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Las mujeres dominan los encabezados de las notas que dan cuenta de las celebridades que constantemente suben y bajan de peso, pero también existe una buena cantidad de hombres en los treinta y tantos que se la pasan subiendo y bajando entre dos y cuatro kilos, culpando a los trabajos estresantes por no dejarlos llegar al gimnasio o la clase de spinning. Agreguemos reuniones y cenas con tragos incluidos que comprensiblemente obligan a desviarse de los esfuerzos por alimentarse sanamente.

En un artículo que publica la revista GQ, especializada en temática masculina,  Wayne Scott Andersen, director médico de Take Shape for Life (asesoría para nuevos hábitos de vida), expresa que para muchos hombres bajar dos kilos es cosa de juego, una habilidad que se aprende para salir de vacaciones en la playa y entablar nuevas relaciones. Es fácil para ellos atiborrarse de comida rápida y después desaparecer el peso extra en la máquina de correr.

En el mismo artículo, la dietista Liza DeFazio  explica que si un hombre decide adoptar una dieta rigurosa y consume menos de 1,200 calorías al día, su cuerpo no tardará en entrar en modo de “peligro de inanición”, es decir te verás más delgado, pero tu metabolismo habrá hecho un alto para almacenar calorías en forma de grasa, en lugar de quemarlas como energía. Además, “los hombres que bajan más allá de unos cuantos kilos a la semana empiezan a perder músculo, en lugar de grasa”, dice el doctor Andersen a GQ.

De tal manera que cuando recuperas el peso, los lugares en los que solías tener masa muscular se rellenan de grasa (traducción: te verás más blando que nunca).

¡Peligro!

Hacer dietas extremas de manera frecuente incrementa la producción de una hormona que detona la sensación de hambre y reduce la producción de la hormona que te hace sentir satisfecho, lo que significa que tu cerebro se programa para comer de más, afirman los especialistas. Es por ello que es momento de conocer las nuevas reglas para estar delgado sin dietas extremas:

1Comer algo calórico dos veces por semana

Quienes hacen dietas extremas suelen tener una filosofía de todo o nada. Lo recomendable es que te permitás dos caprichos a la semana, digamos una pasta con abundante queso el viernes por la noche o una jugosa hamburguesa en el almuerzo de trabajo del martes. Tené cuidado de no hacerlo más de dos veces a la semana, porque caerías en el área de peligro.

2Replanteá tu idea de repetición

La monotonía es enemiga de la constancia. Si seguís una rutina de ejercicios sin cambios (por ejemplo, si solo te dedicás a ejercitarte en la caminadora) tu cuerpo quemará menos calorías, así que cambiá tu rutina cada tres o cuatro semanas (en cuanto a la secuencia, el peso y el ritmo).

3Blindá tu clóset contra la gordura

Las sudaderas demasiado holgadas no deben ser tu cobijita de seguridad cuando se trata de perder peso. Mejor colgá tu traje más ajustado en primer lugar, llevá al sastre la ropa demasiado amplia para que te la ajuste y tirá o doná todo lo que te quede demasiado grande.

4 Dejá de acumular calorías

Está bien optar por un almuerzo ligero si tenés en mente una cena plena de calorías y licor, pero no está bien evitar las calorías toda la semana y después consumir todo lo que querrás el fin de semana, así no funciona. Por ejemplo, si te matás de hambre toda una semana antes de tus vacaciones, tu metabolismo estará mucho más lento cuando estés disfrutando de tus snack y cocteles.

5Revisá tu frecuencia

Si no hacés ejercicio toda la semana y el sábado te entrenás en una sesión salvaje, lo que harás será elevar el riesgo de sufrir alguna lesión o te agotarás, y en consecuencia tu asistencia al gimnasio será mucho más errática. En lugar de sesiones heroicas de ejercicio cada sábado, tratá de ir al gimnasio cuatro veces a la semana durante una hora.

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