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Las pasarelas internacionales han decidido que este verano se impongan el blanco y los tonos pastel en el armario femenino, “una propuesta favorecedora y atractiva”, dice la estilista Pepa Fernández, quien aconseja mezclar estos tonos entre sí hasta crear estilismo con un halo romántico.

Año tras año, el blanco es el protagonista absoluto de la temporada. Las firmas recuperan este níveo color y, en la calle, se ve este tono tanto en prendas de mañana como de tarde o noche, en cientos de versiones.

Su luminosidad y frescura convierten al blanco en un tono femenino y delicado, un sello de distinción muy deseado para los días más soleados.

Este color es muy favorecedor. “Sienta bien tanto a las mujeres de piel blanca como a las de piel más oscura”, asegura Fernández, quien recuerda que fue Coco Chanel quien puso de moda este color para el verano, cuando cambió los elegantes tejidos negros por la delicadeza de los blancos.

MÁS PRESENTE QUE NUNCA

“El blanco está presente en todos los estilos, desde el más romántico hasta el “hippy” o urbano”, añade Pepa Fernández, directora del showroom “El armario de Pepa”.

Según la especialista, este color  resulta ideal para crear un estilismo romántico. “Se deben elegir faldas en encaje, cuerpos adornados con jaretas, botones y finas puntillas, blusones amplios y prendas con reminiscencias de la época victoriana”.

Si se prefiere prendas arropadas con un halo “hippy”, “es el momento de optar por vestidos de algodón blanco estilo ibicenco y realzarlos con cestos de mimbre y alpargatas de cuña”, agrega Fernández.

“El estilo urbano se crea con pantalones rectos, faldas de vuelo y vestidos de patrones sencillos y camisas de corte masculino”, recuerda la experta.

El blanco proyecta sobre la silueta femenina todo su poderío y, combinado con negro, se convierte en un clásico repleto de dinamismo y coherencia.

Este color alcanza su máxima elegancia sobre trajes masculinos y prendas minimalistas teñidas de sensualidad con sugerentes escotes y aberturas.

“La combinación del blanco y el negro es un clásico, nunca pasa de moda”, comentaba el diseñador Karl Lagerfeld, quien lo reinventa cada temporada y así rinde homenaje a Coco Chanel, diseñadora que abanderó esta combinación de colores, reservado hasta ese momento para los uniformes de las amas de casa.

Camisa y pantalón blanco son dos prendas que no pueden faltar en la maleta de verano. La blusa de ese tono es sinónimo de básico. Confeccionada en un tejido de calidad, con cuello o sin él,  y con un patrón entallado o suelto, con esta prenda se consigue un estilismo irresistible.

COLORES DULCES

El rosa y azul bebé, el amarillo vainilla, el malva o el naranja albaricoque son algunos de los tiernos tonos que acompañan al blanco esta temporada.

Colores rescatados de los afamados pastelitos franceses “macarons”, o de las atractivas tartas “cupcake” americanas. Dulces tonos vertebran las colecciones que incluyen prendas tan básicas como pantalones pitillo, “short”, blusas, minifaldas  y vestidos.

Románticos y delicados, esta paleta cromática es la protagonista absoluta de la temporada como se ha visto en las propuestas de Valentino, Versace o Roger Vivier.

Lejos de rozar la cursilería, estos colores se muestran tan dulces como luminosos y, siguiendo la estela de su luz, los gurús de la moda han dado su bendición para que la mujer se vista con colores suaves, optimistas y alegres.

Antes, esta paleta cromática resultaba  ñoña e infantil, a priori resultan tímidos, sin embargo esta temporada se presenta “atractiva, con carácter”, asegura la diseñadora Teresa Helbig, quien desvela que “el secreto de estos colores reside en mezclarlos entre sí. Combinados con tonos oscuros el resultado no suele ser bueno”.

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