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La intimidad es un juego de tres, donde participan el hombre, su pareja y un condón, un artículo considerado de extrema necesidad que tiene sus orígenes en los tiempos antes de Cristo y confeccionado con fundas de tela y tripas de animales con una de sus puntas atadas para retener el semen.

En aquellos tiempos era prohibido tanto por la iglesia como por el gobierno utilizar el preservativo para evitar embarazos, ya que interfería artificialmente contra la planificación familiar establecida, por lo que era usado estrictamente para prevenir enfermedades venéreas, llamadas así en honor a Venus, la diosa del amor, al igual que como método anticonceptivo.

Refiriéndose al origen de los términos, debemos saber también que el nombre condón proviene del doctor condón o Quondam, un médico de Carlos II de Inglaterra, quien hacía preservativos con los intestinos de animales para el rey, sin embargo, es más probable que la palabra esté derivada de condes, que en latín significa receptor.

De acuerdo a los estudiosos, estos preservativos estaban destinados a los hombres que frecuentaban las casas de prostitución, para prevenir sobre todo la sífilis. Se dice que antes de ser usados se sumergían en leche tibia para que se ablandaran. La idea era lavarlos y utilizarlos las veces que  fueran posibles.

No se sabe cómo es que estos ejemplares se conservan hasta la fecha, pero desde el 2000, el Museo Británico de Londres expone periódicamente los condones más antiguos del mundo, que fueron encontrados en excavaciones hechas en 1980 en el centro de Inglaterra. Es curioso que estos preservativos son tan finos como los que se fabrican actualmente de manera industrial con látex y que su longitud (34 milímetros) es mucho menor que los de ahora (52 milímetros).

En la cueva de Les Combarelles, Francia se hace referencia a una de las primeras pinturas del arte paleolítico que representan algún tipo de actividad coital, donde se asegura que el hombre lleva un condón.

Revolucionario

Fue hasta 1843 que se dejaron de usar las pieles de animales, cuando Charles Goodyear, que descubrió la vulcanización del caucho, cuyo nombre va dando vueltas en  las llantas que llevan como nombre su apellido quien inventó los condones de caucho, los que prometían mayor resistencia y mejor sensibilidad, aunque muchos lo consideraban de poca calidad y practicidad.

En 1919, Fredick Killian comenzó a producir condones de látex, los que conocemos ahora, que reemplazaron los de caucho. Su proceso de producción es simple: En un molde con forma de condón se sumerge una solución de látex con químicos aditivos.

Este proceso  no ha cambiado mucho, aunque ahora  ha pasado a ser más refinado y automatizado.

Este nuevo preservativo tenía varias ventajas, como ser más delgado y resistente. Desde entonces, sus innovaciones no han parado, pese a que su uso declinó a partir de los 60 a los 80, debido a la introducción y popularidad de las píldoras para el control de la natalidad. Aunque, con la expansión del Vih/Sida, a inicios de los 80 una vez más los condones pisaron el primer lugar, convirtiéndose en herramientas vitales para la prevención de infecciones.

Quince años después se estableció una normativa europea que regula la fabricación de los condones, denominada EN600, según la cual un preservativo debe tener las medidas: 170 -180 mm de longitud y 52 mm de diámetro, y debe pasar una prueba de 18 litros de agua sin romperse. Esto para un preservativo normal, pues además existen preservativos de tamaños especiales, aquellos que brillan en la oscuridad o sensitivos.

 

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