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Creo que no existe un solo hombre que salga de su casa sin haberse visto al menos una vez en el espejo, lo cual no está mal porque todos queremos vernos y sentirnos bien. Sin embargo, la mayoría cree que la imagen personal está compuesta solo de la apariencia física y, aunque estemos satisfechos con ella, probablemente no vamos a trasmitir el mensaje correcto que deseamos que los demás entiendan de nosotros.

En realidad, el aspecto físico tiene que ver con nuestra forma de hablar, de caminar, de reír, de mirar, de sentarnos y de muchas otras facetas que si no cuidamos, podríamos generar en los demás una situación de choque, porque tendrán que creer lo que ven en nosotros o lo que les decimos.

La imagen personal está en todo lo que hacemos en nuestro día a día, y su mal proyección puede hacer que perdamos buenas oportunidades como, por ejemplo, un nuevo empleo o una nueva pareja.

Te ha pasado que en algún momento sin conocer a una persona ya te ha caído mal, y no has tenido ningún problema con él o ella, ni mucho menos has entablado una conversación, simplemente no te da “buena espina”.

Esto sucede porque psicológicamente al ser humano le toma de 3 a 5 minutos crear el concepto de una persona solo con verla, después de ese tiempo la mente solo refuerza ese concepto, basado en lo que suceda con ella.

Pero luego de darte la oportunidad de conocerla te das cuenta de que en realidad no era lo que pensabas, y esto sucede porque esa persona no proyecta de la mejor manera su imagen personal, y por esa razón te pareció creída, odiosa, con malicia u otro vicio.

Si lo aplicas a tu vida diaria, significa que podrías perder el empleo de tus sueños por haber proyectado de una forma incorrecta tu imagen personal con tu futuro jefe, o con  tu futura pareja.

La importancia de la imagen personal se demuestra cada día, y mientras más activos socialmente seamos, más vamos a depender de ella.

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