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Marlene López es una mujer de carácter, de compromiso y de palabra. Los retos y desafíos constituyen un manjar ante su vista, y basta con conocer su historia para estar seguro de ello.

Originaria de Chinandega, siendo muy joven y prácticamente sola ante la vida, con dos hijos bajo su responsabilidad, empezó creando su propia rosticería, luego puso un restaurante en el que ella propia servía, pasó a tener un sitio más grande hasta llegar a fundar Ofimuebles. 

No sabe cocinar y tampoco le gusta, pero era próspera en sus negocios. Tampoco sabía de muebles y llegó a establecerse.

¿Cómo se define?
Soy una persona sagaz, solo le tengo miedo a los aviones y si me decís ‘tengo mil pesos’, yo te puedo aconsejar en qué invertirlos. Me considero una mujer aventada y perfeccionista, siempre me ubico como si fuera el cliente.

¿Siempre le han gustado los negocios?
Desde chavala. Estudié en la Inmaculada, de Diriamba, ahí era interna y como salíamos cada 15 días yo compraba cajas de chicles y bombones y les vendía a las demás. Es innato el negocio para mí. Nunca fui buena alumna. No me gustaba estar cinco horas en un pupitre.

¿Cómo se estableció en Managua?
Vine a estudiar secretariado ejecutivo y me salí. Vivía con una tía, pero luego me casé con alguien machista que pensaba que la mujer no debía trabajar. Luego me separé y ya sola, me asocié con una vecina y pusimos una cafetería. Así empecé a crear mi propio capital, vendiendo pollos rostizados en La Salvadorita. Cuando se acabó la sociedad, me fui con mi dinero y ya tenía dos hijos que mantener, así que puse un restaurante sola.

¿Cómo logró construir Ofimuebles?
Inicié  en 1989 sin conocer el “terreno”. En vista que los restaurantes demandaban mucho tiempo, decidí mirar hacia el rublo de muebles. No sabía nada de muebles y empecé importando sillas. En un lugar pequeño, puse la exhibición y vi que en esa época no había mucha gente en este negocio y vi la oportunidad de crecer. Empecé a crecer, pero solo con sillas. Después pasé a vender muebles metálicos que daba a hacer.

¿Qué obstáculos encontró en sus inicios?
Mirá, yo en las adversidades he aprendido a encontrar oportunidades. Cuando estaba empezando, decidí participar en una licitación y uno de mis proveedores no me facilitó la cotización porque él también entraría. A él le comprábamos muebles y me garantizó que me la daría. Le fue dando largas al asunto y faltando una semana, mi hijo me dijo que el señor nada de darnos los costos. Entonces le dije que se olvidara de que nos la iba a pasar. 

Él no entendió que era solo un requisito, entonces lo llamé y le dije que ya no la necesitaba. Pero eso me llenó de coraje y le dije a mis hijos que al día siguiente montaríamos una fábrica y que buscaran las máquinas para empezar.

¿Cuál fue el primer paso una vez tomada la decisión?
Lo primero que vino fue buscar información y comprar las maquinarias en México. Antes de eso traía muebles de Francia, Dinamarca, México y otros lugares. Me fui donde un señor que me había vendido muebles y que había fracasado, para que me empezara a guiar. Pero cuando lo mandé a traer, el conductor me llamó para decirme que le había dado un derrame. Me fui hasta la Carretera Sur a buscar a un trabajador que había estado con él y sin saber más que su apellido, lo busqué hasta encontrarlo.

¿Es una mujer de riesgo?
Claro que sí. En mi caso es ventaja que trabajemos muebles, aunque no estén encargados, así que corro el riesgo y con eso puedo satisfacer a un cliente que pueda llegar de repente. En los negocios es pecado decir ‘no tengo disponible’. Todo el mundo tiene miedo y quiere ir a lo seguro; yo no, yo me arriesgo. 

2 hijos tiene la señora López.

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