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El término nagging, que se podría traducir como una mezcla de regañar, fastidiar, insistir y gruñir, siempre con un matiz negativo, se ha utilizado ampliamente para adaptarlo a los problemas de comunicación en que un miembro de la relación pide, y el otro, hace caso omiso. “Lo anterior se puede ejemplificar como cuando ella ordena, él no coopera; ella se enfada y él le grita ofendido, volviéndose todo esto, una especie de círculo vicioso que se compone de discusiones, reconciliaciones y a los dos días después, es otra vez lo mismo”, según explica la bloguera y sexóloga Alexandra Rampolla.

Aunque el rol de los sexos puede invertirse, la experta afirma que lo más común en este reparto es que la mujer sea quien desempeñe el papel de la figura responsable y sensible ante cualquier problema, mientras que el hombre tiende a despreocuparse de las obligaciones diarias, lo cual se convierte en una situación que deriva en constantes reproches, siendo una de las probabilidades por las que  algunas parejas suelen terminar mal, y es que algunos apuntan que este problema tiene su raíz en la falta de comunicación. De hecho, en encuestas realizadas se ha determinado que 86% de los matrimonios infelices ha considerado que su pareja no entiende sus motivos de enfado.

Consecuencias

Por un lado, el efecto nagging hace que se debilite la confianza entre la pareja puesto que su comunicación se enturbia. En segundo lugar, el conflicto puede surgir en cualquier momento, ya que alude a actividades comunes de la vida cotidiana, como limpieza, organización o reparto de tareas. Y finalmente, crea un círculo vicioso de difícil salida en el que ambos miembros de la relación piensan que tienen razón. Y en parte así es, cuanto más se queja uno, más probable es que su pareja no le haga caso, lo que suele derivar en un enfado del primero y en la victimización del segundo. 

Otro problema que aflora en estos casos es la sensación que tiene el que es regañado, pues se crea el concepto de que todo lo hace mal, y de que su pareja se comporta como lo habría hecho su padre. Es decir, uno manda, el otro obedece. Culpar al otro y hacerle sentir tonto o inferior son actitudes que dañan la relación.

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