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En nuestro entorno la relación entre “alimentación” y “salud”, aunque parezca extraño, es bastante reciente. En épocas anteriores nuestros antepasados comían simplemente “lo que podían”, sin entrar en discriminaciones de ningún tipo y por supuesto sin relacionar la alimentación más que con una estrategia de supervivencia y no como un determinante de la salud presente y futura.

Es necesario por lo tanto, plantear la necesidad de adquirir conocimientos y recibir información sobre la alimentación y los alimentos. En definitiva: “Aprender a Comer”. Así podremos decidir con solvencia sobre los dos aspectos claves y transcendentes de nuestra gestión alimentaria y de ese modo orientar esta hacia la mejora de nuestra salud: qué comemos y en qué cantidad.

En estos dos aspectos se puede prácticamente resumir lo que es una alimentación sana, siendo el primero el que requiere lo que podría ser un aprendizaje y el segundo una adaptación o pequeño esfuerzo, y ambos conjuntamente una atención y un “estar pendiente” como de tantas otras cosas en nuestra vida.

La complementariedad de los alimentos

Los nutrientes son aportados por la totalidad de los alimentos, no existiendo un alimento completo, y si una complementariedad entre todos ellos. Precisamente esto hace que sea necesario ingerir de forma consciente y premeditada una variedad y combinación de los mismos que de forma equilibrada aporten todo lo necesario.

Independientemente de la función puramente energética los alimentos tiene una capacidad “funcional”, es decir, deben aportar algo más para que al consumirlos se provoquen mejoras en determinadas funciones y en nuestro organismo en general, llegando incluso a actuar como preventivos y a veces como tratamiento de diferentes enfermedades.

Hoy día sabemos que nacemos con una determinada dotación genética, que llamamos “genoma” y que podría ser una especie de “hardware” en nuestra herencia genética, pero al mismo tiempo tenemos un “epigenoma”, a modo de “software” que en cierto modo es modificable y puede determinar en mucha medida la expresión de enfermedades presentes y futuras.

Y también sabemos que una de las circunstancias que interviene en la modificación positiva o negativa de ese epigenoma es la alimentación que llevemos a cabo en nuestra vida.

Grupos de alimentos

Los alimentos se clasifican en energéticos, plásticos y reguladores y atendiendo a estas propiedades los clasificamos en siete grupos: 1.- Lácteos (leche, queso, yogurt), 2.- Carnes, pescados, huevos, 3.- Papas, legumbres, frutos secos, 4.- verduras y hortalizas, 5.- Frutas, 6.- Cereales y azúcares y 7.- Aceites y grasas.

Una alimentación sana y saludable en primer lugar debe combinar varios alimentos de cada uno de los 7 grupos en una determinada secuencia y sencilla organización que establece la clave “cualitativa” de la alimentación.

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