, post infarto por derrame, insuficiencia renal crónica y otras.

¿Qué es lo más común que atiende en su clínica?

Aquí viene mucha gente con problemas de diabetes, que es una pandemia mundial, de cada cuatro pacientes que uno atiende, uno es diabético, antes esta enfermedad era más común en personas mayores de edad, pero ahora se están diagnosticando muchos casos de jóvenes de 20 y 30 años con diabetes. También hay caso de personas que vienen con enfermedades virales, sicosomáticas,  mal de los riñones, otros con pie diabético,  y yo me coordino con otros médicos y hasta se los llevo yo mismo, porque lo importante es que no lo amputen.

¿A qué se debe el aumento de diabetes en jóvenes?

Es la alimentación.  Muchos no nos cuidamos y ahora con el modernismo, bastantes jóvenes están hasta la una o dos de la mañana pegados a un celular y no duermen,  y luego tienen que ir a trabajar, entonces el estrés, sobrepeso y sedentarismo, los afectan.

¿Cómo fue su experiencia en medicina deportiva?

Fui médico de la selección nacional de beisbol, de atletismo, y también atendía a los boxeadores. Anduve unos cinco años con ellos, fuimos a toda Centroamérica y una vez a Belice. 

¿Qué dificultades ha enfrentado en su labor profesional?

A veces hay personas que no quieren ajustarse al medicamento, son difíciles,  y hay que hablar con ellos, porque cuando uno escucha al paciente, él siente que es una persona importante y cuando el paciente siente que lo aman, se recupera.

¿Alguna persona ha rechazado su atención por su creencia religiosa?

Yo soy evangélico, de la Iglesia Bethel. Lo que me interesa en el momento es el paciente, y yo le digo: ‘Mirá, estas en una condición que solo Dios te puede ayudar, quiero orar por vos, necesito que te recuperés en el nombre de Jesús’, y al ver que el paciente acepta, entonces el Espíritu Santo toma el control de los demás.

¿Un recuerdo de su infancia?

Cuando estaba chavalo, yo jugué trompo y de todo en la calle, me acuerdo que mi mamá me ponía mi pantaloncito azul y camisa blanca bien planchadita y mi bulto de cuero crudo con mis cuadernos en  la espalda y caminaba bien catrín, aunque descalzo, pero feliz.  Allí es donde la vecina decía “!adiós doctorcito¡”,  era como un sueño de niño y lo logré,  en el nombre de Jesús.

¿Hasta qué edad usted usó zapatos?

A los 14 años, en esa época era muy común andar descalzo, yo era un “concierto” o campista, arreaba las vacas  de doña Julita Dolores. Todos los días, a las 5:30 de la mañana iba con el ganado al potrero y a las 7 ya estaba en clases y después, por la tarde, lo iba a traer para donde mi patrona.

¿El momento de mayor alegría en su vida?

Yo fui el hombre más feliz cuando me recibí de doctor, porque tenía el gozo de poder ayudar un poco más a la población y así lo estoy haciendo. 

¿Cuál es su lema?

Esto no termina aquí, sigue adelante, recordemos que no estamos solos,  tenemos un pastor que camina con nosotros, Jesucristo.

¿Qué opina de la muerte?

Pablo dijo: “para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia.”

¿Cómo quiere que lo recuerden a usted?

Hay que caminar en integridad y obediencia para que la familia, los hijos y gente lo recuerde a uno. 

¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

Me gustan los congresos y le pido al señor que donde me inviten allí voy y la educación continua. Añoro bastante mi pueblo, Nandasmo, me gusta ir a caminar por sus calles, sentir su tranquilidad, su paz…

¿Qué héroe de ficción tenía en su infancia?

Cuando era chavalo, pagaba un chelín  para ir a ver los muñequitos (dibujos animados) en el televisor en blanco y negro que tenía una señora, y también leía pasquines (caricaturas), a mí me gustaba “La Mole”, de los 4 Fantásticos.

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