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De los beneficios de tener un cachorro se dice mucho, por ejemplo numerosos estudios han demostrado que las personas que tienen un perro consiguen dormir mejor por la noche y se enferman con menos frecuencia, hay quienes afirman que los dueños de mascotas tienen ligeramente más bajo el colesterol y por ende, más probabilidades de sobrevivir a un ataque al corazón e incluso una investigación demostró que los amigos caninos tienen la capacidad para oler el cáncer en el cuerpo humano.

Un artículo del British Medical Journal, reportó que más de un tercio de los perros que viven con personas diabéticas muestran cambios de comportamiento cuando caen los niveles de azúcar en la sangre de sus propietarios, incluso antes de que los propios pacientes fueran conscientes de ello.

Es así como la compañía de un canino puede traer muchos beneficios a tu vida y la de tu familia.

La psicóloga María Auxiliadora Alfaro, directora del Centro de Desarrollo Psicosocial “Ignacio Martin Baró”, admite que en edad temprana, una mascota puede ayudar a un niño a crear un vínculo emocional hacia los demás. En la adolescencia, puede facilitar el proceso de individuación y transición a la vida adulta, al ser un soporte emocional y en la tercera edad, adquiere un valor social, ya que facilita la interacción de los mayores, así como pueden retrasar el desarrollo de demencias según los expertos en estas áreas.

Aún con sus tantos beneficios, la especialista aclara que una mascota no debería sustituir a una persona, ya que ningún ser humano puede ser sustituido, ni siquiera por otro de su misma especie.

Sin embargo expresa que muchas personas prefieren vivir con un perro y no con otras personas por muchas razones, entre ellas puede ser la racionalización de las decepciones o pérdidas humanas que han sufrido en su vida.

“La fidelidad mostrada por un perro optimiza la preferencia por ellos, sobre todo en personas que desean siempre ser el centro de atención, pues el afecto mostrado por ellos “alivia” las carencias afectivas no cubiertas por los humanos, cuando vivimos solos o bien cuando las relaciones familiares se han deteriorado tanto sintiendo que, al volver a casa, el único que se alegra de su vuelta y les recibe alegremente, no es el cónyuge o los hijos, sino el perro” reconoce Alfaro.

No obstante, la psicóloga recuerda que tener un perro –comprarse o regalarse un animal de compañía- no debería ser jamás un capricho ni de niño, ni de persona mayor.

Ya que para un perro el vínculo afectivo con sus dueños es mucho más importante que para cualquier otra mascota.

De acuerdo a la especialista es en la interacción con sus dueños que “los perros desarrollan un vínculo afectivo importante y recíproco, facilita el sentido de pertenencia de la mascota al núcleo familiar y de aceptación de este por parte de sus, de la misma forma que los bebés lo hacen con sus padres”.  

Alfaro concluye que los perros confían mucho más en los humanos que en los de su propia especie a la hora de buscar afecto y protección, por ende están sujetos a una convivencia familiar sana e integradora.

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