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Ana Patricia Castaneda Aguirre es salvadoreña de nacimiento, pero nica de corazón, porque desde niña llegó a tierras pinoleras. Desde muy pequeña sabía que algún día sería odontóloga, ya que mientras sus hermanos rehuían y salían llorando del consultorio, ella era la única  a la que le gustaba ir seguido al dentista porque en la clínica dental había una máquina de palomitas de maíz y cuando el pacientito se portaba bien, le daban una bolsa de palomitas.

“Desde pequeña me gustaba ir al dentista, yo siempre salía feliz del consultorio,  me gustaba ese olor característico  a Eugenol, un aceite que se usaba antes en los consultorios dentales”, recuerda.

Por esa razón, cuando se bachilleró en el colegio Centro América, donde realizó todos sus estudios, no la pensó mucho y escogió Odontología como carrera profesional, la que estudió en la Universidad Americana (UAM), de donde  egresó en el año 2000 y continuó estudiando diplomados de Endodoncia,  Implantología y otros cursos.

Actualmente la doctora Castaneda, en sociedad con una compañera de estudios, que es ortodoncista, tiene su clínica privada, donde  brinda atención a niños, jóvenes y adultos en todo tipo de tratamientos dentales, desde radiografías, restauraciones, reconstrucciones dentales, blanqueamientos, limpieza, coronas, puentes, prótesis fijas y removibles, endodoncias, cirugías de cordales y otros.

¿Qué tipo de servicios son los que más le demandan?

La gente demanda mucho la estética,  y a veces primero tienen que sanar su boca, rehabilitarla por completo.

¿A qué cree que se debe que hay gente que siente temor de ir al odontólogo?

Creo que a las experiencias pasadas, vividas, o a lo que se escucha muchas veces de la clínica dental, el mayor temor se debe a las experiencias (malas).  Para que el paciente  no se asuste, primero debe  conocer el consultorio, acostumbrarse al doctor para entrar en confianza.

En este momento, ¿qué es lo más avanzado en tecnología odontológica?

Hemos avanzado mucho en tecnología, tenemos aparatos modernos, como un robotito que hace coronas de porcelana en horas,  lo que antes un técnico dental se podía tardar un día, ahora la máquina la hace para que el paciente solo llegue al consultorio, espere un poco, se le pone la coronita y ya se va con ella puesta.

¿En qué otro aspecto se ha avanzado?

El odontólogo también ha cambiado, ahora hay mejor trato al paciente, el paciente va sintiendo cada vez menos temor de ir al  consultorio, siente menos temor de ver aparatos que antes los asociaba con el dolor, como el ruido de la turbina, que  ahora ya casi no se escucha porque son turbinas más silenciosas.

¿Cómo valora usted su profesión?

Es una profesión con la que estamos devolviendo  a los pacientes la  salud y a la vez, mejoramos su autoestima.

¿Cuál es el secreto de una sonrisa perfecta?

El cuidado que se le dé a la misma sonrisa, la importancia que se le dé no solo en tener una sonrisa perfecta, sino que haya armonía, o sea, que esté sana y que a la vez tenga una sonrisa agradable, porque a veces tenemos una sonrisa perfecta, pero al verla de cerca hay mucho que hacer, no solo en lo estético sino en lo funcional.

¿Cuál es el caso más difícil que  le ha tocado atender?

Atender un paciente muy temeroso, es algo muy difícil, pero con trato vamos logrando poco a poco que se sienta más confiado.

¿Si en Nicaragua no hubiese existido la carrera de Odontología, qué otra habría estudiado?

Tal vez Veterinaria, me encantan los animales, ese es el pasatiempo que me lleva a perder más tiempo, porque allí ando recogiendo  animales, sufriendo por los animales que andan en la calle. Antes era más recoge perros, ahora me he calmado en eso, creo que sí, Veterinaria sería mi segunda carrera.

¿Qué le falta por conocer de Nicaragua?

Ando por todos lados y casi conozco todo el país, exceptuando el Caribe, la Costa Atlántica, me encantaría conocerla, creo que por falta de tiempo no la conozco aún, eso es algo que tengo pendiente.

¿Cada cuánto tiempo visita El Salvador?

Pocas veces, una vez al año, mi mamá vive allá y viene cada mes.

¿Qué es lo que más le gusta de su tierra natal?

Lo cálido de la gente, el salvadoreño es bien cálido  y aunque ahora hay mucha inseguridad, a veces el ombliguito te llama.

¿Qué es lo que más aprecia de las personas?  

Su honestidad, su honradez.

¿A partir de qué edad atiende a los niños?

De 5 años en adelante  ya los atiendo,  cuando están muy pequeños se refieren a un odontopediatra, porque ya requieren otro tipo de abordaje.

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