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Un reciente estudio sugiere que los hombres sucumben a las tentaciones sexuales más que las mujeres, como por ejemplo al engañar a su pareja, debido a que experimentan impulsos sexuales más fuertes y no porque tengan poca fuerza de voluntad. Sin embargo, hasta el momento esta experiencia había sido inexplorada.

Otra posibilidad es que las mujeres tienen más autocontrol que los hombres. Estos resultados proporcionan nuevas explicaciones sobre los orígenes evolutivos de los humanos, así lo publica The Huffington Post.

Cuando las personas trabajan sobre su autocontrol en una situación determinada, se reduce esta diferencia entre ambos sexos. Tiene sentido que el autocontrol tiene orígenes evolutivos y, en comparación con los impulsos sexuales, hay una similitud entre los hombres y las mujeres”, señaló Natasha Tidwell, estudiante de doctorado del Departamento de Psicología de la Universidad Texas A&M, quien trabajó junto con Paul Eastwick, profesor asistente del Departamento de Desarrollo Humano y Ciencias Familiares de la Universidad de Texas en Austin.

El estudio constó de dos experimentos: uno para determinar cómo los géneros reaccionan ante situaciones reales de tentación sexual y, el segundo, para medir los impulsos sexuales y el autocontrol. Para ello, los investigadores reclutaron 218 participantes estadounidenses (70 hombres y 148 mujeres).

A los voluntarios se les pidió que describieran qué tan atractivos eran ciertos miembros del sexo opuesto. Después contestaron encuestas para medir sus impulsos sexuales, su autocontrol y su comportamiento en situaciones sexuales.

Para medir la fuerza del impulso sexual en relación con el autocontrol, los investigadores reclutaron a 600 estudiantes para participar en un “Juego de selección de pareja” (326 hombres y 274 mujeres). Se les mostraron imágenes de personas del sexo opuesto y tenían que elegir si eran “buenas” o “malas” para ellos.

Después se les pidió que aceptaran o rechazaran parejas potenciales en un programa de computadora. En algunas pruebas, a los participantes se les pidió que aceptaran a individuos indeseables y que rechazaran a los que sí les gustaban.

Los hombres experimentaron un impulso mucho mayor que el de las mujeres para aceptar a las personas “deseables” en lugar de a las “no deseables” y este impulso explica por qué los hombres no tuvieron tan buen desempeño en las pruebas. No obstante, este mismo procedimiento estimó la habilidad de las personas para controlar sus respuestas y los hombres, nuevamente, tuvieron peores resultados que las mujeres.

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