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El sexo, al igual que el deporte, requiere un esfuerzo físico. Durante la fase de excitación, en la que aún no se ha realizado movimiento aeróbico, la frecuencia cardíaca oscila entre los 90 y los 100 latidos por minuto para, posteriormente, subir hasta los 130 durante el clímax y llegar a las 150 pulsaciones durante el orgasmo.

El sexo activa todo el sistema cardiorrespiratorio, como cuando competís en una carrera, siendo este el motivo por el que podés estar cansado al día siguiente y rendir menos en la pista.

 

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