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Nuestro cuerpo va formando su estructura y definiendo sus funciones en el proceso de crecimiento y desarrollo, que comienza en la gestación  y se extiende hasta fines de la adolescencia. Así, la fase más importante en la que más deberemos esforzarnos por brindar los mejores cuidados, es la que abarca nuestros primeros “1,000 días de existencia”: desde la concepción dentro del vientre hasta los primeros dos años de vida, según explica el pediatra Leonel Palacio del Carmen. Para aclarar, en estos primeros mil días se cuentan las 38 semanas de embarazo y los 730 días que componen los dos primeros años después del nacimiento del bebé, y son literalmente, los pilares en donde se definirá su salud y su desarrollo cognitivo.

El experto señala que el desarrollo cerebral y biológico durante los primeros años de vida dependerá en gran medida del entorno del lactante. El riesgo de padecer enfermedades no transmisibles como obesidad y diabetes, así como enfermedades cardiovasculares e hipertensión, tiene una estrecha relación con la alimentación que la madre brinda a su bebé durante los primeros mil días de su vida. A esta relación se le denomina “programación metabólica”. Desde el punto de vista nutricional, el cerebro tiene necesidades específicas como hierro, colina, ácido fólico, zinc, yodo y ácidos grasos de cadena muy larga.

De acuerdo con Palacio, estudios recientes presentados en junio, durante el Congreso de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (Espghan, por sus siglas en inglés), relacionan la alimentación materna y el consumo de proteína con la “programación metabólica”; por lo que es crucial que la madre desde el inicio del embarazo ajuste su consumo diario de este componente y otros nutrientes, así como asegurar de que su bebé tenga el consumo adecuado de los mismos a través de la leche materna, cuyo alimento le brindará las cantidades apropiadas de proteína y todos los nutrientes necesarios para un desarrollo óptimo.

Proteínas

“Las proteínas son necesarias para la vida desde el momento de la gestación. Durante los nueve meses del embarazo, el feto las recibe a través del cordón umbilical y después del nacimiento, las obtiene de la leche materna. Por esta razón, es importante que la madre mantenga una alimentación completa y balanceada. De esta forma, el bebé recibirá los nutrientes que requiere para su adecuado crecimiento”, explica el pediatra especialista en Nutrición y Gastroenterología.

Comparado con los requerimientos de un adulto, un bebé necesita mayor aporte proteico en relación a su peso corporal para asegurar su crecimiento.  La cantidad es proporcional a su peso, estatura y masa corporal, señala el pediatra. En caso que un bebé consuma un aporte excesivo de proteína durante los primeros meses de vida, se altera su metabolismo, estimulándose actividad hormonal que favorece un crecimiento acelerado, acumulación de tejido graso, sobrepeso y obesidad.

Nutrición

Introducir  alimentos complementarios antes de los cuatro meses de edad no tiene ningún  efecto benéfico para el niño y por el contrario puede representar un riesgo para la salud más tarde en la vida, asegura Palacio. Igualmente, retardar la introducción de alimentos complementarios después de los seis meses puede llevar  a deficiencias nutricionales.  La alimentación complementaria debe iniciarse con la introducción progresiva entre los 6 y 7 meses de edad con diversos alimentos como: frutas, cereales, verduras amarillas y verdes, carnes rojas, pescado o pollo. Posteriormente, se introducen  leguminosas o granos como frijol y lenteja, huevo y derivados lácteos como queso o yogurt. Debe evitarse la introducción de leche entera antes del año de edad.

También, hay que recordar que el periodo crítico de aprendizaje de  la masticación se encuentra entre los 6 y 9 meses de edad, y no enfrentar al bebé al reto de masticar durante este periodo se corre el riesgo de cerrar esta ventana de oportunidades y con ello, la construcción de ciertos hábitos relacionados con la masticación, tales como adquirir el gusto por diversos sabores, olores y texturas. A partir del año de edad el niño debe participar de la alimentación familiar.

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