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Cuando se acerca el verano se piensa en una temporada de calor y con ello, en la necesidad de salir a refrescarse al mar, y esto a la vez deriva en los cuidados que se deben tener no solo con la piel, sino con la vista también. Una exposición prolongada al sol sin la correcta protección puede llegar a producir quemaduras en la córnea (fotoqueratitis) o daños en la conjuntiva que se presentan como fotofobia, ojo rojo o lagrimeo, según señala Raquel Tapia Escobar, oftalmóloga de la Clínica Tapia y Especialidades.

Los ojos son uno de los órganos más pequeños, pero también más delicados de nuestro cuerpo. Trabajan en coordinación con el cerebro para interpretar el tamaño, la forma, el color y la textura de los objetos que nos rodean. De acuerdo con la experiencia de Tapia, el 95 por ciento de la población considera que es el sentido más valioso y aquel cuya pérdida resultaría más grave. Sin embargo, expresa que más de la mitad de la población no se ha sometido a un examen visual exhaustivo en el último año. A continuación, la especialista nos comparte una serie de cuidados que debemos tener en este verano para proteger nuestra vista.

Hidratación

Nuestros ojos, al igual que nuestra piel necesitan de cierta humedad para mantener su equilibrio. El ojo está protegido por las lágrimas que lo hidratan y lubrican, además de limpiarlo de la suciedad y de otros irritantes que atraviesan la primera línea de defensa de las pestañas y los párpados. Cada vez que parpadeamos, los párpados lubrican la córnea (parte frontal del ojo), extendiendo una capa de lágrimas sobre ella. Ante la exposición solar y con esta temporada de vientos, nuestros ojos tienden a resecarse, de ahí que sea necesario humedecerlos de vez en cuando, y más si solemos padecer de cierta sensibilidad en ellos. “No cuesta nada llevar con nosotros unas lágrimas artificiales o gotas recetadas por el oftalmólogo”, aconseja Tapia

Contra los vientos

Nuestra herramienta más poderosa para hacer frente a los posibles problemas oculares provocados por el viento se resuelve con ponernos unas gafas de sol grandes y envolventes que protejan los ojos en su totalidad, de esta forma podremos combinar moda y salud visual. El viento es uno de los agentes que generan sequedad ocular, molestias, escozor y picores de ojos de forma más frecuente. “En estos casos, resulta fundamental no frotar el ojo y lavarlo con suero fisiológico o colirios de lágrima artificial y si se siguen notando molestias, lo mejor es acudir al oftalmólogo”, dice la especialista.

“Es imprescindible elegir correctamente las gafas de sol. Hay que cuidar que estén homologadas y que el cristal sirva de barrera de los rayos ultravioleta”, aconseja Tapia y agrega que no debemos limitarnos únicamente a buscar el sentido estético, las gafas deben ajustarse bien a nuestro rostro y estas no deben ser muy abiertas de los lados para que no dejen entrar el sol. “Mirá que te caiga bien en la nariz y recordá que debés llevarlas durante todo el año, porque siempre hay sol. Otra opción, es llevar al mar una visera o una gorra para que la protección sea más efectiva”, sostiene.

Gafas en la piscina

Es muy importante usar gafas de piscinas. Estas deben de ser correctamente selladas para evitar que el agua clorada o salada, se cuele e irrite los ojos, además que estas permiten ver claramente bajo el agua. Eso sí, expone Tapia, estas solo pueden ser usadas pocos metros bajo la superficie, debido a que cuanto más profundo se encuentren, más será la presión sobre la cara.

Lentes de contacto

Los lentes de contacto no restringen la visión como los lentes tradicionales, sin embargo, los usuarios deben tomar precauciones especiales para evitar complicaciones. “Los lentes de contacto necesitan una serie de productos para su conservación y cuidado. Entre las medidas de precaución, no se pueden colocar en contacto con el agua de la llave y menos bañarse con ellos en piscinas, mares o ríos”, advierte la oftalmóloga.

Alimentación

Los nutrientes que más favorecen la salud de nuestros ojos están relacionados con las frutas, las verduras, los aceites de pescado y los aceites vegetales, algo que se asocia con una dieta sana, más vegetariana que animal. Por lo tanto, las dietas pobres en estos alimentos y ricas en grasas saturadas, azúcares y proteínas (que favorecen la obesidad, la hipertensión arterial, la diabetes y las hipercolesterolemias) son las que se relacionan con el envejecimiento prematuro ocular.

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