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La hepatitis viral es una de las principales causas de muerte a nivel global. Produce alrededor de 1.34 millones de fallecimientos al año, una cifra comparable a la del VIH, la tuberculosis o la malaria, según indica la Alianza Mundial contra la Hepatitis.

“La hepatitis viral no se encuentra en un lugar concreto o entre un determinado grupo de individuos, sino que puede afectar a millones de personas incluso sin que ellas lo sepan. De hecho, sólo el 11% de quienes viven con hepatitis viral son conscientes de su situación. 

Esto puede llevar al desarrollo de enfermedades graves del hígado y en algunos casos, a transmitir la infección a otros sin saberlo”, apunta.

No obstante, esta entidad subraya que, gracias a la disponibilidad de vacunas eficaces para la hepatitis B y de un tratamiento curativo para la hepatitis C, la eliminación de la hepatitis puede llegar a conseguirse. Para ello, considera que entre otras medidas, se necesita una mayor concienciación sobre la enfermedad y sus riesgos.

Vacunas

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud recuerda que hay cinco virus de esta enfermedad designados por las letras A, B, C, D y E. Todos causan enfermedad hepática, pero hay importantes diferencias entre ellos. 

Así, mientras que las hepatitis A y E suelen deberse a la ingesta de agua o alimentos contaminados, las B, C y D se producen, en general, por contacto con líquidos corporales infectados.

Sólo existen vacunas para protegerse de las hepatitis A y B. “El virus de la hepatitis B altera el funcionamiento del hígado y activa el sistema inmunitario, que produce una reacción específica para combatir el virus, con la consiguiente inflamación del hígado. Un pequeño porcentaje de personas infectadas no consigue eliminar el virus y la infección se vuelve crónica. Esas personas corren el riesgo de morir por cirrosis hepática y cáncer de hígado”, puntualiza la OMS.

Asimismo, explica que el virus de la hepatitis B se transmite por contacto con la sangre o los líquidos corporales de personas infectadas, es decir, del mismo modo que el VIH. Sin embargo, “el virus de la hepatitis B es entre 50 y 100 veces más infeccioso que el VIH”, indica. La OMS subraya que podemos protegernos contra la B vacunándonos. “La vacuna es muy segura y eficaz y, desde 1982 se han administrado más de mil millones de dosis en el mundo. Tiene una eficacia del 95% en lo que respecta a la prevención de esta enfermedad crónica y ofrece protección al menos durante 20 años”, expone.

Por tanto, recomienda que se administre la vacuna de la hepatitis B a todos los lactantes lo antes posible, preferentemente en las primeras 24 horas de vida. 

“Vacunando a los niños tan pronto se facilita que se realice al máximo número de personas (cobertura muy alta) y se inicia la protección desde pequeños. Además, no se ha detectado que se precisen dosis de recuerdo como consecuencia de la vacunación temprana”, apuntan los expertos del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría.

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