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A diario, a muchas personas les pasa que después de almorzar caen en un estado de somnolencia que, en muchos casos, les deja un buen tiempo sin producir como quisieran y que por más tazas de café que tomen, estas no logran levantarle las energías necesarias para reincorporarse a su trabajo. Afortunadamente existen otros alimentos que ayudan a contrapesar este decaimiento.

“Existen elementos nutricionales que tienen importantes efectos positivos sobre la actividad mental a corto plazo, como la feniletilamina; otros cuyos principales beneficios se advierten a largo plazo, como los ácidos grasos omega 3 y omega 9; y los antioxidantes en general, que logran objetivos positivos a corto y largo plazo”, según explica la nutricionista Ana Cristina Gutiérrez.

Mucho ojo

De esta forma, si la meta es mejorar el rendimiento laboral inmediato, se debe tener claras las diferencias. “Por ejemplo, aunque el omega 3 es recomendable, no tiene un impacto inmediato en el organismo, es decir, no funciona para despertar después del almuerzo, pero a largo plazo sí permite mejorar la comunicación neuronal”, afirma la especialista. Sin embargo, asegura que hay cuatro alimentos infaltables para mejorar la eficiencia intelectual después del almuerzo: chocolate negro, té verde y té negro, galletas integrales y agua.

La experta explica que el chocolate negro favorece la eficiencia laboral al inducir un buen estado de ánimo, ya que aporta feniletilamina, una sustancia psicoactiva estimulante asociada a sensaciones de placer. El té verde y el negro contienen grandes concentraciones de L-teanina, que además de tener efectos antioxidantes regula los niveles de dopamina y serotonina a nivel cerebral, calmando la ansiedad y mejorando la capacidad de concentración.

Las galletas integrales contienen carbohidratos de absorción lenta que favorecen el ingreso paulatino de fuentes energéticas al organismo. Gutiérrez destaca que estas aportan vitaminas del complejo B, requeridas para los procesos metabólicos que permiten la comunicación neuronal, como el zinc, requerido para la actividad mental, y el magnesio que reduce la ansiedad. Y el consumo de agua, según organizaciones internacionales debe ser de dos litros a diario, siendo vital para la mantención de una dieta alimentaria saludable y, con ello, un buen funcionamiento neuronal, dice la nutricionista.

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