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Los frutos secos son las semillas de algunos árboles contenidas en una cáscara dura y se caracterizan por su bajo contenido en agua y por su riqueza en grasas saludables.

En este grupo de alimentos se incluyen las nueces, las almendras, las avellanas, los piñones, los anacardos, los pistachos, las nueces y de Macadamia.

De acuerdo con Anabel Aragón, responsable de Nutrición y Salud de Nestlé, la recomendación de consumo de frutos secos es de al menos unas tres veces a la semana en pequeñas raciones, esto es, aproximadamente 30 gramos, lo que equivale a un “puñadito”.

También se pueden consumir a diario, para lo que es aconsejable evitar aquellos que lleven azúcar o sal añadida.

Entre sus aportaciones nutricionales, destaca la fibra, las vitaminas y los minerales, y muchos de esos componentes tienen propiedades antioxidantes, como la vitamina E, el manganeso, el selenio y algunas sustancias fitoquímicas.

“Los frutos secos son alimentos de alta densidad energética por su elevado contenido en grasa, con la particularidad de que esa grasa es cardiosaludable, ya que es insaturada, aunque la calidad varía de unos a otros: las grasas de las nueces son más insaturadas que las de las avellanas y las almendras”, explica esta experta en nutrición.

Los frutos secos nos ofrecen muchas posibilidades para incorporarlos en la dieta de manera creativa, ya que pueden combinarse muy bien con alimentos dulces y salados.

Estos son algunos platos sencillos que pueden prepararse con frutos secos para dar un toque más crujiente a nuestras comidas:

• Ensaladas variadas con nueces y pasas.
• Salteados de verduras con nueces y almendras.
• Salsas con frutos secos molidos, como el pesto.
• Pollo con almendras.
• Y de postre… yogur griego o ensalada de frutas con nueces y batido de leche con nueces, manzana y canela.